DestacadoEspecial José Luis Guerin

EN LA CIUDAD DE SYLVIA

¿Dónde están ahora los fantasmas?

En la ciudad de Sylvia Revista mutaciones

En la entrevista que corona este especial, el propio José Luis Guerín comienza hablando de la idea de “work in progress” como una de las esencias del cine de la modernidad, en la que se evidencian esas huellas perceptibles de la filmación y surge al mismo tiempo la pregunta de dónde, cómo y por qué debe empezar un rodaje. Dentro de la filmografía del cineasta, ese cine moderno como un cine esbozado parece elogiarse especialmente en En la ciudad de Sylvia (2007), en la que el protagonista boceta una y otra vez las figuras femeninas que observa intentando buscar a la mujer de sus recuerdos en Estrasburgo. Y es que esa noción de “work in progress” cobra un carácter especial en esta película, que debe leerse junto a los otros dos trabajos realizados por el cineasta que precedieron y sucedieron respectivamente a la película. Tanto Unas fotos en la ciudad de Sylvia (2007) como la instalación Las mujeres que no conocemos, comisariada por la Bienal de Arte de Venecia, sobrevuelan la idea del encuentro entre el paseante y la mujer fugitiva de formas muy distintas, desde el ejercicio personal de fotografiar una ciudad hasta esa aproximación abierta entre cine, fotografía e instalación, que se acerca al retrato femenino como esencia de esa búsqueda formal del recordar.

Por su parte, En la ciudad de Sylvia se ha leído en relación a ese cine europeo de principios de siglo, dominado por las ausencias que se materializan en la urbe (Carlos Losilla, 2010), que conlleva la pérdida del cineasta en la búsqueda de las reminiscencias. Y todo ocurre en esas ciudades que ya en 2007 no podían devolver un relato clásico, sino hacer que su protagonista (el cineasta, el dibujante) simplemente caminase detrás de la figura espectral que huye de espaldas, ese objeto de deseo materializado aquí en el rostro y el cuerpo de Pilar López de Ayala que se diluye poco a poco por las esquinas y los reflejos de los escaparates. El sujeto posmoderno que tiende a diluirse y a desaparecer se evidencia aquí con más fuerza que en ninguna otra película de Guerín. De nuevo aparece aquí otro rasgo de su filmografía, que es esa vinculación con la historia del cine, involuntaria en muchos casos pero esencial en términos de trabajo y aproximación al objeto filmado. Por supuesto aparece Vértigo (1959) como obsesión con el fantasma femenino y el cine de Hitchcock en general al meditar sobre la misma acción de mirar; pero también esa idea del vaciado, que es síntoma de películas contemporáneas como Gerry (Gus Van Sant, 2002), Goodbye, Dragon Inn (Tsai Ming-liang, 2001) o la misma escuela de Berlín, en la que los elementos y las referencias desaparecen y cualquier intento de construcción de relato se sustituye por una operación de filmación melancólica de unos fantasmas inaccesibles al ojo, que anhelan ser registrados desde la cámara.

En la ciudad de Sylvia Revista mutaciones 2

Pero, ¿cómo aproximarse a En la ciudad de Sylvia en la actualidad? La cuestión de lo fantasmal, inherente a ese grupo de películas mencionadas, ha formado parte del cine desde sus inicios. No obstante, en el siglo XXI la urbe ha sido el repositorio de esos espectros mientras su propia estructura era fagocitada por el capitalismo, la gentrificación y la globalización. Por tanto, ese flâneur parisino elogiado por Baudelaire como observador privilegiado en medio de la multitud, al que Guerin dedica esta película, no tiene cabida ya en la ciudad contemporánea. La figura que para Walter Benjamin llegó a su fin con la irrupción de la sociedad de consumo queda reducida en En la ciudad de Sylvia a un perseguidor de fantasmas que ya no puede observar detenidamente lo que hay a su alrededor sino lo que queda, en una dolorosa operación de memoria. Posteriormente, ese sujeto se convertiría en fantasma fugitivo, tal y como plantea Petzold en In transit (2018), condensando todas estas cuestiones en la imagen del observador en el Museo de las civilizaciones de Europa y del Mediterráneo, para finalmente acabar expulsado en la actualidad del centro de las ciudades occidentales sometidas a la hipervigilancia y la uniformidad estructural, estética y experiencial. El flâneur contemporáneo ha sido forzado a desplazarse a la periferia urbana para redefinir su condición y actividad (Aurora Alcaide-Ramírez y Julieta Varela-Manograsso, 2024), en el que una observación, de otro tipo, sí puede tener lugar. Ese nuevo flâneur quizás sea el propio Guerín en Vallbona rodando Historias del buen valle (2025) en la que, volviendo a sus declaraciones de la entrevista, se niega a filmar los fantasmas (eso que los vecinos le dicen que hubiera sido interesante filmar hace años en el barrio y que ya no está), para registrar su ahora, aún retenido en los rostros y los reflejos que estaban ya en la ciudad de Sylvia.


En la ciudad de Sylvia (Dans la ville de Sylvia, España, 2007)

Director: José Luis Guerín / Guion: José Luis Guerín / Directora de fotografía: Natasha Braier / Montaje: Nuria Esquerra/ Reparto: Xavier Laffite, Pilar López de Ayala, Tanja Czichy, Laurence Cordier / Producción: Eddie Saeta S.A, Château-Rouge Production

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