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ENTREVISTA A LILIANA TORRES (MAMÍFERA)


«Tan esclavos pueden ser los clichés o las exigencias que se ponen sobre una mujer que no es madre como sobre la que sí que lo es»

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En tu anterior película, ¿Qué hicimos mal? (2021), entrevistas a algunas de tus exparejas para entender qué es lo que provocó vuestra separación. En una de ellas se habla de la maternidad, dándose a entender que tu voluntad de no ser madre ha tenido un peso importante en esa ruptura en particular. Es un diálogo muy corto, pero este tema ocupa un lugar central en Mamífera (2024) ¿Cómo se pasó de ese breve intercambio de palabras a levantar toda una película alrededor de esa cuestión?

La experiencia por la que pasan los protagonistas de Mamífera, Lola (María Rodríguez Soto) y Bruno (Enric Auquer) es una por la que yo he pasado fue en esa relación que se ve en la última entrevista de ¿Qué hicimos mal?. Esa experiencia vital está volcada aquí, pero yo siempre he tenido bien claro que no quería ser madre, con lo que también están todos los años de mi vida en los que mi decisión se ha visto en contraste con la presión ambiental, las preguntas al respecto o las relaciones de intimidad, como en este caso: una relación con una persona con la que estás a gusto y quieres estar, pero que se topa con dos opciones absolutamente irreconciliables como son el que uno quiera ser padre y la otra no quiera ser madre, y que no llevan más que a un lugar. Entonces, no es tanto que la película surja de esta experiencia, sino más bien de esta sensación de que, no queriendo ser madre, he tenido que vivir mi decisión como algo antinatural, extraño, contrario a la biología, marginal. Y eso era lo que quería explicar.

Anteriores trabajos tuyos como Family Tour (2014) o ¿Qué hicimos mal? eran híbridos entre ficción y documental, pero Mamífera se construye como una ficción pura a pesar de ser, como decías, absolutamente personal ¿a qué se debe este cambio?

Desde el momento en el que escribí el guion tuve la sensación de que tenía que ser ficción. Yo nunca me he visto haciendo de Lola porque tenía claro que ella tenía que ser una mujer con la que pudieras empatizar fácilmente, que fuera fresca y divertida. Que pudiera transmitir mucha flexibilidad. Y aunque Lola tenga muchas cosas mías -soy vegana, tengo muchas y muy presentes preocupaciones climáticas y compartimos mi experiencia de no querer ser madre- sí que sentía que no era un personaje que tenía que hacer desde mi unicidad porque creía que había personas, en concreto María, que podían llevarlo mucho más lejos.

El guion de Mamífera se construyó a través de tu experiencia personal, pero se diría que también a partir de otras experiencias personales que debías observar a tu alrededor….

Sí, sí. Observaba y observo, todavía. Llegada cierta edad, la maternidad se vuelve una urgencia o una desesperación. Todos tenemos a nuestro alrededor personas que están pasando procesos dolorosísimos de fertilidad, etc. Yo quería retratar estas vivencias de la maternidad que estamos teniendo. Y que tan esclavos pueden ser los clichés o las exigencias que se ponen sobre una mujer que no es madre como sobre la que sí que lo es y que se enfrenta a estas figuras que pululan por Internet y que convierten la maternidad en algo 24/7, en el sentido en el que estas mujeres no hacen nada más, se dedican exclusivamente a eso, dan mucha demanda, son superfelices todo el rato, nunca se desesperan con sus hijos… Una serie de exigencias irreales en las que vivimos y que yo creo que hacen mucho daño. Primero, porque no responden a la realidad y segundo, porque tampoco corresponden a los códigos postales. Hay personas que jamás se van a poder permitir tres años de su vida dedicados a la maternidad, y ven eso y se sienten mal, se sienten culpables. Todo eso está a mi alrededor, no me es ajeno y aunque yo haya elegido no ser madre veo todas esas experiencias al otro lado.

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Este relato, digamos, más utópico, parece haberse convertido en una forma de realización personal para muchas personas, especialmente mujeres. Pero en algunos de los círculos donde la crianza está presente puede verse esa otra cara de la moneda que estabas comentando ¿por qué crees que no se conoce ese relato que desarrollas en Mamífera? Ciñéndonos al campo de lo cinematográfico no hay muchas películas que lo traten…

Bueno, es que la maternidad, a pesar de ser un hito biológico e histórico tan importante no le ha interesado a la cinematografía imperante, que era mayoritariamente masculina. Partiendo desde ese lugar ¿cómo iba a ser protagonista la maternidad? Y sin que haya una preocupación expresa por eso y sin que exista una vivencia de las personas que dirigen de la maternidad o de la no maternidad es difícil que estas cuestiones estén en el debate público. Cuando vives algo de forma colateral lo retratas según los cánones del sistema (la madre santa, sufridora, que no comete pecados y siempre está ahí, etc). Tengo la esperanza de que, a medida que las mujeres vamos ocupando puestos de dirección, este relato de la maternidad se va a empezar a desmontar, se va a mostrar una maternidad más real y más ambivalente. Y yo espero que mujeres como yo, que hemos deseado no ser madres nunca, también podamos empezar a normalizar esto y alejar esos clichés y esos estigmas de nosotras.

¿A qué crees que se debe esta concepción de la maternidad como un imperativo no tanto biológico como social o cultural?

Esa es una pregunta muy amplia… Hay muchas razones, pero te voy a dar dos, porqué sino sería eterno. La maternidad es algo que creo que, muchas veces, se ha utilizado como una forma de relegar, colocar y limitar a la mujer en el ámbito de lo doméstico, de manera que su peso en la esfera pública sea mucho más residual y mucho menos importante y decisivo. Se ha utilizado como una forma de control, en cierta manera. Y esto es algo que ha vuelto de una forma algo perversa en la actualidad con estas maternidades que yo denomino a demanda: maternidades en las que, de repente, maternar vuelve a ser la única cosa importante en la vida de una mujer.

Y en segundo lugar, porque la maternidad también es, finalmente, una aportación de mano de obra nacional. Desde que las sociedades están delimitadas en estados, pueblos y naciones, existe una identidad y un sistema. Ayer mismo, durante un coloquio, un señor levantó la mano y dijo que eso de la sobrepoblación (que el personaje de Lola comenta en Mamífera como un argumento para no ser madre) no era del todo real porqué en España la pirámide demográfica está invertida y harían falta dos hijos por mujer para poder pagar las pensiones en el futuro. A lo que yo le respondí que lo que se estaba poniendo sobre la mesa con esa afirmación era que las mujeres somos cómo un horno del que sacamos niños para pagar las pensiones de quién sea en el futuro. Que nos estaba pidiendo mano de obra, básicamente.

Todas estas cosas están en la maternidad y en el porqué es el camino imperante. Es un aspecto que, como digo, tiene muchas vertientes y que se ha utilizado mucho, dejándonos muy poco margen de decisión a las mujeres. Y poco a poco nos vamos dando cuenta de que hay muchas cosas ahí que no son nuestras.

Relacionado con esto que comentas, el de Lola es un personaje que permanece igual a pesar de las presiones que recibe por parte de los demás. Podríamos decir que su apuesta está en no cambiar su postura. Pero Bruno sí hace un cambio hacia algo que da la sensación de que ni él mismo sabía que sentía o podía llegar a sentir. Tengo la impresión de que es algo que se da en muchos hombres que pese a considerarse feministas se encuentran volviendo a parámetros que ellos mismos podrían considerar conservadores ¿crees que este cambio que se produce en Bruno es extrapolable a un contexto social más general?

Creo que el caso de Bruno es incluso más sencillo. Es a la mujer a la que le dan una palmadita en la espalda y le dicen “ahora tienes tres días para pensar qué es realmente lo que quieres”, pero en esos tres días el que se da cuenta de que realmente quiere ser padre es él. Y es algo natural que le ocurre. Algo que habían hablado y tenía en mente, pero que hasta que no está aquí no se da cuenta de lo que realmente significa. Imaginarlo hace florecer en él un deseo de paternidad. Y está bien, desde el momento en que asume que es secundario: que es ella la que ha de tomar la decisión y que le pregunta, que no intenta hacer una lucha de voluntades de eso. En ese sentido yo creo que es positivo ver referentes masculinos con esta responsabilidad afectiva. Eso es importante.

Si me lo preguntas desde una perspectiva social, más amplia, creo que vivimos en tiempos muy complejos. Creo que las Redes Sociales han abierto escenarios de cambio en muchas personas jóvenes hacia realidades conservadoras, derechistas, machistas, etc. Y nos ha pillado un poco en bragas, no habíamos hecho suficiente labor pedagógica, suficiente labor de memoria histórica, de derechos, de filosofía… como para que los y las jóvenes que viven hoy puedan vivir este momento con espíritu crítico. Creo que todo esto nos está pasando factura.

Tengo la sensación de que las interpretaciones femeninas de la película están en perfecta sintonía, transmitiendo un grado de complicidad que no sería el mismo bajo otro registro interpretativo. El Bruno de Enric Auquer desprende un cariño sin paliativos hacia Lola, pero a veces, por su interpretación, da la impresión de que esas muestras de amor, más que ayudar, invaden un espacio que probablemente Lola necesita en este momento de su vida ¿Fue una decisión emprendida desde la dirección de la película o se generó por parte de los intérpretes?

Trabajamos mucho a Bruno partiendo de la idea de que hay una base de amor obvia, con mucha compenetración. Su papel era el de estar ahí, apoyar y, cuando Lola comete el error de no querer confrontar la situación, tener un enfado muy oportuno. Pero con Enric siempre hablábamos que cuando estaban los dos en escena y era Lola la protagonista no hacía falta que reaccionara. No era necesario, no iba con él, pero él lo hacía igualmente. Y lo trabajó mucho desde ese lugar. Yo creo que él le deja espacio, pero cuando la voluntad de ser padre se despierta en él ella lo ve y le da un pavor tremendo confrontarlo, porque no quiere perderlo. Pero no creo que Lola dude más o menos cuando él le pregunta “¿podemos esperar un poco más?”. Creo que es legítimo que pueda preguntar esto, porque lo hace desde la pregunta no desde la demanda. Eso sería inconcebible para mí.

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