ENTREVISTA A ELOY ENCISO

“No se trataba de realizar una película histórica o historicista, sino de hacer ver que la historia no siempre funciona en ‘línea recta’, que existen resonancias y similitudes entre distintas épocas, incluído nuestro presente”


Tras ser galardonado en la Sección Oficial de los festivales de Locarno y Sevilla, Eloy Enciso presenta su tercer largometraje Longa Noite, un filme que aunque se aleja del enfoque documental y no tanto del naturalista, se sirve del pasado para explicar nuestro presente. Hablamos con su director para conocer los detalles del proyecto.

 

En Arraianos consigues articular un retrato sobre la realidad de uno de los núcleos más singulares de la Galicia rural, el de los habitantes de la frontera galaico-portuguesa. Con Longa Noite ocurre algo similar pero con el foco puesto sobre un espacio temporal determinado. ¿De dónde nace esta película?

Después de Arraianos quise continuar con algunas de las líneas que se habían trazado durante la película, como seguir trabajando en Galicia y con el idioma gallego, pero me interesaba sobre todo el hecho de realizar una exploración de la noche. En paralelo, el proyecto surge de un interés personal en torno a la crisis social, política y financiera que vivimos recientemente, lo que me llevó a preguntarme cuál podría ser el origen o las causas de aquella situación, y sobre todo, de cómo se estaba gestionando.

Al echar la vista atrás y documentarme sobre los años anteriores a la transición, sentí casi de forma intuitiva, que había un eco entre lo que contaban aquellos autores y los personajes que retrataban.

 

Por tanto, ¿se puede decir que existe una resonancia entre la situación política y el país fragmentado que se muestra en la película con lo que se vive actualmente en España?

Si, al final se trata un poco de eso ya que no se trataba de realizar una película histórica, sino de hacer ver que la historia no siempre funciona en “línea recta”, que existen resonancias y similitudes entre distintas épocas que nos ayudan a entender los acontecimientos recientes. Creo que puede verse en los personajes de la película, ya que muchas de las cosas que dicen en sus testimonios me remiten al momento actual.

 

Es en esa parte testimonial donde recae uno de los grandes pesos de la película… ¿Cómo ha sido el trabajo con actores no profesionales alejándote de la perspectiva documental?

Es algo que me gusta mucho, resulta muy sencillo a la vez que complicado, son actores que tienen algo de experiencia en la escena teatral, amateur en su mayoría, y básicamente planteamos ensayos con frecuencia para trabajar sobre los textos y que consiguieran interiorizar esos diálogos hasta llegar al punto hacerlos suyos y encarnarse en lugar de interpretarlos. Se trata de construir un naturalismo en el que ellos están representando pero que a la vez surge de ellos mismos. Hay algo más esencialista en esta parte, y a través de estos mecanismos de ficción y cierto antinaturalismo se pueden conseguir destellos de verdad que pueden resultar más sutiles pero poderosos, siguiendo la línea de Bresson, Pasolini, Straub o Pedro Costa actualmente.

 

Todos estos factores, en combinación con la cotidianeidad que viven sus personajes y su entorno, son los que desembocan en la exploración nocturna que comentabas antes. ¿Cómo resultó el proceso de trabajo?

Mi idea era plantear una película coral con una superposición de personajes y voces con caminos independientes. Al final, en su conjunto, construyen un retrato de aquella época, su espacio y su sociedad. Más adelante, el personaje de Anxo, recolector de todas las voces e historias que aparecen en la película tiene su desarrollo,  y en ese sentido ha resultado ser todo un aliado. Misha Bies Golas, ha estado comprometido con el proyecto desde el principio y eso facilitó mucho las cosas, también a la hora para profundizar en esa esa exploración de la noche.

Tuvimos un rodaje bastante duro. Gran parte de los exteriores fueron nocturnos, en plena naturaleza, en invierno, y en Galicia. Es como si fuéramos añadiendo capas de dificultad, resultando como decía, en un rodaje bastante duro en el que el compromiso ha sido total hasta conseguir el resultado que se ve en pantalla.

 

Y el resultado final, fotográficamente hablando, es fundamental en la película…

Sí, Mauro es una persona a la que conozco desde hace años y con la que he trabajado desde Pic-nic (2008), mi primer largometraje. Nos entendemos perfectamente e incluso somos capaces de trabajar en el set sin tener que cruzar palabras. Su forma de trabajar es muy detallista y preciso, pero al mismo tiempo no tiene miedo de explorar caminos por los que no había transitado antes, sino al contrario, le interesa salirse de su zona de confort; y eso es algo en lo que también coincidimos. En este caso le propuse que trabajar sobre la noche y la oscuridad, contando con equipos muy sensibles a la luz con los que rodar con iluminación natural como la de la luna, algo que suponía ciertos riesgos, pero sobre lo que no dudamos a la hora de experimentar. Es similar a lo que antes comentaba sobre los actores no profesionales.

 

Longa Noite es el primero de tus largometrajes en el que la parte del guion recae únicamente sobre tus manos. Al  inicio de la película aparecen citados autores como Max Aub, Luís Seoane o Alfonso Sastre, entre otros referentes. ¿Cómo desarrollas la escritura del guión hasta llegar a estos referentes?

Mi idea inicial era la de utilizar un solo texto tal y como había hecho en Arraianos, que se basa en O Bosque de Xenaro Mariñas del Valle. Para este caso y debido a número de puntos de vista que buscaba y de aspectos que quería tratar, me di cuenta rápidamente de que no podía partir de una sola obra. La memoria de aquellos años está muy fragmentada: una parte está en el exilio, en las memorias de quienes vivieron el franquismo desde dentro, correspondencias de archivos familiares, etc. Poder tener acceso a todo ese material fue complicado, pero una vez reunido, de forma intuitiva fui agrupando los distintos textos y personajes en distintos grupos, y de ahí es de donde viene la estructura de la película.

La primera parte se basa sobre todo en obras teatrales, y en la que se ven a personajes de la escena pública y con una descripción más directa de cómo se vivía en esa sociedad. La segunda parte es un relato confesional, basada en esos textos de memorias que leí. La tercera son las propias correspondencias para desarrollar la parte quizá más documental, no con el fin de buscar una representación verídica de los hechos sino más bien que funcionaran de una forma evocadora y sin ser literal, a situaciones difíciles de describir y sin caer en el historicismo impostado.

 

Sin embargo y en relación al título y aspectos de la propia cinta, se me hace difícil no pensar en Longa Noite de Pedra de Celso Emilio Ferreiro, una de las voces imprescindibles de la poesía de posguerra.

Si, se trata de una inspiración temática e indirecta con la que buscaba resumir un espacio histórico a través de un título, un espacio con una realidad sociopolítica concreta y que guarda una resonancia simbólica con el que retrata Celso Emilio Ferreiro en su poemario. Es esa idea de que todo se ha quedado congelado y todo se ha vuelto “de pedra”. Por tanto, tomé ese título no tanto en un sentido literal como en un sentido más simbólico hacia cualquier fascismo, ya que la película tiene una vocación universal, es decir que desde lo local se puede revertir esa idea de que la Larga Noche no solo ha sucedido o sucede aquí, sino alrededor del mundo.

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