Estrenos

PREDATOR: ASESINO DE ASESINOS

Sangre vieja, heridas nuevas

La criatura, el Predator, no caza al azar. Su violencia, aunque sea visceral, está coreografiada por unos esquemas de poder milenarios; es una alegoría de lo que se perpetúa dentro del marco, tanto fílmico como estructural. En Predator: Asesino de Asesinos (Dan Trachtenberg, Joss Wassung, 2025) la violencia no es un estallido aislado, sino un sedimento que se repite y muta con los sistemas de poder. Esta nueva entrega de la saga Predator se erige como una sinfonía de muertes donde lo que se persigue no es tanto a los personajes, sino a las formas de violentación que . Bajo la apariencia de una antología hiperviolenta, el film se revela como tres relatos antológicos atravesados por sistemas históricos de dominación —patriarcado, jerarquía imperial, trauma bélico— donde la figura del Predator actúa como catalizador. El Yautja es una criatura que no irrumpe en mundos idílicos, sino que, al contrario, llega a territorios donde ya impera el castigo y el sometimiento para, así, acentuar la línea (in)visible del poder.

Predator Asesino de asesino Revista mutaciones

La violencia se constituye como la base arquitectónica del mundo. En la primera historia, en la era de la Escandinavia medieval, una guerrera vikinga rompe sus cadenas y sobrevive a la esclavitud masculina, pero es solo al asesinar a su captor que la jungla del alienígena la reconoce como “digna”. Lo que ella enfrenta, al final, no es solo un captor, sino un sistema que la concibe como recompensa. El Predator observa y ataca, pero la verdadera cacería había empezado mucho antes.

En el segundo segmento, nos trasladamos a un Japón feudal que se cree regido por el honor, pero que se sostiene por la traición. Un joven ninja, tristemente engañado por su familia, por su parte, es una pieza más en la maquinaria del shogunato, y su enfrentamiento/danza coreografiada entre bambús, humo y muerte con el Yautja solo replica el ciclo de traición y sangre de su propio linaje. La paleta se enfría hacia los verdes empolvados y los negros líquidos, casi tintados, como si el relato entero fuese un grabado ukiyo-e en movimiento. La violencia, en este caso, es estética: el encuadre se vuelve un escenario, los planos se deslizan con un ritmo ritual y el espectador presencia un ballet de sombras donde el Predator es solo una pieza más.

Predator Asesino de asesino Revista mutaciones

La tercera narración, la más contemporánea, es, quizás, la más desoladora. Un piloto latino durante la Segunda Guerra Mundial se enfrenta no solo a un monstruo alienígena, sino también a la maquinaria racista estructural que le reduce a “carne descartable” de su propio ejército. Aquí, la cámara flota junto a los combates aéreos, como la conciencia del protagonista entre el deber impuesto y la muerte segura.

El film expone esta violencia no desde el exceso, sino desde la repetición formal. La composición visual favorece los encuadres cerrados, simétricos y centrados, donde el cuerpo queda atrapado entre los márgenes. En la segunda historia, por ejemplo, se abusa de los travellings laterales con barridos rápidos, para reforzar el ritual codificado de la muerte. La cámara no sigue al Predator, lo espera. Su aparición es el destino.

Predator Asesino de asesino Revista mutaciones

A su vez, la decisión de usar una paleta específica para cada historia también tiene un porqué. Asesino de Asesinos entiende que la violencia no solo se representa con sangre, sino que se codifica en el color, en la textura del mundo y en la forma en que los cuerpos habitan el espacio. El etalonaje actúa como una segunda narración, cada historia tiene su temperatura emocional, pero todas convergen en la intuición de que el horror verdadero es el que se hereda. La gama cromática varía según el arco: tierras sepias para el pasado nórdico, verdes húmedos y sombras densas en el Japón feudal, y un gris azulado en el cielo bélico del Pacífico. Sin embargo, todos tienen en común el hecho de configurar espacios donde lo humano se queda a contraluz, mientras el color es testigo de la muerte, pero no protagonista.

El clímax visual —los tres protagonistas en una arena alienígena futurista— no promete redención, sino reiteración. Es la trampa narrativa final para demostrar que el Predator no elige individuos, sino estructuras. Como en la vida, es el sistema quien caza. No hay consuelo, solo repetición. No hay justicia, solo excepción. El Predator, en última instancia, no es un asesino de humanos, sino una metáfora de lo que nos lleva destruyendo ya siglos. Con Asesino de Asesinos, la saga logra unir pasado y futuro en un solo mapa de violencia heredada. El film no busca explicar al monstruo, sino al mundo que lo invoca y es, en esa lectura, donde la animación se convierte en una herramienta política, además de artística: estiliza la barbarie sin suavizarla y permite leer la historia desde sus cicatrices.


Predator: Asesino de Asesinos (Predator: Killer of Killers, Dan Trachtenberg, Joss Wassung, EE.UU, 2025)

Dirección: Dan Trachtenberg, Joss Wassung / Guion: Micho Rutare / Producción: Davis Entertainment, Toberoff Entertainment, 20th Century Studios, The Third Floor, Twentieth Century Animation. Distribuidora: Hulu, Disney+ / Fotografía: Animación / Música: Benjamin Wallfisch / Interpretación: Lindsay LaVanchy, Louis Ozawa, Rick González, Michael Biehn, Lauren Holt

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.