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BAURYNA SALU

En busca de la luz

Bauryna Salu. Revista Mutaciones - 2

En medio de una gran llanura, unos niños trabajan en una salina. Al final de la jornada, con el sol poniéndose, el patrón reparte el dinero. Askhat Kuchinchirekov los filma a contraluz: no se les ve el rostro, sus identidades se difuminan; no son más que unos niños siendo explotados. La película narrará desde el punto de vista de uno de ellos, Yersultan, cómo vive condenado bajo una vieja tradición nómada que da el título al film: Bauryna Salu. Esta consiste en separar al primogénito de sus padres para entregarlo a sus abuelos para que lo críen y eduquen. En este caso, su abuela se encarga de él y viceversa.

A través de planos secuencias, Kuchinchirekov trata de sumergirnos en la cotidianidad de la aldea de la estepa de Kazajistán en la que viven. Vemos cómo ducha a su abuela, cómo guarda el dinero que gana, cómo arregla una pared,… todo ello rodado con cuidado, sin prisas. Y, en este detenimiento de la imagen, indudablemente sacude el hecho de atender a cómo un niño de 13 años es obligado a adoptar responsabilidades propias del mundo adulto. Estas secuencias contrastan con otras en las que se comporta como alguien propio de su edad. Así, en la aldea, solitaria y yerma, solo existen esos dos mundos: el de los ancianos y el de los niños. Los adultos están en la ciudad, a cientos de kilómetros, donde reside la esperanza de Yersultan: ahorrar para conocer a sus padres.

Bauryna Salu. Revista Mutaciones - 1

Hay un constante ir y venir de exteriores a interiores. Abrazando los pocos medios con los que está rodada la película, esta se sirve siempre de luz natural y, al entrar en los interiores, la cámara se sumerge en la oscuridad absoluta. La pantalla se funde a negro, pero siempre hay alguna ventana, por muy pequeña que sea, que deja entrar algo de luz. Al igual que en la interminable llanura en la que viven, la luz del sol siempre está presente en el horizonte: la lejanía donde se encuentra la ciudad, pero, sobre todo, sus padres. Y con esta luz a la que Yersultan siempre acude para asomarse a ver la vida del exterior, se crean unos retratos de mucha fuerza en los que la luz llena su rostro y no hay nada más que eso en la pantalla. Su mirada al exterior.

Las despedidas conforman su vida: sus padres, un amigo, su abuela…. Kuchinchirekov filma estas despedidas buscando con la cámara la mirada de Yersultan y abandonando la sutileza que había reinado en planos anteriores. En estas escenas de separación, la cámara se interpone entre Yersultan y aquel de quien se despide, mostrando una autonomía propia para acercarse a los rostros que parece mostrar una voluntad del director por no solo cuidar a su personaje, sino también consolarlo a través del dispositivo cinematográfico.

Toda esta parte en la aldea resulta tan emocionante que cuando llega a la ciudad la realización se pierde al insistir en la misma idea: que Yersultan está totalmente fuera de lugar, es un extranjero en el colegio y un extraño para su familia. Se mantiene, eso sí, un silencio constante a lo largo de toda la película; por mucho que mire a sus padres no los reconoce, no se ve en ellos. Aquella foto de sus progenitores que iluminaba por las noches con su linterna no era más que una proyección de sus deseos, de lo que creía que eran sus raíces. Mientras tanto, en la ciudad, otro bebé nace y la tradición lo entrega a unas manos arrugadas que emergen a contraluz. Así, entre luces y sombras, esa tradición sigue acechando con las raíces bajo un gesto antiguo, cargado tanto de pertenencia como de olvido.


Bauryna Salu (Kazajistán, 2023)

Dirección: Askhat Kuchinchirekov / Guion: Askhat Kuchinchirekov / Productora: Ashkat Film / Fotografía: Zhanrbek Yeleubek / Montaje: Begaly Shibikeev/ Música: Murat Makhan / Reparto: Yersultan Yermanov, Bigaisha Salkynova, Aidos Auesbayev, Dinara Shymyrbaeva

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