BUENA SUERTE, PÁSALO BIEN, NO MUERAS
Deja de mirar el móvil
Según los resultados aportados por diversas empresas de investigación de mercados y analítica digital, el 97 % de la población mundial mayor de 16 años dispone de un teléfono con acceso a internet. Estos usuarios pasan una media de 3 horas y 46 minutos al día conectados a la red a través de sus smartphones y, de ese tiempo, 2 horas y 21 minutos son dedicados a las redes sociales. Las pantallas móviles se han convertido así en un elemento central de la vida contemporánea y la influencia de las redes sociales sobre las tendencias de consumo resulta determinante. Pero su impacto no se limita al mercado, sino que también condicionan los comportamientos políticos, sociales y culturales, moldeando en gran medida la manera en que las personas perciben el mundo y se relacionan con él. En este contexto, cabe preguntarse qué ocurriría si esas redes dejaran de estar controladas por personas y pasaran a manos de una inteligencia artificial autónoma. O mejor dicho, dado que todo parece indicar que el mundo avanza inexorablemente hacia ese escenario, qué ocurrirá cuando eso suceda. Este es precisamente el punto de partida de Buena suerte, pásalo bien, no mueras (2026), la última película de Gore Verbinski, una obra que mezcla ciencia ficción, relato apocalíptico y sátira, mucha sátira, para reflexionar desde el humor, más que sobre el futuro, sobre el presente.

En el film de Verbinski, el mundo vive en un futuro indeterminado, un apocalipsis provocado por una inteligencia artificial autoconsciente que ha terminado haciéndose con el poder, mientras que la humanidad, cada vez más idiotizada por el control que sobre ella ejercen las redes sociales, ha asistido impasible a su ascenso. Desde ese futuro llega a nuestro presente un hombre, interpretado por Sam Rockwell, que debe reclutar a un grupo de “soldados” para cumplir la misión que le ha sido encomendada: evitar que esa inteligencia artificial suprema llegue a ser programada. La premisa remite sin disimulo a referentes como Terminator (James Cameron, 1984) o Matrix (hermanas Wachowski, 1999), pero Verbinski no se limita a copiarlos, sino que los toma como punto de partida para construir una sólida obra que dialoga con nuestro presente desde una doble vertiente: por un lado, desplaza el centro del conflicto hacia la actualidad, hacia nuestra relación presente con las redes sociales, en lugar de situarlo únicamente en el apocalipsis futuro; por otro, articula ese planteamiento mediante un lenguaje visual deliberadamente próximo al régimen icónico contemporáneo, saturado, apresurado y fragmentario, propio de los estímulos visuales con los que somos bombardeados a diario.
En esta película, la inteligencia artificial que domina el futuro no aparece como una amenaza surgida de la nada, sino como la consecuencia lógica de una sociedad que ya ha renunciado en gran medida a pensar por sí misma y vive entregada a la hiperconexión, la velocidad y la distracción permanente. En medio de toda esa velocidad, Verbinski propone una película frenética. Recurriendo a sucesiones de planos muy cortos y a un montaje acelerado, traduce al lenguaje visual el ritmo del mundo contemporáneo. En muchos tramos del filme la historia avanza con la misma velocidad caótica con la que hoy circulan las imágenes, los mensajes y los estímulos digitales. Ese frenesí solo se ralentiza, en un notable alarde de coherencia, en algunos fragmentos en los que el film se acerca a los personajes más vulnerables, como sucede cuando se centra en la historia un personaje que se ha visto obligado a mantenerse al margen de la tecnología durante toda su vida. Es entonces cuando la película baja de revoluciones, alarga los planos y encuentra un espacio más reflexivo. Todo ese caos aparente de cambios de ritmo, en el que la trama principal se mezcla con abruptos flashbacks explicativos de algunos personajes, encuentra su centro de gravedad en el personaje interpretado por Sam Rockwell. Su enviado desde el futuro con estética de homeless steampunk, que tiene mucho del sargento Reese de Terminator, pero también del Gandalf que actúa como guía mesiánico y del Bill Murray hastiado y atrapado en el día de la marmota, sirve de punto de referencia al que volver después de cada salto en el guion y sostiene buena parte del tono cómico la película.

Buena suerte, pásalo bien, no mueras funciona así como un collage de tópicos cinematográficos: hay ecos de la ciencia ficción clásica, de las películas de viajes en el tiempo, del cine de zombis (que en el imaginario de Verbinski son adolescentes incapaces de levantar la vista del móvil) y de las misiones imposibles. Pero el modo imperfecto en que utiliza todos esos elementos y el motivo para recurrir a ellos, que no es otro que construir, en el fondo, una ácida sátira social, convierte la película en una obra mucho menos tópica de lo que podría parecer. La película de Verbinski no es solo un muy divertido relato de ciencia ficción apocalíptica, sino también, y sobre todo, una reflexión amarga sobre el presente. El director sugiere que el verdadero peligro no reside únicamente en la inteligencia artificial, sino en la facilidad con la que la humanidad puede entregarse a ella. La película plantea que el apocalipsis tecnológico no llegará necesariamente por una imposición violenta, sino por la pasividad, por la renuncia progresiva al pensamiento crítico y por la dependencia absoluta de unas redes sociales que organizan la atención, el deseo y la percepción colectiva. Así, bajo su apariencia de espectáculo frenético, lanza una advertencia clara: si las redes sociales ya condicionan lo que consumimos, pensamos y sentimos, el paso hacia un mundo gobernado por una inteligencia artificial autónoma quizá no suponga una ruptura, sino la culminación de un proceso que ya ha comenzado. Porque, al fin y al cabo, ¿qué dispositivo estás utilizando para leer esta crítica? ¿Cómo has llegado hasta ella?
Buena suerte, pásalo bien, no mueras (Good Luck, Have Fun, Don’t Die , 2026)
Dirección: Gore Verbinski / Guión: Matthew Robinson / Fotografía: Jim Whitaker / Montaje: Craig Wood / Producción: Robert Kulzer, Erwin Stoff, Gore Verbinski / Música: Geoff Zanelli / Reparto: Sam Rockwell, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Asim Chaudhry, Tom Taylor, Juno Temple / Duración: 135 min
