LOVECUT

Juventud sin ruta

Rebeldía y frustración son dos sustantivos que brotan imparables durante la adolescencia, hayas nacido en la Costa Oeste de Estados Unidos, en la estepa mongola o al sur de España. En Viena conviven los seis jóvenes que protagonizan Lovecut, la ópera prima de la mexicana Iliana Estañol y la austriaca Johanna Lietha, seis mozos tan desorientados como encantados de perderse. La película muestra la relación existente entre tres parejas heterosexuales y los problemas propios de su lozanía, relatos independientes que se atraviesan levemente entre ellos. Por un lado se halla la romántica historia entre una díscola niña de papá y un ladronzuelo en libertad condicional que habita un piso en solitario. Por otro lado, las dificultades económicas que atraviesan dos novios, de idéntica insensatez y desplante ante el mundo, que se introducen en una espiral sin fin realizando porno amateur y colgándolo posteriormente en la red. Por último, el romance online entre una joven nacida en Rusia y un chico parapléjico que esconde su parálisis por temor a ser rechazado.

Esta coming of age de historias cruzadas no es original ni en su tratamiento hacia los personajes ni en su perezosa estética. Aquí la novedad reside exclusivamente en mostrar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías como amplificadores de los desvaríos de la pubertad. De esta forma, Tinder, Skype o los smartphones cobran especial relevancia en las relaciones sociales de los protagonistas, cuyos sentimientos de soledad e incomprensión de lo que les rodea, sin embargo, no se evaporan ni con Internet ni con el sexo.

Lovecutse ha estrenado en España en la décima edición del Atlántida Film Fest que organiza la plataforma digital FILMIN, un festival en el que la juventud contemporánea y sus vicisitudes han sido desde sus inicios un eje temático clave en las películas programadas, enmarcadas en su mayoría dentro de la sección Generación, como es el caso de la obra que nos ocupa. Obras que reflejan el vacío de dicha generación europea multicultural e interconectada al que se refiere el título de la sección, que se ahoga ante una vida hiperacelerada donde la inmediatez reina, que confunde realidad física con realidad virtual y que se ve abocada a trabajos precarios en una sociedad cada vez más competitiva y carente de hojas de ruta vigorosas.

Entre mentiras, orgasmos y saltos al vacío se desarrollan las vidas de estas seis criaturas que nos retrotraen a los adolescentes que pululan por las filmografías de cineastas como Larry  Clark, Abdellatif Kechiche o Andrea Arnold. En Lovecut, sin embargo, el sexo explícito y las drogas no abultan en pantalla, prefiriendo las directoras exponer la constante tendencia suicida de sus personajes en su cotidianeidad, siempre al borde del precipicio, alimentándose del vértigo, con escaso interés en las consecuencias de sus actos. En todo momento se apuesta por un tono cercano a la no ficción que recuerda a títulos como Europe, She Loves (Jan Gassmann, 2016) y Scheme Birds (Ellen Fiske y Ellinor Hallin, 2018), gracias también a la frescura y autenticidad que poseen los actores no profesionales que conforman el reparto, escogidos la mayoría en castings de calle y cuyas vidas guardan ciertas similitudes con la de sus roles en la cinta, la de unos jóvenes avanzando sin brújula hacia un borroso e incierto futuro.

 


Lovecut (Austria, Suiza, 2020)

Dirección: Iliana Estañol, Johanna Lietha / Guion: Iliana Estañol, Johanna Lietha / Producción: Everything is Film / Fotografía: Georg Geutebrueck, Steven Heyse / Música: Michael Sauter / Reparto: Kerem Abdelhamed, Raphaela Gasper, Valentin Gruber, Melissa Irowa, Alexander Jagsch, Hans-Peter Krenn, Max Kuess, Doris Schretzmayer.

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