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BLACK DOG

La resistencia poética del silbido

En Black Dog (Guan Hu, 2024), ambientada en los márgenes de una China a punto de exhibirse al mundo en los Juegos Olímpicos de 2008, el silencio es discurso en una sociedad adormecida, nadie cuestiona la omnipresencia de la propaganda que emana del megáfono estatal y vertebra sus vidas -secuencia a secuencia- hacia la demolición física y moral. Frente a la habituación emerge el silbido como un gesto mínimo, pero profundamente humano de Lang (Eddie Peng), un exconvicto y antigua estrella de rock que regresa a su ciudad natal, sumido en un mutismo verbal contestatario, para descubrir que, en aras del “progreso”, esta ha devenido en resto fantasmal: ruinas, polvo y perros callejeros perseguidos por el Estado para asegurar una imagen limpia y domesticada de la nación.

Chixia, la población del áspero y grandioso desierto de Gobi traspasada sin tregua por trenes y camiones -seña de su herida y transitoriedad- se desdobla en planos generales estáticos y panorámicas breves que barren espacios: como quien deja pasar sin remedio o sin poder creerlo, adelante o hacia atrás (derecha e izquierda), las páginas del presente que va a ser borrado (por grúas y excavadoras) o rebusca entre los futuros escombros ecos de un pasado vivido o amputado (lo respiramos en los numerosos planos del teatro en el que Lang fue admirado hace una década), al tiempo que nos permite sentir el vértigo de la pérdida y el aislamiento en el desasir de los zoom-out.

Black Dog Revista Mutaciones

El realizador, en sintonía con la VI generación de cineastas chinos, nos revela las crisis de identidad social y del individuo como secuelas del período de transición, acorde a la China que se desvanece en A la deriva (2024) o Naturaleza muerta (2006) del maestro Jia Zhangke, quien, además, se une al filme para aportar su trabajo actoral en el papel de un líder corrupto. Apoyándose en el paisaje, Guan Hu describe la fragmentación e inestabilidad, cartografía emocional de las gentes de su país, como hiciera también la corriente fílmica japonesa del Fukeiron, creada por Masao Adachi en los sesenta, construyendo lo que podría ser una novela gráfica distópica cuya imagen se adhiere a la textura de tierra, plomo y luz lechosa de un western futurista, rodado, quizás por ello, en formato panorámico.

En este universo diseñado para producir obediencia y olvido, ver con los oídos se convierte en herramienta tangible tanto para los personajes como para el espectador (a los sonidos, paradójicamente, no se los llevará el viento como al hormigón), pero las palabras se han convertido en patrimonio del poder, por ello, silbar -llamar al otro, crear un puente sin vocablos- adquiere un valor casi revolucionario. El silbido brota como un acto comunicativo auténtico en medio del vacío y la solitud de Lang. Reclusión que comparte -gracias al guion y la puesta en escena- con un personaje de otra ficción, Pink: espejo al que el director enfrenta a Lang en diferentes momentos de dolor o contento dentro de la crisálida de su habitación, en la que cuelga el poster del protagonista de la icónica <<Hey you>>, de The Wall (Pink Floyd, 1979).

 “Ey, tú, allí afuera en el frío, quedándote solo, haciéndote viejo: ¿puedes sentirme?” Este grito desesperado por conectar emocionalmente con otro ser, como única posibilidad de supervivencia, es la canción que Lang balbucea con sus silbidos según va superando las dificultades que le separan de su otra imagen especular: el perro negro (Xin) con el que Lang encuentra una conexión vital que le determina. En su mirada y su escucha, ambos se devuelven una forma de humanidad o esencia animal, que parecía extinta: se ven, se comprenden y ayudan. El silbido no solo articula la relación interespecies, sino que se asemeja a una forma de resistencia poética frente a la sobrecarga discursiva de lo institucional.

Black Dog Revista Mutaciones
Black Dog Revista Mutaciones

Lang y el can son cuerpos vulnerables, marcados por el control biopolítico de un Estado que decide quién puede habitar, quién debe desaparecer (la megafonía es explícita en su apoyo o repudia). Ambos han sido desechados por una sociedad que castiga la diferencia, la insumisión o simplemente la inadecuación. Los perros, como Lang, son residuos del pasado que hay que eliminar o reeducar para que el relato triunfe (los dos son fotografiados, fichados con el DNI, para entrar en el circuito de lo admitido por el gobierno). Xin no es mascota, es sombra, espejo y posibilidad, y la cámara presencia su relación (salvaje, tierna, cómica y dramática) casi siempre lateral y contemplativa, los acompaña sin invadir su espacio emocional. Esa decisión estética -no intervenir, no explicar- ayuda al espectador a reflexionar y refuerza la idea de que estamos asistiendo, entre ladridos y silbidos, a un estado del alma: una deriva emocional compartida entre dos seres heridos.

Tras la llegada del eclipse -otra metáfora de la aniquilación- el silbido sigue avanzando en la oscuridad: “Ey, tú, no les dejes enterrar la luz” le silba Lang, ahora, a un componente de su antigua banda de música. “Ey, tú, no te rindas sin luchar” le responde silbando su otro amigo. Lang, a diferencia de Pink, ha roto el muro de la incomunicación al transcender las barreras con su igual perruno, abriéndose un camino a la esperanza. Guan Hu construye una película -ganadora del mayor premio en la sección Un certain regard del Festival de Cannes del año pasado- donde lo importante sucede en las grietas: la grieta entre el humano y el perro, entre el silencio y el mensaje, entre el presente impuesto y el deseo de recuperar una historia personal. Lang no redime al perro ni el perro lo salva a él: simplemente se reconocen. Y en ese acto de reconocimiento mutuo, marginal y sin testigos, se vislumbra algo de lo que quizás aún puede ser salvado.


Black Dog (Gou zhen, China, 2024)

Dirección Guan Hu / Guion Guan Hu, Ge Rui, Wu Bing / Fotografía Gao Weizhe / Decorado Huo Tingxiao / Supervisión Musical Yu Fei / Música Original Breton Vivian / Montaje Matthieu Laclau, He Yongyi / Productores Zhu Wenjiu / Co-Productores Justine O., Wang Donghui / Producción Liang Jing

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