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LAS GUERRERAS K-POP

Cicatrices que brillan

A finales de los 2.000 la tendencia de la animación cambió con la sustancial mejora que las tecnologías digitales trajeron consigo. Las películas de los grandes estudios comenzaron a adoptar un hiperrealismo que culminó con las películas de Robert Zemeckis: Polar Express (2004), Beowulf (2007) y Cuento de navidad (2009). Usando la captura de movimiento para digitalizar por completo a los actores, este gesto derivó en un debate ontológico sobre el cine de animación comercial.

En el lado contrario, Las guerreras k-pop (Chris Appelhans, Maggie Kang, 2025) se apoya sobre los hombros del éxito de Spider-Man: Un nuevo universo (Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman, 2018), donde las brillantes mentes de Phil Lord y Christopher Miller se dieron de la mano con una enorme libertad creativa en el departamento de animación de Sony Pictures Animation. Dando en la tecla para contrariar a la animación digital predominante de los live-action, este segundo filme proponía una estética que, lejos de ser una subordinada de la realidad, se adentraba en las formas propias del medio y la historia que aborda.

Las guerreras k-pop Revista Mutaciones

Por ello, si Spider-Man es en su esencia un cómic, la película adopta las formas de las viñetas. Si ‘Spider-Man Noir’ ocurre en un contexto de género criminal, cuando aparece en pantalla el personaje al que da voz Nicolas Cage las formas se adhieren al blanco y negro y la iluminación clásica del cine negro. Si la historia ocurre en Brooklyn, la música, los graffiti y la propia estructura de los edificios, terrazas y escaleras del barrio de Nueva York se plasman con esa variedad. Por lo tanto, la animación se construye como un paradigma de la cultura, historia y género que se aborda, pudiendo tomar provecho de la diversidad como una puerta hacia un infinito número de posibilidades visuales.

La nueva película del estudio, que con Los Mitchell contra las máquinas (Michael Rianda, Jeff Rowe, 2021) confirmaba esta tendencia, sigue la lógica de este tipo de animación que sirve para explorar, en este caso, el mundo de las estrellas k-pop surcoreanas que en esta última década han usado el inglés para acercarse al público occidental. Más allá de las controversias morales de este tipo de grupos, muy similares a la explotación y abusos de jóvenes bandas europeas y norteamericanas, que la película pasa por alto como era de esperar, la cinta de Appelhans y Kang romantiza este mundo de las estrellas pop a partir de unas superheroínas capaces luchar contra demonios y conectar al mundo mediante sus canciones para sellarlo de la amenaza del inframundo. Esta romantización deviene tanto del borrado de la explotación y abusos a los que están sometidos los artistas del k-pop -la ausencia de una agencia de estrellas en la película ya es un gesto notable-, como por el personaje del mánager y una animación que con colores pastel suaviza el mundo del pop de la forma más agradable posible, sin pasar por lo industrial.

Con una lógica muy legible desde un inicio, se establecen dinámicas que a su vez son reflejadas por una animación que, si bien en su conjunto sigue una lógica de espectacularidad, muchos colores y un retrato muy floral de Seúl -donde se habla inglés, por supuesto-, es en los matices donde encuentra la riqueza suficiente para sobresalir del relato. En este sentido, tiene un punto muy Ghibli a la hora de abordar la comida y el fetichismo por como esta luce en pantalla, especialmente en las primeras instancias de la película.

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La lucha de bandas es también una de colores y cómo estos tratan de conquistar el plano fundiendo ambos mundos en una pelea que, más allá de la acción narrativa, traslada la beligerancia a lo estético. Los azules y dorados del grupo protagonista se enfrentan a los rojos y negros del mundo de los demonios que con tanta ansia desean resquebrajar la capa que los separa para apoderarse de las almas humanas. De ahí que la animación adquiera la textura no solo del lugar que narra, sino también de quién va ganando la batalla en la historia.

Las marcas en el cuerpo de la protagonista, una mitad demonio mitad humana que esconde el secreto a sus amigas y, por ende, al mundo entero, es algo que deriva estéticamente en un retrato del cuerpo extremadamente inteligente, siendo capaz de mostrar las limitaciones que derivan de la vergüenza, la culpa y el miedo a lo diferente mediante los outfits, convertidos en muros tras los que esconderse. En contraposición, se presenta una aceptación que, y ahí la belleza del filme, cuando abre su cuerpo y convierte los defectos en una muestra más de la diversidad del mundo, dicha aceptación consigue transpirar el cuerpo e impregnar el resto del plano mediante una animación que desborda, en un gesto que -aunque desgraciadamente falso en nuestra sociedad- abraza la diversidad de cuerpos, mentes y luchas personales. De ahí que en la secuencia final se abran los farolillos azules en el corazón de los fans y el azul, ese que ilumina las espadas de las guerreras, acabe tomando y destruyendo la oscuridad de los demonios internos, con la armadura del trío protagonista adoptando el blanco para encontrar la pureza de la diversidad y aceptación.

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Con tantos personajes y situaciones se echa en falta un lugar donde las imágenes descansen sin perder su esencia, para poder trabajar sobre los temas que se exponen y no van más allá: ahí queda colgando una historia de amor demasiado prototípica, algunos temas sobre el duelo y el trauma de los secundarios tan solo mencionados, especialmente un inframundo plagado de demonios que se explora de forma casi nula y que poseía ideas interesantes sobre el control que alguien puede ejercer sobre la culpa del otro. Que hayan tantos temas sin abordar acaba incluso afectando al relato principal, ya que lo encorseta en muchas situaciones que no aportan lo suficiente como para profundizar en el relato, priorizando el ritmo y la espectacularidad por encima del desarrollo dramático.

Más allá de los elementos secundarios poco tratados, la película nos deja una conjunción entre musical y acción tremendamente espectacular que hace uso de un presupuesto de estudio grande para alcanzar las posibilidades y el nivel de detalle que se espera de una producción de este tipo, además de conseguir mediante la estética trazar un precioso relato sobre la aceptación y cómo la valentía de enseñar lo que somos al mundo puede tener un efecto mucho más afectuoso de lo que muchas veces creemos. La animación, gracias a este tipo de películas, sigue siendo una poderosa herramienta para expresar más de lo que la realidad puede y no un copia y pega digitalizado de la misma.


Las guerreras k-pop (K-pop Demon Hunters, Chris Appelhans & Maggie Kank, 2025)

Dirección: Chris Appelhans & Maggie Kank / Guion: Danya Jimenez, Hannah McMechan, Maggie Kang, Chris Appelhans / Producción: Sony Pictures Animation, Sony Pictures, Columbia Pictures / Fotografía: Gary H. Lee / Música: Marcelo Zarvos / Interpretación: Arden Cho, Ahn Hyo-seop, May Hong, Kim Yoon-jin, Daniel Dae Kim, Ken Jeong.

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