UN POETA
El coste de un arte rentable
Arrugado, vapuleado, reducido o envejecido: adjetivos que podrían describir maliciosamente la apariencia de este abandonado poeta llamado Óscar Restrepo (Ubeimar Ríos). Sin embargo, con ellos también pretendo aproximarme -con la misma intención- a la fotografía en 16 milímetros de Un Poeta (Simón Mesa Soto, 2025). Esta elección visual, lejos de quedarse en una anécdota estética, significa permanentemente la imagen. Frente al alisado aspecto digital, el formato analógico impone su textura granulada, sus imperfecciones físicas intencionadas, un aspect ratio más comprimido que desafía la medida estándar y en definitiva, el look anticuado general. Arrugado, vapuleado, reducido y envejecido: adjetivos de apariencia peyorativa que podrían enunciarse desde la repulsión y sin embargo acogen una expresión bella, viva, apasionada y melancólica. ¿Puede entonces Óscar producir lo mismo con su poesía? Tanto él como los 16 milímetros denotan el peligro de su extinción no por su aspecto sino por el coste de su elección. Representan pues, dos órganos desatendidos no desde un defecto sino desde el menosprecio artístico y según el lamarckismo, desaparecerían llegado su desuso. Y es que, en un sistema configurado bajo la lógica de la rentabilidad, la apuesta por ellos es la menos preferible. ¿Acaso el arte se ha devaluado tanto?

Este abatimiento ronda a Óscar en un mundo donde su poesía ya no vende. Simón Mesa Soto detalla los billetes de cinco mil y diez mil pesos colombianos (1,18 y 2,35€ respectivamente) que el protagonista mendiga a su madre e hija frente a los fajos que exhibe un exitoso poeta llamado Efrain (Guillermo Cardona). Siguiendo esta lectura, el grado de efusividad con que el público recibe las respectivas presentaciones de sus obras contrapone en ambas escenas sus capacidades para generar audiencia: una de las traducciones favoritas del dinero. Pero, ¿qué tiene el popular poeta que no tenga Óscar? ¿Qué es lo que le confiere, precisamente, el adjetivo de “popular”? No sabemos cómo Efrain escribe o lee sus poemas ya que el montaje lo excluye de su necesidad, y pesar de ello la narrativa le sonríe. ¿Qué tiene para que el moderador de la presentación disponga el micrófono en su mano mientras opone resistencia a la de Óscar? El formato visual propone una respuesta. Diferenciándose de los 16 milímetros, aplica el digital a una única secuencia que representa la emisión de un anuncio televisivo, es decir, una estrategia comercial. Así, el cambio a dicho formato simboliza el abandono artístico en favor de la rentabilidad. Y es que la poesía de Óscar equivaldría a los 16 milímetros mientras el uso del digital (concebido para facilitar su venta) se asociaría a la de Efrain: una obra que intuimos oportunista y artísticamente pobre, aunque el mundo de hoy parezca dispuesto a consumirla.
Entonces… ¿la solución reside en vender más? Como ya hiciera Radu Jude en el final de No esperes demasiado del fin del mundo (2023), el cineasta colombiano plantea la rentabilidad de una imagen bajo el marco de explotar a una familia para un vídeo corporativo. Así, el beneficio del mismo se mide proporcionalmente al número de participantes en el encuadre. Como si de una protesta metacinematográfica se tratara, Óscar impide que esa escena culmine saboteando el plano, es decir, situándose frente a la lente que imitaba la visión del dispositivo de grabación. Acto seguido, secuestra este dispositivo móvil y mientras los dos representantes de la empresa se abalanzan sobre él, Simón Mesa Soto ejecuta un zoom-in a su resistente rostro. Este acercamiento reverbera en los que también ejecuta a lo largo del film sobre el retrato colgado en el cuarto de Óscar: el de su ídolo, José Asunción Silva. El poeta decimonónico, a quien Óscar guarda en tan alta estima, apenas fue reconocido antes de su suicidio. El citado recurso (zoom-in) iguala no el parentesco de sus caras sino lo que ellos representan: un arte ignorado pero, ante todo, insobornable.

La poesía de Óscar y el formato de 16 milímetros profesan una resistencia frente a la devaluación de sus contrarios. El aspecto de ambos podría definirse como arcaico, pasado de moda; elementos sustituibles para miradas estancas en la apariencia, por lo que resulta atractivo al público y, por ende, rentable. Pero, reformulando la mención dos párrafos arriba: la búsqueda de reconocimiento evidencia el abandono artístico. ¿Acaso busca el arte ser valorado? En la concepción de la pregunta ya se encuentra la irremediable respuesta. El uso de los 16 milímetros puede pasar desapercibido a lo largo de la película. Óscar, protagonista absoluto de Un Poeta, recibe y despide el metraje de espaldas a la cámara. Lo verdaderamente valioso no busca reconocimiento; cuestión aparte supone nuestra responsabilidad de dárselo.
Un poeta (Simón Mesa Soto, 2025)
Dirección: Simón Mesa Soto / Guión: Simón Mesa Soto / Fotografía: Juan Sarmiento G. / Montaje: Ricardo Saraiva / Música: Matti Bye, Trío Ramberget / Reparto: Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade, Guillermo Cardona, Margarita Soto.
