DestacadoEspecial José Luis Guerin

RECUERDOS DE UNA MAÑANA

Réquiem por un mundo

En un instante de Recuerdos de una mañana, una pareja residente en el centro de Barcelona es preguntada sobre Manel, el vecino que una mañana de enero saltó desde su balcón y llevó a José Luis Guerín a emprender la filmación de la pieza en 2008, tres años antes del encargo del Festival Internacional de Cine de Jeonju que propició el montaje final. Con su hijo en brazos, la joven italiana reconoce: “Sé exactamente cuántos vecinos viven, lo que hacen, cuándo se levantan, cuándo se van a dormir… pero no sé su nombre si los veo por la calle. No nos decimos nada, pero todos sabemos todo de todo el mundo”. Le sigue el testimonio de su acompañante, que incide en la necesidad de espacios comunes como parques o plazas. Unas palabras que riman con dos planos que dejan constancia del deterioro de las zonas para la vida en comunidad: un patio interior de dimensiones reducidas donde otra madre juega con sus hijos y un patio trasero ocupado casi en su totalidad por la terraza de un bar. De esta manera, Guerin extrapola la muerte de Manel a la de toda una forma de vida, cuya realidad amenazante solo se explicita en estos tres momentos, pero nunca deja de hacerse latente. Recuerdos de una mañana trabaja en esa dualidad: se niega a quitar la vista de aquello que está amenazado y, al mismo tiempo, reconoce la inevitabilidad de su disipación.

Recuerdos de una mañana Revista Mutaciones

La mayor oposición al individualismo se encuentra en la invocación del fallecido mediante un ejercicio de memoria colectiva sustentado en lo conversacional. En un principio, Guerin construye el retrato de Manel a través de las herramientas propias del documental observacional –cámara en mano, los entrevistados hablando a cámara–, dando palabra a los amigos y conocidos del hombre. Aunque parte de las entrevistas se realizan en lugares que propician el encuentro con el otro –véase la cafetería y la peluquería–, la filmación también se recrea en espacios que remiten de forma directa a la muerte, principalmente por la presencia reiterada de la fuente junto a la que Manel falleció y la disposición en el plano de los bustos parlantes en las secuencias de interiores, en balcones o junto a las ventanas –recordemos que Manel se quitó la vida saltando al vacío–. Es así como lo público y lo íntimo se unen –los testimonios se recogen en las propias casas de quienes los proporcionan– y, sumado a que la mayoría de declaraciones coinciden en la soledad como causa principal del suicidio de Manel, se erige como otro ejemplo de la forma en la que los excesos del sistema capitalista condicionan cualquier ámbito de la vida privada de las personas. Es este ambiente, siempre pendiente de dejar constancia de la progresiva desaparición del individuo y su entorno, lo que propicia la introducción de un aura fantasmagórica –también trágica– que predomina en gran parte de las imágenes de Recuerdos de un mañana y que emana principalmente del sonido de los violines, instrumento que interpretaba e identifica a Manel. Porque ese halo es tanto el de la ausencia de una persona con nombre y apellidos como el llanto susurrado por un mundo entero que se desvanece, pero al que se abraza y no se abandona.


Recuerdos de una mañana (José Luis Guerin, España, 2011)

Director: José Luis Guerin / Guion: José Luis Guerin / Director de fotografía: José Luis Guerin / Montaje: José Luis Guerin y Pablo Gil Rituerto / Producción: Núria Esquerra

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.