NOMAD SHADOW
Un río distante

¿Cómo acercarse desde una mirada honesta a la imagen cuando se abordan cuestiones como la deportación de personas desde Occidente hacia África? Un asunto profundamente vigente, tanto en nuestro presente como en las cinematografías de numerosos cineastas africanos que hoy ocupan un lugar central en el circuito de festivales. No es casual que directores como Mahamat-Saleh Haroun hayan encontrado, una y otra vez, en lo fantástico una vía para aproximarse a estas heridas. Ya ocurría en Soumsoum, la nuit des astres (2026), donde la dimensión onírica se manifestaba como una posibilidad para acercarse a esa realidad de penetrar en la realidad. Ese precedente no es baladí para acercarse a Nomad Shadow (2026), de Eimi Imanishi debido a que la cineasta desplaza el relato de la deportación hacia un territorio más abstracto para comprender a Mariam (Nadhira Mohamed). Lo hace a través de un motivo visual que reaparece intermitentemente: una pequeña barca perdida en mitad del mar en la que la protagonista intenta pescar un pez. La película nunca termina de aclarar si esa imagen pertenece al mundo real o al pensamiento de Mariam, y es precisamente en esa incertidumbre donde encuentra su mayor fuerza. Ese espacio suspendido en el que la cámara irrumpe acercándose con primeros planos al agua mientras Mariam pesca o alejándose en planos generales al estar sola en medio del mar termina infiltrándose en el propio relato hasta que su último plano convierte la metáfora de esa repetición de secuencias en una posibilidad narrativa. Es ahí donde encuentra su forma más honesta. El agua deja de ser un símbolo para convertirse en un estado emocional: un lugar desde el que pensar el desarraigo, la soledad y la imposibilidad de regresar. Sin embargo, esa delicadeza acaba resquebrajándose cuando la puesta en escena pierde coherencia. Sucede, por ejemplo, en la secuencia en la que Mariam llama por videollamada a una amiga para pedirle ayuda económica y poder volver a España. La escena comienza construyendo una relación entre la materialidad del móvil y la distancia física entre ambas, pero pronto introduce un punto de vista imposible: la cámara adopta la mirada del propio teléfono y encuadra a Mariam desde un pronunciado picado. Más que acercarnos a su experiencia, la imagen fabrica una posición que no pertenece ni al dispositivo ni al personaje. Es un gesto que termina sintiéndose fraudulento, porque rompe el pacto de honestidad que la película había construido hasta entonces. La distancia deja de ser una condición dramática para convertirse en una decisión formal arbitraria, repitiéndose a lo largo del diálogo hasta vaciar de fuerza crítica aquello que la película pretendía observar.
Y, sin embargo, siempre queda esa barca suspendida en mitad del mar. Quizá Mariam vuelva a ella para encontrarse a sí misma. O quizá sea la propia película la que todavía necesite regresar allí para recuperar la honestidad de su mirada.
Nomad Shadow (Estados Unidos, España, Francia, 2025)
Dirección: Eimi Imanishi / Guion: Eimi Imanishi / Dirección de Fotografía: Frida Marzouk / Montaje: Noelia R. Deza / Producción: Peculiar Films, Un Capricho de Producciones, Dialectic, Virginie Films, Incognito Films / Dirección de arte: Azza Mustafa / Música: Clara Aguilar / Reparto: Nadhira Mohamed, Suleiman Filali, Omar Salem, Eddami Elabed, Chekh Mehdi, Khadija Najem Allal, Ghizlane L’Koucha.
