LOS DOMINGOS
En cuerpo y alma
En el arranque de Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa, 2025), Ainara (Blanca Soroa) observa a las monjas de clausura del convento desde una distancia prudente, con timidez. Su rostro siempre está despejado, iluminado con una luz suave que homogeneiza su piel y con el pelo recogido en intrincadas trenzas que le permiten mirar de manera pura, sin obstáculos. Sin embargo, su mirada se dirige a ellas, que se agolpan unas encima de otras en el cuadro y son encerradas por barrotes difuminados que emborronan el primer término. Es la primera vez que aparece la reja del coro de monjas. A lo largo del film, este elemento diegético aparece de manera reiterativa, puntos y aparte en la narración que funcionan como una prolongación de la mirada de Ruiz de Azúa, revelando el peso de las decisiones de los personajes. Ainara es un elemento opaco, del que apenas tenemos información ni conocemos su personalidad. Su aparente vacío es contenedor del peso de los cuidados domésticos, de la carga mental de las estructuras familiares que se heredan entre generaciones de mujeres. Cuando regresa a su casa, esa claridad y cercanía con la cámara desaparecen. Ainara se convierte en un elemento más de los planos conjuntos, se integra con la casa. Todo el peso del espacio sobre sus hombros en un plano general en el que el aire se eleva por encima de su cabeza. Si en Cinco lobitos (2022) se evidenciaba la carga generacional de los cuidados sobre las mujeres y en Querer (2024) su vulnerabilidad frente a las estructuras judiciales patriarcales, Los domingos situa a una Ainara huérfana que ha tenido que asumir la crianza de sus hermanas ante la incapacidad de su propio padre, y cómo esto la hace vulnerable a la manipulación de otras estructuras hermanadas, que practican la herencia vertical a través de los vínculos entre mujeres.

Ainara, mujer que siempre mira y nunca habla; siempre estoica, firme, hasta las dudas que le aparecen no salen nunca de las cuencas de sus ojos. Su contención se convierte en contrapeso de la balanza en la que está su tía Maite (Patricia López Arnaiz), que sujeta toda la carga emocional del film con un cuerpo en ebullición constante, usando el espacio físico como un terreno conquistado por el que poder moverse. Mientras su vida se cae a pedazos, el desmoronamiento pasa por todas sus extremidades, manteniendo al personaje en una constante contradicción con ojos llenos de lágrimas que no pueden caer por su rostro. La resiliencia contra la vulnerabilidad. Ser un sostén familiar contra dejarse cuidar. Los domingos se edifica sobre un constante tira y afloja entre la familia, creando códigos en constante disputa. La música urbana de Quevedo o Bad Bunny (“Ella no era así, ella no era así, no sé quién la dañó”) se introduce en los espacios sacros, de la misma manera que la discoteca de adolescentes se convierte en un lugar divino, donde suena música religiosa y la presencia de Dios se filtra por un haz de luz que atraviesa el local. Ainara flota por los espacios dejándose llevar por los demás, en cámara lenta en la discoteca con sus amigos o con los ojos vendados, encuadrada desde atrás.

Confiando en la fuerza de las interpretaciones, la planificación se queda rezagada en la puesta en escena, con composiciones que caen en la funcionalidad y la invisibilidad, en dispositivos plano-contraplano que van perdiendo significado conforme avanza la narración. Las cenas familiares se filman en planos conjuntos que pretenden captar el mayor número de reacciones posibles, tener a todos los personajes siempre recogidos para poder crear escenas fluidas. Resuenan con eco en la película ciertos momentos en los que la forma se vuelve significante. La madre superiora (Nagore Aramburu) mantiene una conversación íntima con Ainara, rompiendo el esquema clásico de narración con un salto de eje, que evidencia la manipulación a la que se ve sometida la joven. Estos pequeños resquicios en los que la planificación y el montaje adquieren un significado más allá de la mera descripción son como cratículas a través de las cuales Ruiz de Azúa deja pasar su ojo crítico y revela su intencionalidad respecto a sus propias imágenes. Son los momentos de carga antes de disparar ante el cuerpo y la sangre de sus personajes, a los que les concede la libertad de elección, con todas sus consecuencias.
Los Domingos (Alauda Ruiz de Azúa, 2025)
Dirección: Alauda Ruiz de Azúa / Guion: Alauda Ruiz de Azúa / Producción: Buena Pinta Media / Fotografía: Bet Rourich / Reparto: Blanca Soroa, Patricia López Arnáiz, Nagore Aranburu, Miguel Garcés

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