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LA CIUDAD DE LOS GUERREROS

Forjando sombras de hormigón

Un letrero de neón parpadea sobre fachadas de cemento marchito, iluminando los vestigios de una ciudad que se niega a sucumbir al olvido. La ciudad de los guerreros (2024) de Soi Cheang resucita la Ciudad Amurallada de Kowloon como símbolo de resistencia, autonomía y supervivencia. Más que una simple reconstrucción nostálgica de este enclave desaparecido, la película lo convierte en un campo de batalla donde se dirimen las tensiones entre comunidad e individualismo, entre identidad y desaparición, entre memoria e imposición. Basada en la novela City of Darkness (1999) de Yuyi, la película se sitúa conscientemente en el linaje del cine de artes marciales para esbozar una cartografía de la resistencia hongkonesa en un contexto de crecientes presiones transnacionales.

La ciudad de los guerreros

La película nos transporta a 1984, cuando la Ciudad Amurallada de Kowloon, anomalía arquitectónica y paradoja sociopolítica, era un laberinto de oscuros pasadizos y edificios apilados en un caos aparentemente ingobernable. Originalmente una fortaleza de la dinastía Qing, este enclave quedó en un limbo jurídico tras la ocupación británica de Hong Kong, evolucionando en un asentamiento autosuficiente donde más de 35.000 personas habitaban apenas 2,7 hectáreas, construyendo una red de economías informales, viviendas improvisadas e industrias clandestinas. Lejos del caos absoluto, la Ciudad Amurallada fue un refugio para inmigrantes y desplazados, un espacio de resistencia cimentado en la cooperación mutua. En este territorio fuera de toda regulación formal, Chan Lok-kwun (Raymond Lam), un joven sin rumbo, se ve obligado a navegar las violentas dinámicas de un mundo donde las reglas son ambiguas y la confianza se negocia con sangre. Lo que comienza como un ejercicio de mera supervivencia pronto deviene en una iniciación a un código de lealtad que desafía la implacable lógica de poder imperante.

Soi Cheang retrata Kowloon como un microcosmos de Hong Kong, donde la existencia se negocia en cada esquina, alejándose de visiones distópicas para mostrarla como un organismo caótico pero funcional. Su cine explora los márgenes de la sociedad hongkonesa en películas como Dog Bite Dog (2006) o Limbo (2021), pero aquí incorpora un trasfondo histórico y sociopolítico más explícito, haciendo de la Ciudad Amurallada un reflejo del Hong Kong colonizado. La ciudad de los guerreros convierte Kowloon en una metáfora de la identidad hongkonesa, atrapada entre tensiones políticas y sociales. En una industria cada vez más influida por el mercado chino, la película se inscribe en una tradición de resistencia cultural, reafirmando su autonomía artística frente a narrativas más controladas. La fotografía de Cheng Siu-keung refuerza esta tensión con su manejo de sombras, pasajes estrechos y neones titilantes, evocando una ciudad en constante lucha por definir su lugar.

La ciudad de los guerreros

En este sentido, es clave la intertextualidad que establece con el cine hongkonés de acción de los 70 y 80. Si cineastas como Chang Cheh y Lau Kar-leung emplearon el género como vehículo para explorar discursos sobre la identidad nacional, el honor y la masculinidad, Cheang recontextualiza estas coordenadas en un marco realista definido por tensiones sociopolíticas. La violencia deja de ser un acto heroico para transformarse en la inevitable manifestación de un orden profundamente desigual. El tratamiento de la violencia es clave en esta representación. Inspirado en el determinismo materialista de títulos como No juegues con fuego (Tsui Hark, 1980) o la trilogía En llamas de Ringo Lam, Cheang rechaza la estilización vacía de la acción para anclar cada combate en la crudeza de las fuerzas estructurales que oprimen a los personajes.

La coreografía de Kenji Tanigaki refuerza esta visión, integrando los combates en la materialidad arquitectónica. Cada enfrentamiento utiliza la limitación espacial del entorno urbano: pasillos estrechos, escaleras improvisadas y balcones inestables transforman cada secuencia en una experiencia visceral e inmediata. Aquí, la acción no solo ocurre en el espacio, sino que emerge de él, reflejando la precariedad física y social de sus personajes. Dentro de este planteamiento, la presencia de Sammo Hung cobra un valor simbólico y estilístico particular. Figura fundamental en la evolución del cine de acción hongkonés, su participación en la película funciona como un puente entre generaciones que conecta la tradición del cine de artes marciales con la brutalidad más contemporánea de Cheang.

La ciudad de los guerreros

Por otro lado, la representación de la masculinidad juega un papel crucial en esta relectura, articulándose a través del personaje de Chan Lok-kwun. La película contrapone dos modelos opuestos: uno basado en la solidaridad y el compromiso comunitario, y otro definido por la imposición y la violencia. Esta tensión dialoga con la obra de John Woo y se vuelve una constante en el cine hongkonés post-1997, donde las dinámicas de lealtad y traición adquieren una dimensión sociopolítica más marcada. En películas como Un Mañana Mejor (1986), la nostalgia por la hermandad y el honor tradicionales se enfrenta a la fragmentación identitaria y la precariedad impuesta por la materialidad del presente, generando un conflicto que resuena tanto en lo individual como en lo colectivo.

Visualmente, La ciudad de los guerreros bebe de la estética del manga y la animación japonesa. Esta influencia se traduce en encuadres extremos, planos dinámicos y una puesta en escena que enfatiza la expresividad visual por encima del realismo convencional. La banda sonora de Kenji Kawai refuerza esta conexión, remitiéndonos a sus colaboraciones con Mamoru Oshii en adaptaciones como Ghost in the Shell (1995) o Patlabor (1989). Sin embargo, lejos de ser una simple apropiación, la película  adapta estos elementos a la expresión propia del cine de acción de Hong Kong, logrando un diálogo intermedial donde convergen la estilización visual y la fisicalidad más inmediata.

La ciudad de los guerreros

La habilidad de la cinta para integrar estas influencias cobra especial relevancia frente a las crecientes presiones comerciales que enfrenta el cine hongkonés en relación con el mercado chino continental. La ciudad de los guerreros refleja esta tensión al mantenerse arraigada en la historia local sin renunciar a una resonancia global. Aunque la estructura narrativa puede resultar predecible, su fuerza expresiva compensa esta debilidad, demostrando que la obra de Cheang no es mera nostalgia, sino una reflexión crítica y consciente sobre las tensiones históricas y los desafíos actuales del cine en Hong Kong.

Reflejado en su paso por festivales internacionales como Cannes y Sitges, La ciudad de los guerreros se erige como una obra muy significativa dentro de la cinematografía de Hong Kong. No se limita a recrear un pasado desaparecido, sino que en su tejido de violencia, memoria y comunidad se encuentra un espacio de reivindicación. Una grieta luminosa que deja entrever la vitalidad de un cine que, pese a todo, aún resiste y aún combate.


La ciudad de los guerreros ( 九龍城寨之圍城 , Hong Kong, 2024)

Director: Soi Cheang / Guion: Au Kin-Yee, Chan Tai-Lee, Li Jun, Kwan-Sin Shum / Fotografía: Cheng Siu-Keung / Montaje: Ka-Fai Cheung / Sonido: Chun Hin Yiu / Producción: Soi Cheang, Kinnie Cheung, John Chong, Peter Lam, Wilson Yip Reparto: Louis Koo, Sammo Kam-Bo Hung, Richie Jen, Raymond Lam, Chun-Him Lau, Philip Ng, Tony Tsz-Tung Wu, German Cheung

 

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