OASIS: DON’T LOOK BACK IN ANGER
La reconciliación puede ser un buen negocio, un masterplan
Hace poco más de un año que Oasis, la popular banda noventera de los hermanos Gallagher, decidió reunirse para realizar una gira alrededor del mundo. El anuncio desató la euforia de cientos de miles de fans que los siguieron desde sus inicios y que ahora superan los cuarenta años, también la de sus descendientes, que mamaron esa música sin haberla podido escuchar en vivo y, por supuesto, la de la gente que se unió a la tendencia y quería una entrada para estar allí, subir el suceso a las redes y… bueno, cosas de un marketing sostenido además por el morbo de la pelea “irreconciliable” que llevó a Noel y Liam a ir por caminos distintos.
Todo lo anterior devino en un documental que tuvo que producirse con ciertas prisas para ser estrenado en cines solo unos días antes de anunciar el nuevo tour mundial de la banda de Manchester. Un “Masterplan” de ventas en toda regla. Para la realización se recurrió también a dos tándems: los directores Will Lovelace y Dylan Southern —especialistas en rockumentaries, como No Distance Left to Run (2010) o Meet Me In The Bathroom (2022)— y dos cinefotógrafos ganadores del Oscar, Lol Crawley —The Brutalist (2025)— y James Laxton —Moonlight (2016)—. Ellos se encargan de dar forma a Oasis: Don’t Look Back In Anger (2026), una cinta que, más allá de todas sus perversas intenciones monetarias, versa sobre los efectos positivos de la música a través de la reconciliación.

La película inicia con una rápida sucesión de imágenes de los antiguos Oasis, su popularidad y repentina caída, tras las riñas provocadas por los egos de estos jóvenes que, muy pronto, se sintieron Beatles. Algunas escenas después, un sobrio y profesional Noel ensaya con una banda sin Liam, el “niño malo” del cuento, que eventualmente aparece y se prepara como el resto para iniciar el viaje. No hay mucho misterio detrás. La primera vez que la cámara muestra a ambos en el mismo plano es ya en su primer concierto, en Cardiff. Están separados en el encuadre, pero una cadena de brazos de fans agitándose los une. Ellos, los fans, han pedido esta unión y han pagado entradas carísimas para escuchar en directo las canciones con las que crecieron. “Lamentamos que no hayan entradas a bajo precio, perdón por ello”, se le oye decir al vocalista antes de dar paso a una de las canciones.
Pero la cinta pretende ceder el protagonismo de los Gallagher a pequeñas historias personales alrededor del mundo que han sido marcadas por esa música. El documental nos permite conocer gente de distintos continentes para quienes esas canciones han significado una reconciliación con el mundo. Una chica japonesa confiesa que las composiciones de Oasis son capaces de tirarte al suelo y también de levantarte, otra, submarinista, hace un poético símil entre escuchar esas melodías y sumergirse en el mar y salir a respirar; una idea que se ve ampliada a través del diseño sonoro, capaz de pasar abruptamente del estruendo al silencio o a la melodía instrumental.
Los testimonios buscan explicar la cercanía de los Oasis con la clase trabajadora y su declarado rechazo a políticos como Trump, Putin o Milei, a pesar de la evidente relación de la película con el patrocinio de marcas como Adidas, Fred Perry o el consorcio propietario del club del que son hinchas, el Manchester City.

Oasis: Don’t Look Back In Anger (no mires atrás sin ira) va de olvidar el pasado y de perdonar. Por ello se resalta en un montaje en paralelo a un cura británico que, en la iglesia, pone de ejemplo a los (Caín y Abel) Gallagher remarcando la importancia de la disculpa para encontrar la paz. Hacia el final vemos a estos hermanos reírse y convivir como familia, compartiendo el plano de una entrevista, aunque separados visualmente por la barandilla de una escalera curva que anticipa, como si se tratase de un tablero de “Serpientes y escaleras”, que en esto de las relaciones se puede, de un momento a otro, descender a los infiernos.
Uno de los momentos más memorables del documental es la reunión del equipo de seguridad, antes del primer concierto. En ella, el guardia trata de explicar a sus colegas la importancia de salvaguardar la tranquilidad de los asistentes y lo hace con un discurso espléndido, hecho con frases de canciones de la banda. El otro momento se da en la escena en la que un irlandés, exhausto de tanto saltar y cantar, respira agotado como queriendo llorar. Abre la boca, cierra los ojos y, de pronto, se encuentra totalmente solo. Pocas veces se puede ver de una forma tan gráfica qué es lo que pasa cuando la música se termina.
Oasis: Don’t Look Back in Anger (Reino Unido, 2026)
Dirección: Dylan Soutnern y Will Lovelace / Guion: Steven Knight / Producción: Sam Bridgey y Guy Heeley / Fotografía: Lol Crawley, James Laxton, Haris Zambarloukos / Montaje: George Cragg y Martina Zamolo / Música: Oasis / Reparto: Noel Gallagher, Liam Gallagher, Paul Arthurs, Andy Bell.
