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UN ALTRE HOME

El deseo al otro lado de la ventana

Un altre home. Revista Mutaciones - 2

Un Altre Home (David Moragas, 2026) se construye sobre un terreno emocional incómodo: el espacio intermedio entre querer a alguien y desear otra vida, entre las necesidades de individuo y la manera de proyectar un futuro junto al otro, entre la estabilidad construida y la imaginación de lo que podría ser distinto. David Moragas narra, de forma capitular y en tono de comedia suave, cómo el noviazgo “perfecto” entre Marc (Lluís Marquès) y Eudald (Quim Àvila) se tambalea cuando llega un nuevo vecino al edificio de enfrente y salen a la luz la divergencia en los deseos de cómo visualizan su futuro individual y, por ende, cómo lo visualizan junto (o no) al otro.

A partir de esta premisa, el director catalán, explora el proceso invisible por el cual una relación se va desplazando, casi sin que sus protagonistas sepan en qué momento empezaron a vivir vidas que ya no coincidían del todo con lo que deseaban. De esta manera, la narrativa teje hilos tensos entre las relaciones de todos sus personajes: la de Marc y Eudald a partir de la llegada del vecino, la de Marc y su hermana Marta (una fantástica Bruna Cusí) a través del duelo por la muerte de su madre y sus diferentes formas de vivirlo, o también la de Marta y Pere (Joan Solé Martí), que sostienen un matrimonio sin futuro porque tienen una realidad establecida con su hijo Pau (Luka Martín). A partir de las tensiones de las relaciones cruzadas, Moragas indaga en las dificultades de vincularse cuando lo que se desea no coincide con la vida que se tiene.

Un altre home. Revista Mutaciones - 5

La película retrata el peso simbólico que tienen los deseos ocultos en unos vínculos agrietados -justamente- por mantener esos deseos guardados. Los silencios duraderos en las conversaciones entre Marc y Eudald, el ruido constante de las hojas y el viento golpeando la ventana del comedor del piso en el que conviven, los tenedores recolocados si no acompañan la rectitud de la servilleta sobre la que están dispuestos, los cafés de Marc que tardan en hervir y que, al apagar la hornalla, queman: todos ellos son formas que Moragas encuentra para traducir al lenguaje cinematográfico la violencia con la que pechan los deseos ocultos para dejarse ver.

Además, el retrato de esta pareja desencontrada se construye también desde la manera de filmar el espacio escénico como si fuese un personaje más. De esta manera, dejándose dilucidar entre reencuadres dados por las paredes o los marcos de las puertas, la materialización de ésta construcción espacial se da principalmente en el piso del barrio de Sant Antoni en el que viven, cuya degradación se hace visible en la cisterna rota que pierde agua constantemente -y que finalmente Eudald logra reparar, pese a las dudas iniciales de Marc-, en las grietas de las paredes de la habitación que comparten, en la humedad escondida en los rincones y tapada con la moderna decoración del piso o también -quizás el más importante de todos- en el gran ventanal con balcón de la habitación. Su significación, inicialmente voyeurística y sexual, se expande a lo simbólico en tanto que se reinterpreta como una ventana a la posibilidad de mirar al deseo y actuar realmente conforme a él. En contraste con este espacio, la casa de la tía de Eudald a la que acaban trasladándose, aparece como un lugar mucho más espacioso y aparentemente liberador, aunque no exento de las imperfecciones dadas por el pasar del tiempo (como también en su noviazgo) en la casa, como los picaportes que se caen o la madera que se escucha crujir al entrar. Sin embargo, aquí la ventana se resignifica como la apertura hacia algo parecido a un nuevo comienzo; la ventana que en el piso de Barcelona limitaba el accionar del deseo de Marc, en la casa en Tiana lo libera y reafirma el lugar que le corresponde al cambio, el del otro lado de la ventana.

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De esta forma, David Moragas vuelve a presentar una propuesta formal singularmente sobria, en la que los espacios cobran vida, condicionan a sus personajes y, a la vez, traducen sus mecanismos para relacionarse. Algo semejante ya había planteado en Detox (2020), donde el reencuentro de unos ex-novios y su separación emocional se visualiza a través de un pequeño piso en el que uno de ellos sigue viviendo, como también en Demà ho deixem (2022), donde el reencuentro de una pareja sucede en el piso que comparten y, a través de encerrarlos en los encuadres, se pone en imágenes el final de esa relación. En Un Altre Home, Moragas vuelve a esos espacios que crujen, se agrietan, se humedecen o se abren, como si los pisos o las casas, al igual que las relaciones, también tuviesen memoria, desgaste y la posibilidad -a veces- de volver a empezar.


Un altre home (España, 2026)

Dirección: David Moragas / Guion: David Moragas / Producción: Alba Bosch-Duran, Mónica Lozano, Antonio Chavarrías / Dirección de Fotografía: Juli Carné Martorell / Dirección de Arte: Marina Pérez Ramírez / Montaje: Alba Cid / Sonido: Júlia Benach, Marta Monistrol, Marta Vicente / Música: Clara Peya / Diseño de Vestuario y Maquillaje: Pau Aulí / Reparto: Lluís Marquès, Quim Àvila Conde, Bruna Cusí, Ramón Pujol, David Teixidó, Joan Solé Martí

Un comentario en «UN ALTRE HOME»

  • La crítica plasmada por la pluma de la directora de cine Jazmin Aliaga, nos permite entrever los personajes y escenarios de Altre Home con tal claridad y realismo que incita al espectador a ver este obra cinematográfica y lo que ello conlleva.

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