NOUVELLE VAGUE
Credibilidad y veracidad

Es fácil intuir que el medio audiovisual —ese conjunto de prácticas culturales, artísticas y comunicativas que integran imagen y sonido—, es uno de los factores más influyentes de nuestra realidad y, por ello, responsable en gran medida del moldeado de nuestras sociedades contemporáneas. Resulta pues oportuno recordar a aquellos que pensaron sobre el cine como forma de expresión y rendir homenaje a quienes, en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, constituyeron los “nuevos cines”. Por la influencia en el desarrollo del medio y en su lenguaje, la modernidad cinematográfica fue y sigue siendo determinante: un periodo en el que realizadores y críticos acuñaron nuevos planteamientos, dando lugar al Nuevo Cine Alemán, Checo, Americano, Brasileño, al Free Cinema británico, o como referente fundacional, a la Nouvelle Vague francesa, y entre sus miembros, Jean-Luc Godard.
Es en este espacio, en el del recuerdo y del homenaje, en donde nos sitúa la propuesta de Richard Linklater con su Nouvelle Vague (2025). El director de la popular Before Trilogy —Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2003) y Antes del anochecer (2013)— o Boyhood (2014), nos introduce ahora en una recreación del rodaje de Al final de la escapada (1960), título con el que se estrenó en España À bout de soufflé de Godard, al tiempo que nos invita a un desfile que, no solo recoge a quienes estuvieron directamente implicados —François Truffautt, Claude Chabrol, el director de fotografía Raoul Coutard, el productor Georges de Beauregard o Jean Seberg y Jean-Paul Belmondo en los papeles principales del clásico filme—, sino también a otras destacadas figuras del movimiento y cineastas coetáneos.

Es importante no pasar por alto que Nouvelle Vague se desarrolla en el contexto de una Europa marcada emocionalmente por la Segunda Guerra Mundial y el horror de los campos de exterminio. Un clima en el que esta camada de cinéfilos cahieristas, herederos del crítico André Bazin, se interroga sobre la función de las imágenes, sobre la supuesta inocencia de estas. No hay más que pensar en el artículo de Jacques Rivette, “De l’abjection” (De la abyección), publicado en Cahiers du Cinéma en junio de 1961; una crítica extremadamente dura hacia Kapò de Gillo Pontecorvo (1960), centrada en el travelling del suicidio de una prisionera sobre las vallas electrificadas de un campo de concentración. “El cine es una cuestión moral”, pone Linklater en boca de un Roberto Rossellini caracterizado en la película. Una frase que recuerda claramente a “la moral es una cuestión de travellings” popularizada por Godard.
Tampoco hay que obviar que es de la búsqueda de respuestas sobre dicha cuestión urgente de donde nace el neorrealismo, del que el citado director italiano es uno de los máximos representantes. Pero también, lo mismo sucede con los ensayos, los documentales y las ficciones de Chris Marker o Alain Resnais, o la visión profundamente humana de Agnès Varda, para quienes la pregunta ya no es únicamente qué muestran las imágenes, sino qué pretenden, qué ocultan y qué implicaciones morales arrastran. Se hace necesario entonces dejar patente la veracidad en las imágenes, de poner al descubierto que el juego esconde una intención, de definir un objetivo que se cumple cuando las miradas a cámara, los saltos en la continuidad o los diálogos fuera de campo revelan el artificio. Cuando la calle y sus gentes quedan, parafraseando a Bazin, como memoria embalsamada; cuando hay espacio para el azar y la mirada del espectador; cuando las formas dejan a la vista la autoría.

Puede que en el recuerdo y la admiración por aquellas gentes, así como en el intento de disponer de un margen de credibilidad, estén las decisiones tomadas por Linklater. El uso del blanco y negro, sugiriendo el tono de la película fotoquímica con la que filmó Godard, la misma relación de aspecto, o el detalle exagerado (todo hay que decirlo), de la característica marca del cambio de rollo en la proyección analógica, sirven de soporte para construir una narración a partir del anecdotario de los veinte días que duró el rodaje de Al final de la escapada. La misma credibilidad que sugieren los ángulos o posiciones verosímiles y coherentes, si se analizan los planos originales, con que sitúa en pantalla a la mítica Éclair Caméflex operada en mano por Coutard, mejor dicho, por su doble. Porque, sin lugar a duda, si hay algo que llama la atención es el reparto que permite al director norteamericano disponer de un elenco de extraordinario parecido físico al de aquellos a los que quiere representar.
Una credibilidad buscada en la infinidad de extras vestidos de época, en los pasos de cebra y los coches que transitan por los Campos Elíseos. En los cafés o en las pequeñas habitaciones de hotel de un París de hace más de sesenta años recreado para construir la puesta en escena de un cuento, de una leyenda épica sobre aquellos que pensaron el cine de otra manera. En una planificación que, entre decorados, simulaciones y dobles —en contra de lo que pretendían aquellos— no cabe el azar. Una apuesta que lleva de la mano y no deja espacio al espectador. Una forma, que enmascara y oculta la mirada no inocente que hay detrás de cualquier imagen.
Siempre es de agradecer que alguien como Linklater eche la vista atrás queriendo recordar, no dejando en el olvido y haciendo de su película un reconocimiento. No se duda de la conveniencia y justicia de poner en valor la huella que los “nuevos cines” dejan en cada uno de nosotros. Pero homenajear conlleva aceptar una herencia e implica algo más que transmitir la leyenda. También es recoger el legado y ponerlo en práctica; dudar de las formas y quitar la máscara a las imágenes. Un solo gesto, una mirada, un apéndice de veracidad y entonces, solo entonces, Nouvelle Vague hubiera sido un digno homenaje.
Nouvelle Vague (Richard Linklater. Francia, 2025)
Dirección: Richard Linklater/ Guion: Holly Gent Palmo, Richard Linklater, Laetitia Masson, Vincent Palmo Jr., Michèle Pétin / Producción: Michelle Pétin/ Producción ejecutiva: Emmanuel Montamat, John Sloss, Mike Blizzard / Montaje: Catherine Schwartz / Fotografía: David Chambille/ Música: / Reparto: Zoey Deutch, Guillaume Marbeck, Aubry Dullin.
