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LA CHICA DE LA AGUJA

Juego de luces y sombras

La chica de la aguja. Revista Mutaciones - 2

La chica de la aguja (Magnus von Horn, 2024) es un thriller que trata sobre la maternidad, la precariedad y la guerra con un blanco y negro moderno. Desde el punto de vista del personaje principal, Karoline (Vic Carmen Sonne) se muestra la historia de la asesina danesa Dagmar Overbye (Trine Dyrholm). Pese a lo terrorífico del hecho de estar basada en acontecimientos reales, este filme se aleja de la morbosidad tentadora que a menudo impera en este tipo de historias, pero al mismo tiempo mantiene la tensión con los giros de guion inesperados.

Ese suspense ya se trabaja desde la primera parte del largometraje, cuando se evoca una relación entre el título con la costura. En un momento dado, un superior exige a Karoline que trabaje más rápido y ella replica que no puede porque se parte la aguja. Este detalle en esencia es un presagio de lo que ocurrirá más adelante: la vida también se quiebra. Así, la varilla delgada y puntiaguda cobra un significado mucho más profundo a medida que transcurre el film. La aguja funciona como punto de inflexión y es el principio de una incomodidad que no parará de crecer durante el resto del metraje.

El director es sensato con lo narrado y sostiene la cámara cautelosa para mantener un espacio con lo filmado. La lente de Magnus von Horn se resguarda a unos centímetros respetando los rostros y las expresiones de los personajes, y sigue los movimientos sin forzarlos, sin prisa. Aunque generalmente no se acerca demasiado, es cierto que en algunas escenas se aproxima, sin invadir, al ojo de Karoline para mostrar el mundo reflejado en su mirada.

La chica de la aguja. Revista Mutaciones - 3

La escenografía muestra repetidamente la desolación del entorno y, con resonancias a la Salida de los obreros de la fábrica Lumière (Louis Lumière, 1895), se revela la precariedad laboral del taller textil en el que trabaja Karoline. Esta distancia característica acaba revelando el contexto de contrastes entre la escasez propia del fin de la Primera Guerra Mundial y la abundancia de la burguesía. En este escenario se refuerza el sentimiento de miseria y opresión presente en las circunstancias de suma carencia económica y precariedad laboral en las que vive la protagonista. El hecho de presentar a Karoline en su situación causa horror y disgusto, pero permite empatizar con las decisiones de una madre que no tiene los recursos necesarios para cuidar a su recién nacida

Las antítesis de esta película no solo están en la diferencia de clase, pues la banda sonora, creada por Frederikke Hoffmeier, está también llena de contrastes. En un inicio es intrigante, pero con un tono tranquilo y minimalista que resalta los movimientos ágiles de Karoline, quien todavía es divertida e ingenua, llena de esperanza. Al tiempo que avanza la narración y la fe de la protagonista se desvanece, empiezan las disonancias para mostrar a una mujer agonizando en su angustia; así también hay una discordancia con los movimientos apaciguados del personaje principal. Aun así, la música no irrumpe en las escenas, puesto que habitualmente se introduce con un in crescendo y salvaguarda el interés del silencio.

La chica de la aguja. Revista Mutaciones - 4

Asimismo, La chica de la aguja destaca por un contrastado blanco y negro que, más allá de embellecer lo mostrado, logra mantener el aire misterioso y la tensión emocional crecientes. Con esta elección formal se enfatizan los rostros y, a través de las luces y las sombras, se construyen y deconstruyen los monstruos ocultos en la historia. En la mencionada situación de precariedad extrema, se juega con las apariencias -a veces los que aparecen amigos son en realidad bestias y los monstruos, aliados- y se juega con ese algo que siempre se mantiene oculto, en la oscuridad. El lóbrego negro no se revela hasta que una luz no lo alumbra, que suele ser una ventana en el fondo de la imagen. Todo esto es un reflejo de la propia historia, llena de matices escondidos que se van desentramando a medida que se esclarece la realidad.

Entre todo el entramado desplegado, la cuestión del aborto yace en el trasfondo y se vincula a la cuestión de clases. Si una persona no tiene la estabilidad emocional ni económica para mantener a su hijo, la reflexión de traerlo a la vida es más que necesaria. Y eso, al mismo tiempo, revela la noción de que la justicia también consiste en la vida digna.  Vivir en dignidad es un derecho, del cual Karoline está privada y del cual estaría también impedida su hija. Así, la maternidad se expresa en este caso como un conjunto de decisiones más que complejas.


La chica de la aguja (Pigen med nålen, 2024, Dinamarca)

Dirección: Magnus von Horn / Guion: Magnus von Horn, Line Langebek Knudsen / Producción: Malene Blenkov, Madeleine Ekman, Calle Marthin, Lone Scherfig, Katrine Vogelsang, Mariusz Wlodarski, Henrik Zein / Fotografía: Michal Dymek / Edición: Agnieszka Glinska / Música: Frederikke Hoffmeier / Reparto: Vic Carmen Sonne, Trine Dyrholm, Besir Zeciri, Ava Knox Martin, Joachim Fjelstrup, Tessa Hoder, Søren Sætter-Lassen

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