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ESA COSA CON ALAS

La epopeya del cuervo

El sonido del carboncillo deshaciéndose sobre el papel. Cric, crac. El primer plano sonoro le pertenece a un movimiento, casi imperceptible en la realidad, que se mezcla con el aleteo de las alas de un cuervo. Un juego sonoro en el que, como en el proceso de duelo, los recuerdos insignificantes que parecían enterrados en el cerebro florecen y empiezan a cobrar importancia. Esa cosa con alas (Dylan Southern, 2025) toma la premisa del libro El duelo es esa cosa con alas (Max Porter, 2023), una novela de ficción que entrelaza verso y prosa para relatar el viaje emocional de un padre (Benedict Cumberbatch) que acaba de perder a su mujer de manera abrupta. En la novela, Porter salta entre los diferentes puntos de vista: el padre, los niños que se quedan huérfanos y un cuervo, la personificación del duelo. Así, en la película, el cuervo toma forma física como un ser monstruoso que empieza a aterrorizar a la familia por las noches. El film se desliza poco a poco en una ambigüedad de géneros, queriendo acercarse al terror psicológico, trastabilla entre los códigos del drama y el thriller, creando un monstruo que evoluciona a la abyección del ser y el proceso traumático. El cuervo, gigantesco en su envergadura, funciona no solo como un ente destructor, sino también como un compañero, un apoyo en momentos de duda. Una traslación directa y exacta del duelo como algo que puede sanar y destruir al mismo tiempo, un estado que habitar en contradicción constante. El ave acaba siendo un guía para el padre y también para los niños. Les pide que hagan una versión de su madre tal y como la recuerdan ellos. Uno de los críos pega diferentes folios y dibuja con ceras. El otro opta por una escultura atada con limpiapipas y lazos. “A la mejor versión de vuestra madre, le daré vida y volverá”. Los niños se esmeran en su obra, hay mucho en juego. La cámara en mano se balancea entre los tres, avanza, retrocede y se desenfoca. El ojo del cuervo ocupa toda la pantalla, difuminado. Cuando los niños terminan su obra, le preguntan: “¿Cuál de las dos madres vas a revivir?”. El animal no puede sino reconocer que es incapaz de devolverle a la vida; la resurrección solo puede ocupar un espacio irreal en el cerebro, una ilusión desbaratada de toda forma fílmica posible y, por tanto, incapaz de ser encuadrada. Los niños cobran conciencia de la muerte, “antes de que el lenguaje fuera una trampa, cuando era solo un laberinto” (Porter).

Esa cosa con alas. Revista Mutaciones

La película se abre como una ventana hacia la intimidad de esta familia sufriente. El claustrofóbico 1.33 con el que se enmarca la historia es el primer cuadro, pero dentro siempre hay otro. Elementos diegéticos que rodean, oprimen. Un hombre en destrucción constante encerrado en su casa, un cuervo que se posa sobre el marco de la ventana. Crac, crac. Su graznido resuena y se repite a lo largo de todo el film. La repetición se utiliza como sostén para una narración completamente elíptica. La historia va dando brincos por la temporalidad, regresando al pasado o avanzando hacia delante, emulando los momentos en los que la memoria se resquebraja y pierde todo contexto temporal y lineal. El padre encuentra el cuerpo de su mujer una y otra vez, cada vez lleva una ropa distinta, recuerda nuevos detalles, cambia el orden de las cosas. Southern coloca de nuevo la cámara en la ventana, haciendo que toda la escena sea mirada desde la calle hacia dentro, un estado de disociación.

Esa cosa con alas. Revista Mutaciones

La película intenta trasladar con ahínco la estructura de versos de la novela a la narración fílmica. Cuando el padre dibuja, la voz del cuervo recita los versos y se alterna la escala de planos, del detalle al general, en una suerte de hipérbaton de dialéctica entre tamaño de planos. El trabajo de traducción de la palabra escrita a la imagen es exhaustivo, pero pierde su fuerza visual al necesitar de una voz en off que exponga la conciencia del cuervo. La poética desaparece haciéndose evidente, narrando versos sobre la imagen a forma de conciencia del espectador. Se utiliza más como una representación de ideas puestas constantemente en palabras, aunque ya estuvieran en las imágenes, en un ejercicio de reiteración. Y, sin embargo, esta torpeza llega a rasgar la coherencia por momentos. El proceso de duelo se subyace a la propia historia, en una temporalidad ambigua en el que el relato lineal se quiebra y se desdibuja entre flashbacks y escenas oníricas. Los dibujos del padre empiezan a adquirir un universo abstracto y abyecto, en el que el terror entra por los poros del papel y se infiltra por las paredes de la casa mientras que el cuervo entraba por las ventanas del exterior. El adentro como lugar de destrucción, el afuera como único lugar en el que avanzar y, por tanto, de salvación, antes de que el cuervo termine su trabajo. Cric, cric.


Esa cosa con alas (The thing with feathers, Reino Unido, 2025)

Dirección: Dylan Southern / Guion: Dylan Southern / Producción: Lobo Films / Fotografía: Ben Fondersman/ Música original: Zebedee Budworth / Dirección de arte: Elena Real-Davies / Montaje: George Cragg / Sonido: Joakim Sundströr/ Reparto: Benedict Cumberbatch, Richard Boxall, Henry Boxall

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