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EL AGENTE SECRETO

Política de la opacidad

El agente secreto. Revista Mutaciones - 2

El cine regresa a la dictadura. Cada generación necesita volver a cuestionarse ese momento donde un país se volvió contra sí mismo. La herida no sana, la pregunta persiste. El agente secreto de Kleber Mendonça Filho no es una película más sobre la dictadura. No reconstruye ese tiempo, lo revela como espectro.

Para 1977 el llamado “milagro económico” brasileño ya había mostrado su fisura. No hubo milagro, o lo hubo para algunos. Enunciar un hecho histórico como “milagroso” toca la médula del film: la lógica del doble. La sensación de que otras capas conviven debajo de lo visible, en fricción constante. El propio título ya instala el doble y, con él, la sospecha. Marcelo (¿o es Armando?) no puede fiarse de nada. Este juego de espejos desarrolla una entreverada red de situaciones y personajes, con una dosificación de la información escasa que resulta en una narrativa tan opaca como fascinante: identidades que se abandonan y se adoptan, padre e hijo encarnados por el mismo actor, una gata con doble cara y dos nombres, carnaval y máscara, realidad y ficción, mito y noticia, norte y sur. Bajo un relato impuesto, la experiencia se desdobla. El doble no es un recurso narrativo: es la huella fantasmal de esa escisión.

La escena inicial anticipa la destreza cinematográfica de Mendonça Filho. Esboza los elementos que van a desplegarse en la película: la corrupción, el juego con los géneros y recursos, el carnaval, la sospecha y opacidad, los personajes singulares (una película un elenco enorme, diverso y maravilloso). Marcelo llega a una gasolinera en su escarabajo amarillo. En la tierra yace un cadáver cubierto en cartón, rodeado de moscas. Algo se pudre a simple vista y, sin embargo, permanece invisible. Él, alerta, duda: ¿irse o quedarse?. Llega la policía, pero contra toda lógica no reparan en el muerto, sino en nuestro protagonista. El abuso de poder es más orgánico que el deber. Un plano detalle revela sangre en el uniforme. La policía está sucia. ¿Dónde se denuncia cuando el sistema está corrupto? Marcelo paga la coima en tabaco y prosigue su marcha. Los colores brillan, la luz quema. Lo cotidiano vibra con el halo enrarecido de un sueño incómodo.

El agente secreto. Revista Mutaciones - 3

Los zooms y planos detalles parecieran señalarnos pistas, pero a diferencia de un thriller clásico, que organiza la información para resolverla, aquí la trama se espesa. La opacidad opera como ética: no es defecto narrativo, sino posición política. Cada línea que sugiere respuesta se desvanece o deriva en un callejón sin salida. El gesto no es arbitrario, sino que reproduce la experiencia histórica de vivir bajo un poder que oculta, tergiversa, manipula. Donde la versión oficial convive con la leyenda. Donde el espectáculo distrae mientras el horror opera.

El agente secreto puede permitirse lo fantástico sin abandonar lo político bajo la premisa de que la realidad es más surreal que la ficción. Mientras se proyecta en los cines Tiburón, aparece un ejemplar real con una pierna humana en su estómago. En el famoso film de Spielberg, el oceanógrafo advierte sobre el peligro en las playas, pero el alcalde del pueblo prioriza la rentabilidad turística. Esta misma tensión entre ciencia, política e intereses económicos sellará el desenlace de Marcelo, investigador que se desafía a un empresario poderoso. A su vez, el miembro hallado en el tiburón cobra vida encarnando una leyenda urbana de Recife: la pierna peluda. La policía la roba para deshacerse de ella, probablemente encubriendo un muerto a su cargo. La escena siguiente rompe el tono y enfatiza el género: la pierna peluda ataca a unos jóvenes homosexuales —blanco frecuente de la violencia policial durante la dictadura. El hecho deviene coartada mediática. No sin humor se expone la manipulación de los medios por parte del poder. No hay fuga hacia la fantasía, hay reconocimiento de que lo real ya es excesivo y lo fantástico puede evocarlo sin domesticarlo. En este juego de capas en tensión se cuestionan los roles de leyenda y noticia, ficción y realidad; mediadas por lo surreal de crímenes y aberraciones normalizados en la vida cotidiana.

El carnaval es el dispositivo perfecto para esta superposición de capas: la suspensión de la norma, los excesos, la mezcla de clases, los cuerpos disfrazados… Esta festividad habilita el juego de dobles por naturaleza, mientras representa la idiosincrasia brasileña. Nos regala imágenes inolvidables por su potencia estética y política, como el policía llegando con espuma y el maquillaje corrido a inspeccionar el tiburón. Se evidencia lo grotesco del orden. En ese desborde lo siniestro circula con naturalidad, pero también muestra su otra cara, como espacio donde la cultura popular resiste, se expresa y sobrevive.

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En el cine de Mendonça Filho la fricción no es nueva: es su materia prima. El espacio nunca es neutro, está atravesado por el conflicto. En O Som ao Redor, la violencia es un murmullo persistente que recorre la vida cotidiana. En Aquarius, el enfrentamiento entre el derecho a habitar y la especulación inmobiliaria convierte un departamento en campo de batalla. En Retratos Fantasmas, la ciudad aparece como archivo íntimo y colectivo. Aquí, Recife vuelve a ser protagonista con sus calles saturadas, sus relatos superpuestos, los cines que desaparecen,.. Y el cine dentro del cine no es nostalgia sino pregunta: ¿qué hace una imagen frente al terror? El espectáculo —las películas, la leyenda, el carnaval— lleva la doble función de entretener y denunciar, de ofrecer escape y activar la memoria.

Hacia el final se instaura el presente. Algo se enfría. Los colores se apagan. La magia se atenúa. Pero el rostro —padre e hijo— se repite, insiste. No hay presente sin fantasma, ni futuro sin memoria. En tiempos de imágenes pulidas y relatos cerrados, El agente secreto elige la fricción. No tranquiliza: incomoda, nos mantiene en estado de alerta. Y en esa fricción aparece algo esencial: la memoria no como ejercicio melancólico, sino como gesto político, como forma de lucidez.


El agente secreto (EE.UU., 2025)

Dirección: Kleber Mendonça Filho / Guion: Kleber Mendonça Filho / Producción: Kleber Mendonça Filho, Dora Amorim, Emilie Lesclaux, Brent Travers, Olivier Barbier, Sol Bondy, Fred Burle, Erik Glijnis, Fionnuala Jamison, Elisha Karmitz, Nathanaël Karmitz, Wagner Moura, Olivier Père, Leontine Petit  / Dirección de fotografía: Evgenia Alexandrova / Montaje: Affonso Gonçalves, Chloé Zhao / Música: Mateus Alves, Tomaz Alves Souza/ Reparto: Wagner Moura, Udo Kier, Gabriel Leone, Maria Fernanda Cândido, Hermila Guedes, Alice Carvalho, Thomas Aquino, Isabél Zuaa

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