DestacadoSAN SEBASTIÁN 2025

CRÓNICA DIARIA SAN SEBASTIÁN #2 (SECCIÓN OFICIAL Y PERLAK)

Pianos, mares, accidentes

El segundo día del festival de San Sebastián la competición arrancó con Deux pianos, de Arnaud Desplechin, un melodrama en el que el regreso del pianista Mathias Vogler a Francia tras ocho años en Tokyo está atravesada por fantasmas del pasado: el mejor amigo, la amante -la mujer de ese amigo-, un niño que aparece como su doble, y la mentora que sustituye a la madre. Con un marcado manierismo narrativo, Desplechin filma encuentros y paseos que derivan en persecuciones veladas, impregnadas de un aire hitchcockiano. Sin embargo, el relato se dispersa en múltiples direcciones, con tramas y secretos revelados de forma poco afortunada.

En las antípodas de Desplechin está Los Tigres, de Alberto Rodríguez, que lleva a la pantalla un relato que combina la dureza del trabajo bajo el mar con los momentos vitales que determinan los lazos familiares. El director regresa al thriller con trasfondo social a través de la historia de un buzo profesional, impecable en el agua, pero caótico en tierra firme, y de su hermana, que actúa como el verdadero mástil de la familia. Ambos se ven arrastrados por el hallazgo de un alijo de cocaína y la tentación de usarlo como vía de escape a sus problemas. Las sólidas interpretaciones de Antonio de la Torre y Bárbara Lennie sostienen una película que, sin embargo, oscila en exceso: no termina de ser un thriller de narcotráfico ni un drama familiar, quedándose en una tierra de nadie difusa.

Imagen de Los Tigres

Desde Bélgica llegó Six jours ce printemps-là, de Joachim Lafosse. Lo que comienza como escapada ligera de vacaciones se transforma en una experiencia incómoda. Una madre que busca tener con sus hijos y su novio unas vacaciones acaba instalándose a escondidas en la villa de sus exsuegros en la Riviera, donde tiene prohibido ir. Lafosse captura con la cámara tensiones familiares con sutileza, donde lo que se calla pesa tanto como lo que se dice.

Fuera de concurso, In-I In Motion ofrece un viaje introspectivo a través de la mirada de Juliette Binoche. Revisitar la performance que creó junto a Akram Khan en 2008 le permite a la actriz ahora directora reflexionar sobre el arte como metamorfosis personal. La película es extensa, incluso exigente, pero también profundamente honesta: Binoche desnuda su propio proceso creativo y lo confronta con el paso del tiempo.

Entre las perlas del día también había unos títulos que ya llegan con prestigio. El brasileño Kleber Mendonça Filho presentó El agente secreto, una epopeya acompañada por episodios absolutamente marcianos, que transcurre en el Brasil de 1977. Su protagonista, Marcelo, es un fugitivo que busca refugio en Recife durante el carnaval, mientras el director construye a través de él un mosaico de personajes y atmósferas que trasciende el suspense para hablar de un país y sus monstruos.

Y como colofón, el festival acogió la flamante Palma de Oro de Cannes: Un simple accidente, de Jafar Panahi. El título es casi trivial, tanto como ese “simple accidente”, pero el cineasta iraní convierte lo cotidiano en tragedia social. Un choque menor en la calle desencadena una serie de encuentros, roces, disputas, que crecen como una bola de nieve y nos mantiene con un puño en el pecho. Panahi rueda con un estilo depurado y directo (en recovecos y lugares apartados, no olvidemos que tiene prohibido rodar en Irán con pena de cárcel-ya cumplió condena hace poco-). El resultado es cine incómodo, lúcido y lúdico, que lanza preguntas tan eternas como ¿qué es la justicia?

Imagen de Un simple accidente

 

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