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HOMBRES DE ACERO

Las dos caras de la violencia

Hombres de Acero (Cal McMau, 2025) tiene un inicio peculiar que marca el estándar que se repetirá a lo largo de toda la película. La secuencia inicial se presenta como si fuese un video para redes sociales: el formato de la grabación, junto con la interfaz del video y los comentarios de los prisioneros, refuerzan esta idea desde el primer momento. Este recurso, utilizado de forma puntual, funciona como una representación perfecta de la idea que sostiene la película acerca de la glorificación de la violencia frente a su cruda realidad. En esta primera secuencia, por ejemplo, esto se aprecia en el comportamiento de los presos, que aprueban con emoción el linchamiento de otro compañero, una muestra de la satisfacción que les produce ejercer el poder. Sin embargo, tal y como está construida la escena, el mensaje termina siendo justo lo contrario: los tonos apagados que cargan el ambiente, la ausencia absoluta de música que pueda alterar el tono y la forma en la que la cámara se vuelve errática una vez inicia el linchamiento le quitan a la escena cualquier atisbo de humanidad. Lo interesante de este inicio también aparece cuando la película se analiza en retrospectiva, pues el contraste de la escena funciona, a su vez, como una presentación indirecta de los dos mundos de Taylor (David Jonsson) como de Dee (Tom Blyth). La primera vez que Taylor aparece en pantalla ni siquiera lo hace de cuerpo completo. A través de un plano general que muestra la pared de la cárcel, se aprecia cómo observa el cielo desde el interior de su celda. La luz del sol se cuela por los barrotes, generando sombras que no permiten ver su rostro, haciendo un claro énfasis en sus deseos por saborear la libertad. Esa idea cobra aún más fuerza en la siguiente escena: un plano picado y muy cerrado centrado en su rostro, teñido por los tonos azules apagados tan característicos de la película. El único cambio cromático es la pequeña luz que entra por la ventana y que Taylor contempla con desesperación. El ritmo de ambas escenas es pausado, McMau busca acentuar todavía más el aislamiento y la soledad del personaje, haciendo que el tiempo transcurrido en esa celda se sienta como una eternidad. La presentación de Dee, en cambio,  es completamente opuesta. Una canción de rap inunda la escena. Los planos, pese a ser en su mayoría primeros planos o planos detalle, se suceden con rapidez, sin dejar tiempo para procesar lo que está haciendo el personaje. La celda se llena de elementos coloridos, como las barritas de comida o la Nintendo Switch, que se suman a una iluminación mucho más brillante y una paleta de tonos cálidos. Todo ello acompaña la actitud prepotente del personaje frente a cualquiera que le rodea y termina de dar forma a su visión de la cárcel y, por extensión, de la violencia como forma de libertad.

Hombres de acero Revista Mutaciones

El ejemplo más claro de esta visión del personaje, más allá de verse reflejado en el diálogo ya que la violencia es siempre su vía para conseguir evadir cualquier problema—,  se encuentra en la escena en la que tiene un altercado con los guardias. Este momento destaca por el frenetismo de la cámara, que acompaña los movimientos erráticos de Dee. El montaje salta constantemente entre planos, como si reflejara la mente distorsionada y agresiva del personaje. Además, la secuencia está acompañada por una música que incrementa su intensidad a medida que Dee va perdiendo más la cabeza. Lo más interesante de esta secuencia llega al final, cuando el personaje aparentemente es reducido. El tamaño de plano se hace más cerrado y los escudos de los policías lo mantienen encajonado en un único punto, generando una sensación de asfixia. No obstante, esta no surge únicamente por esos elementos, sino también por la expresión del rostro de Dee: una mirada salvaje, cubierta por una capa extra de sangre, mientras no para de luchar y sonreír por lo que ha hecho. Todo ello, sumado al hecho de que posteriormente se evidencia que no será castigado, deja claro que, para Dee, la violencia representa su libertad. Da igual que lo neutralicen: incluso estando encerrado, podrá volver a ejercer el dolor para conseguir lo que quiere, idea que será reafirmada varias veces a lo largo de la trama.

Lo interesante de esta dupla, más allá de las interpretaciones de ambos actores, es la manera en que McMau la utiliza como impulso para el desarrollo de Taylor. Aunque siempre mantiene cierta distancia entre los dos personajes, existen momentos en los que permite que ambos mundos se conecten. Las pastillas funcionan como ese puente: cuando Taylor se deja influenciar por ellas, la película abandona esa distancia y le da el control por completo a Dee, imponiendo su visión y creando una falsa sensación de libertad para Taylor. Aún así, McMau nunca se olvida de la otra cara de la moneda. Cuando la película se vuelve la fantasía de Dee es cuando abundan las grabaciones de actos violentos,tanto en la calle como dentro de la cárcel, como si fuesen un recordatorio de lo que realmente implica ser un delincuente.Por eso el guion nunca termina de definir a Dee como personaje. Aunque durante la primera mitad de la historia lo vuelve un personaje empático, McMau decide dejar fuera elementos clave de su pasado para dejar claro que ha llegado a un punto donde la redención y el perdón ya no existen. En consecuencia, introduce un momento crucial en el que ambos personajes intenten sincerarse el uno con el otro, donde la noche contrasta con el naranja de las luces del exterior, remarcando la diferencia entre las personas que son ahora y las que fueron antes de entrar en prisión. La ausencia de música convierte la escena en un momento íntimo, ambos personajes se están desnudando emocionalmente. Sin embargo, mientras Taylor es humanizado al revelar sus errores del pasado, Dee guarda silencio. Ese silencio impide que el vínculo entre ambos termine de consolidarse y provoca que regrese esa sensación de soledad que la película pareció ignorar. 

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La cárcel es descrita, en su mayoría, planos detalle y el montaje parece evitar deliberadamente cualquier orden claro. Salta del patio a las celdas o de los baños al tejado sin ofrecer nunca una imagen completa de cómo es exactamente ese lugar, reforzando así la sensación de claustrofobia y desorientación que el protagonista experimenta. Del mismo modo, cuando la película establece una relación entre dos personajes, no tarda en dejar claro que incluso en los momentos de mayor complicidad siempre existe alguien que domina al otro. Las escenas en los balcones de las celdas son un buen ejemplo de ello: la cámara adopta la visión subjetiva del personaje que domina la conversación y se combina con planos generales, normalmente picados, que transmiten una sensación aplastante, como si cada planta de la prisión fuese una jerarquía distinta. Es un recordatorio constante de que la cárcel no es un lugar donde exista la libertad, sino un espacio donde siempre habrá alguien dispuesto a aplastar a los demás para conseguir lo que quiere, incluso aquellos que se presentan como amigos. Porque el mayor terror no lo provoca un funcionario de prisiones ni un matón, sino la persona con la que comparten habitación.

 

Hombres de acero (Wasteman, Reino Unido, 2025)

Dirección: Cal McMau /Producción: Agile Films, Bankside Films, Hoopsa Films /Dirección de fotografía: Lorenzo Levrini /Música: Forest Swords /Intérpretes: Devid Jonsson, Tom Blyth, Alex Hassell, Corin Silva, Paul Hilton, Nell Berlow

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