EL REY DE LA MUERTE

Solo puede juzgarse la belleza de la vida por la de la muerte

Lo que me mata es mi secreto”. Jörg Buttgereit comienza El rey de la muerte con esta cita del poeta y criminal Pierre-François Lacenaire, que fue condenado a muerte en 1836 por la confesión de varios asesinatos. El infame poeta, precursor del humor negro que recogería André Breton en su recopilación de 1940 (Antología del humor negro), es el autor de otra cita que encaja todavía más con la película que nos ocupa: “Vaya, parece que la semana empieza mal”, frase que dijo el día en que la guillotina acabó con su vida. Y tan mal. El rey de la muerte se divide en 7 episodios, cada uno titulado según un día de la semana, que orbitan en torno a la idea del suicidio derivado de la desesperación, la ansiedad, la soledad y la violencia.

La memorable banda sonora de Hermann Kopp (ejemplos aquí, aquí y aquí), colaborador habitual de Buttgereit, y la descomposición de un cadáver filmada en efecto time lapse sirven de enlace para las diferentes situaciones que se nos plantean. Aunque a continuación detallaremos las más significativas, todas ellas comparten el suicidio como tema central y como denuncia / metáfora de algo más. El suicidio como síntoma y no como fin. Una visión cruda, directa, que al mismo tiempo guarda un trasfondo melancólico y triste (tristísimo) que pega mucho más fuerte que la violencia de las imágenes. Algo que Buttgereit ya apuntaba en su primer largometraje, Nekromantik (1987), que, a pesar de ganar notoriedad por el gore extremo que contenía, guardaba un romance y una delicadeza que contrastaba con este en una mezcla irrepetible (En la secuela de 1991, Nekromantik 2, el director alemán optó por un tono más experimental y filosófico, sin renunciar a la visceralidad). En los distintos segmentos se hace hincapié en diversas formas de abordar un tema tabú como es el suicidio, tanto interna como externamente. He aquí los más destacados:

Lunes – Perdonen las molestias
La semana comienza con un episodio sin diálogos, en el que vemos a un hombre redactar un puñado de cartas en un domicilio plagado de imágenes de peces: libros, pisapapeles, galletas, carteles… Un plano secuencia circular, con eje en el centro de la habitación, nos muestra, mediante varias elipsis temporales, el último día de nuestro protagonista, en el que llama al trabajo para avisar de su ausencia, limpia la casa y da de comer a su mascota, un pez. El hombre pasa al baño, se afeita, se desviste dejando su ropa doblada y se mete en la bañera, donde consume un bote de pastillas y fallece. Al mismo tiempo, vemos como su pez deja de aletear y flota bocabajo en la pecera. No hay más. Ni explicaciones, ni motivos. Tan solo una vida que desaparece, sin molestar, y a la que el mundo no dará importancia. Una más.

Martes – Violencia gráfica
Buttgereit, uno de los exponentes del llamado “ultragore alemán”, denuncia en este segmento a esas voces morales que relacionan la violencia real con la artística. En el corto, un joven alquila en el videoclub una copia de una película falsa que homenajea a Ilsa, la loba de las SS (Don Edmonds, 1975) y se pone a verla en su casa. En la escena cumbre del filme alquilado, una oficial de la Gestapo le corta el pene a un prisionero (en primer plano, por supuesto) y, acto seguido, le dibuja una esvástica en el pecho utilizando el miembro cercenado como pincel y la sangre como pintura. Cuando la novia del joven llega a casa y le interrumpe, éste saca una pistola y le dispara en la cabeza, desparramando sus sesos por la pared. Acto seguido, rompe una fotografía y enmarca su “obra”, mientras suenan acordes metaleros (otro género, en este caso musical, acusado de generar violencia). El giro final, que en cierto modo cierra el círculo, nos descubre una realidad aún más desgarradora.

Jueves – Estadísticas
Colección de planos de un puente a gran altura sobre el que se imprimen nombres, edades y profesiones. El significado se comprende enseguida. Sonido ambiente. Datos, números, estadísticas. Deshumanización.

Sábado – Muerte viva
En un descampado, lejos de una cámara que se mantiene en plano estático, una mujer lee a una niña el concepto del suicida que quiere llamar la atención. Alguien ignorado en vida que quiere alcanzar la fama, aunque sea por un momento, en el momento de su muerte. “Convertir una vida muerta en una muerte viva”. La explicación se lleva a la práctica con un asesinato en masa en mitad de un concierto, grabado en primera persona con una rudimentaria steadycam. Una situación que, tristemente, parece estar en boga en estos tiempos, entre las masacres mediáticas norteamericanas y los atentados del ISIS. Utilizar la muerte (propia y ajena) como reclamo, ya sea para conseguir fama, terror, o ambas cosas.

La película termina con el dibujo infantil de un esqueleto con corona y una niña afirmando a cámara: “Este es el rey de la muerte, hace que la gente no quiera vivir más”. Llámalo depresión, llámalo soledad, llámalo tristeza… cada uno tiene el suyo. Y para luchar contra él, primero tienes que descubrirlo.


EL REY DE LA MUERTE (Der Todesking, 1990, República Federal de Alemania)

Dirección: Jörg Buttgereit / Guion: Jörg Buttgereit, Franz Rodenkirchen / Producción: Manfred O. Jelinski / Música: Hermann Kopp, Daktari Lorenz, John Boy Walton / Fotografía: Manfred O. Jelinski / Montaje: Manfred O. Jelinski, Jörg Buttgereit, Franz Rodenkirchen / Reparto: Hermann Kopp,  Gerd Breitung, Susanne Betz, Jörg Buttgereit, Andreas Doehler, Heinrich Ebber, Ingo Buesing, Bela B. Felsenheimer, Daniela Geburtig, Angelika Hoch, Manfred O. Jelinski .

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