UNA PERRA ANDALUZA
La generación vacía, no estaban altas las expectativas
Muchas son las series y películas que se autoproclaman como “la voz de una generación”. Quizás uno de los mayores ejemplos fue la ficción de Filmin titulada Autodefensa (Miguel Ángel Blanca, Berta Prieto, Belén Barenys; 2022). Producción que de tanto reclamar su hueco e importancia acababa no siendo nada más allá del reflejo de los problemas de una unas chicas que llegan holgadamente a final de mes y forman parte de la Barcelona más cosmopolita. Las tramas de esta pareja protagonista, en muchas ocasiones, tan solo se vertebran en torno al amor y las drogas, problemas generacionales y que a gran parte de la juventud no les preocupan, porque en la sociedad en la que vivimos tan solo son la punta del iceberg de todas las problemáticas con las que les toca lidiar. Pues entre todos los contenidos que muchas veces reclaman ese espacio tan vasto, la serie Una perra andaluza (Pablo Tocino, 2024) se alza y reclama su sitio. Serie de televisión, también de Filmin, que estrena su segunda temporada, que continua justo donde acabaron los episodios de la primera.

Una perra andaluza narra las historias de un grupo de amigos de entre 17 y 25 años de contextos muy diferentes. Lo que sí comparten todos es ese sentimiento de no haber vivido hasta la llegada de unos a la vida de los otros. Todos ellos son unos bichos raros que no encajaban en ningún marco de la sociedad, por eso se han tenido que construir ellos el suyo.
A pesar del amplio y diverso grupo que conforman a todos les inunda el mismo sentimiento de soledad y desmotivación, falto de objetivos más allá del que la sociedad les “impone”: terminar sus estudios y buscar un trabajo con el que sigan siendo productivos. Por eso, a través del sexo como herramienta, ahogan sus penas y exploran un universo en el que son inexpertos.
La segunda temporada de Una perra andaluza sigue profundizando en los mismos temas y preocupaciones que la primera, pero en esta ocasión se atiende a un grupo mucho más desestructurado. Las preocupaciones del grupo de amigos ya no son solo sexuales, y se exploran temáticas más maduras y adultas —con personajes que han abandonado el piso estudiantil para acudir al hogar familiar, figuras que acuden al psicólogo porque los pensamientos de suicidio les superan y quienes tienen que abandonar su hogar—. Además, del toque de madurez que atraviesa toda la serie, es muy notable el trabajo de los guionistas que ya sienten que la sexualidad no es el eje en el que se vertebra toda la dinámica de la serie, diciéndonos que nuestra manera de enfrentarnos a ella dice mucho más que nuestras fantasías.
Especialmente destacable es el papel, y la importancia, del último episodio de la temporada, donde ya desde su estructura de episodio se plantean ideas diferentes a las que la serie estaba explorando y nos muestra la realidad que esconde uno de los personajes más cómicos y parodiables de la ficción.
Una temporada que a través de planos extremadamente cerrados y cortes abruptos que hacen que permiten seguir varias diégesis a la vez, hacemos un recorrido por todo el folclore andaluz y muchas de sus tradiciones. Mostrando las voces de los que no hace tanto no tenían voz, y todavía hoy en día temen levantarla por las represalias que les pueden derivar.

A pesar de esto y la crudeza de muchos de los temas, la temporada es fresca y ágil, y que desde ese lugar cómodo se detiene a explicar la fragilidad de sus personajes, hace docencia en materia sexual y a desmitifica el sexo y a las personas. Ese sencillo lugar desde el que se puede detener a hablar de los problemas de la juventud como son: los graves problemas alimenticios que genera la sociedad, la pornografía, la incomprensión de los adultos, la homofobia…
Todo esto es acompañado de una crítica al capitalismo y la marginación de ciertos extractos sociales por proceder de lugares menos “afortunados” a través de unas transiciones para cambiarnos de escenarios que son muy fluidas y naturales. Mediante estas recorremos diferentes barriadas sevillanas, con diferencias en los ingresos, pero mismos problemas.
Una serie que por presupuesto y tono está mucho más cerca de cortometrajes como Pipas (Manuela Burló Moreno, 2013) o webseries como Qué vida más triste (Natxo del Agua y Rubén Ontiveros, 2008), Niña repelente (José Antonio Pérez, 2009) o Malviviendo (David Sainz, 2008). Así, Una perra andaluza captura mucho mejor el espíritu de su generación, haciendo un retrato más preciso de los preocupaciones y dinámicas de una juventud maniatada y amordazada, que muchas otras producciones de más renombre y con recursos económicos muchos más elevados.
Un trabajo hecho para toda esa gente que vivía en un armario y hoy celebra el orgullo. Para los que Taylor Swift y Lorde son Madre y Espíritu Santo. Todo esto acompañados de cameos y memes salidos de la cultura popular, española, pero, sobre todo, andaluza, que hace un recorrido por temas tan importantes y cruciales como son el abuso, el suicidio o el sentimiento de culpa, como si estos, como sus personajes, se hubiesen escapado de Puta de Zahara.
https://www.youtube.com/watch?v=ZhguJi9bdCc
Una perra andaluza (Pablo Tocino, España, 2024)
Dirección: Pablo Tocino / Guion: Pablo Tocino y Melania Bobi / Reparto: Sara Perogil, Enmanuel García Ruíz, Jota Palacios, Isabela Hernández, Esther de los Reyes, Yir Campos, Fabiola Martínez, Maialen Ruiz, Fredy López, Manuel Horus, Iago Salinas, Pablo Tocino, Dani Manota, Lola Buero, Tania Parejo, Carlos Ortega Brenes, Carlos Toledano, Marta Gallardo, Manolo Flórez, Dani Téllez, Manuel Jiménez, Gonzalo Ramírez, Néstor Goenaga, Bárbara Arrante, Jesús Grande, Pedro Callealta, Paco Márquez, Andra Venus / Música: Ghouljaboy y Pablo Cartoy / Fotografía: Sergio Nicola y Luis Prieto Carreño / Producción: Copodenieve Producciones.
