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TAYLOR SWIFT: THE END OF AN ERA

El mito embutido en lentejuelas

Más de un año después de que Taylor Swift bajara el telón de su multimillonaria gira internacional The Eras Tour, la serie documental Taylor Swift: The End of an Era (Don Argott y Sheena M. Joyce, 2025) se anunciaba a gritos, en un anhelo de seguir cosechando los frutos que el fenómeno mundial había plantado durante dos años, reclamar los espacios seguros que construyó para la identidad femenina y la nostalgia.  De la misma manera que Charli XCX ha visto la oportunidad de extender el espacio temporal que le ofrecía su brat summer dando el salto cinematográfico en The Moment (Aidan Zamiri, 2026), Swift ha entendido que la única prolongación de su perfecto producto, pulido y depurado a través de los años, es a través del audiovisual. Ya lo había logrado con Taylor Swift: The Eras Tour (Sam Wrench, 2023), en el que traía de vuelta la experiencia colectiva del artificio y el espectáculo cinematográfico, desacralizando las salas de cine y convirtiéndolas en espacios de baile, de celebración, gracias a la ola de espectadoras que arrastraron la película a un espacio de ocio. En esta ocasión, la serie documental se estrena en Disney+ a la par que otra grabación del concierto (The Eras Tour. The Final Show, Glenn Weiss, 2025), demostrando que la obra ha perdido su valor como ente independiente, que la finalidad es el producto y el producto es ella, y no hay repetición posible de su persona que vaya a cansar a su público. Y es que no hay nada que rodee a la figura de Swift que no esté colocado con la precisión de un cirujano.The End of an Era llega en el momento justo. Un intento desesperado de reactivar la nostalgia por un fenómeno que llegó a su fin, pero sobre todo: es un gesto de rescate a su propia figura. 

The End of an Era. Revista Mutaciones - 3

Los dos primeros episodios, Welcome to the Eras Tour y Magic in the Eras, son una carrera de fondo hacia una única meta: salvar a Taylor Swift. En los últimos meses, la artista se ha convertido en otra de las armas del reciente auge del conservadurismo. Su silencio e inactividad política frente al genocidio palestino o durante las últimas elecciones estadounidense, además de su reciente asociación con simpatizantes MAGA, echaban por tierra el discurso de otro de sus proyectos audiovisuales, Miss Americana (Lana Wison, 2020), que intentaba construir una Taylor Swift politizada. En medio de una recesión cada vez más imparable, los valores tradicionales se cuelan por las fisuras de la cultura popular, encontrando en la purpurina de la música pop su máximo exponente. La serie utiliza la cámara como un instrumento de construcción de personaje milimétrico. El arranque se sitúa en Londres, al final de la gira europea e inmediatamente después de que los conciertos de Viena tuvieran que ser cancelados al destaparse un ataque terrorista que iba a tener lugar durante los mismos. Esa misma semana, un joven había irrumpido una clase de baile con temática Taylor Swift en Liverpool y había acabado con las vidas de tres  niñas. En el capítulo inicial, Swift relata ambos  eventos en camiseta, despeinada y sentada en el suelo. En un momento, rompe a llorar. La cámara tiembla, tan humana como ella. La cantante se reúne con las familias de las víctimas del ataque sin las cámaras, pero es filmada inmediatamente después. Embutida en un corset Versace de 150.000$, se derrumba sobre un sofá a llorar. Apenas 15 minutos después, está subida en una plataforma que la eleva a su show de tres horas y cuarto. El montaje de estas imágenes cae en la perversión, una detrás de otra, la dialéctica que generan tiene un único objetivo: humanizar el mito. Según Barthes, «El mito no se define por el objeto de su mensaje sino por la forma en que se lo profiere: sus límites son formales, no sustanciales». En este choque entre imágenes, Swift ha dejado de ser un ser desvirtuado, una multimillonaria totalmente alejada de la realidad. Han conseguido darle la vuelta, convertirla en una mujer con la que es difícil no empatizar. A partir de ahí, comienza un vertiginoso viaje dividido en seis episodios, cada uno con un objetivo propio. En Magic at the Eras, todos los empleados del Eras Tour reciben aumentos de (aparentemente) 750.000 dólares, dados en mano, en sobres lacrados por la propia Swift. Esta escena está grabada a escondidas, con GoPro colgadas en las esquinas de la habitación, desde diferentes ángulos y lentes angulares deformantes. En estas imágenes pixeladas hay una conciencia del pudor que supone filmar algo así, y ya ni hablar de integrarlos en un montaje, publicarlos en una plataforma. La intimidad revelada en nombre del morbo, del bien común y la generosidad. Así, cada capítulo tiene un eje en el que el personaje público: Taylor Swift, intenta a toda costa bajarse a tierra, convertirse en un ser de carne y hueso. El cuarto episodio, Thank you for the lovely bouquet, sin embargo, descentraliza la atención de la cantante y la posa sobre su pareja, el jugador de fútbol americano Travis Kelce. Después de anunciar su nuevo álbum en el pódcast deportivo del mismo y subirle al escenario de su propia gira, Swift parece de nuevo contradecir el discurso que habría mantenido durante más de diez años, intentando separar su obra de sus relaciones con los hombres. 

The End of an Era. Revista Mutaciones - 1

Estos virajes de punto de vista se van sucediendo a lo largo de cada entrega. En cada capítulo, se abren paréntesis narrativos para entrevistar y recorrer la vida de ciertos bailarines, cantantes o miembros de la banda del tour. Relatando sus historias de superación -víctimas de cáncer, racismo, lesiones o estereotipos de género-, mueven el foco de atención, alumbrando todo aquello que está en la sombra. Llevar la lente a los técnicos, filmar los procesos humanos que se llevan a cabo entre bambalinas, es un intento de traer un espíritu neorrealista a la construcción mitológica de la marca Taylor Swift. «Acepto incluso que se me muestre cómo se fabrican las banderillas, siempre que se me desvele todo el proceso de producción, con todas las relaciones humanas y sociales que ello implica. Sólo de esta forma el espíritu de la encuesta dejará de ser una equiparación de las formas de expresión», decía Zavattini. Así, la cámara en el documental de Argott y Joyce funciona como un instrumento de revelación, todas las relaciones implicadas en construir la fortuna, el mito, un plano de la realidad ajeno a todos los espectadores, con el único objetivo de humanizar y abrir en canal, todo en el nombre de la vulnerabilidad y la lírica.


Taylor Swift: The End of an Era (Don Argott y Sheena M. Joyce, 2025)

Dirección: Don Argott / Producción: Rob booth, Ismael González / Fotografía: Jarred Alterman / Montaje: Judah-Lev Dickstein, Demian Fenton, Arielle Sherman / Sonido: Michael Barry, Nathan Evans/ Intérpretes: Taylor Swift, Andrea Swift, Mandy Moore, Amanda Balen, Travis Kelce.

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