40 AÑOS, 40 SLASHERS (PARTE III: 2000-2009)

Posmodernismo, remakes y torture porn

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La casa de los 1000 cadáveres (Rob Zombie, 2003)

Tercera parte de nuestro especial 40 años, 40 slashers. Terminados los 90, con el nuevo milenio llegó el posmodernismo al slasher en forma de parodias, deconstrucciones autoconscientes y nuevas interpretaciones de los cánones del subgénero, remakes incluidos. Las reglas estaban ya más que claras, así que era hora de retorcerlas y jugar con ellas. La primera década de los 2000 supuso también los últimos coletazos de la moda de slashers adolescentes, que fue sustituida poco a poco por una nueva ola: el torture porn. Con ecos al grand guignol y al pionero del gore Herschell Gordon Lewis, este nuevo subgénero pone la casquería, auténtica protagonista de la función, en un primer plano en detrimento del psychokiller icónico.


2000

Scary Movie, de Keenen Ivory Wayans

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Scary Movie era el título original de Scream, vigila quién llama (Wes Craven, 1996), que en un principio iba a ser una parodia que se riera de los tópicos del cine de asesinos. Después de que Craven la convirtiera en una película de terror que, sin renunciar a su espíritu revisionista, revolucionó el género y reventó la taquilla con varias secuelas, Bob Weinstein (hermano de Harvey y responsable de Dimension Films, filial de Miramax) decidió seguir explotando su gallina de los huevos de oro retomando la idea de parodia y utilizando como base todo el cine de terror adolescente de la época. Scary Movie tomaba como estructura a Scream y Sé lo que hicisteis el ultimo verano (Jim Gillespie, 1997), pero hacía guiños a culquier elemento de la cultura popular que pudiese satirizar, desde Matrix (Hermanas Wachowski, 1999) hasta un anuncio de Budweiser (original y parodia). El formato se convirtió en otro bombazo comercial (merecidamente), dejando innumerables secuelas y spoof movies, que fueron perdiendo calidad hasta convertirse en sinónimos de películas infames.

Otros slashers a recordar:

  • Destino final, de James Wong. Para mí, el slasher del año. Si no lo destaco como tal es porque su asesino (la mismísima Muerte) genera bastantes debates sobre la pertenencia del filme al subgénero. Una vuelta de tuerca tan original como necesaria.
  • Scream 3, de Wes Craven. La fórmula se agota, pero Craven sigue manteniendo el nivel suficiente como para que sea disfrutable, volviendo a introducir el elemento metanarrativo entre la filmación de una película ficticia y la propia mitología de la saga.
  • Cherry Falls, de Geoffrey Wright. Alguien está asesinando a jóvenes vírgenes, así que los estudiantes deciden organizar una mega orgía para salvarse. Una pena que la película no está a la altura del mejor argumento de la historia del slasher.
  • El arte de morir, de Álvaro Fernández Armero. Mezcla irregular de slasher adolescente, thriller psicológico y policíaco, primer intento de “españolizar” el éxito en taquilla de las películas americanas.

2001

Jeepers Creepers, de Victor Salva

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Los astros se alinearon para que Victor Salva, un cineasta con una carrera plagada de cintas mediocres antes y después de esta película, lograra realizar la notable Jeepers Creepers. Puede que fuera simple suerte o que le viniera la inspiración durante un breve periodo de tiempo, el caso es que lo aprovechó. Lo que comienza como una road movie frenética al estilo El diablo sobre ruedas (Steven Spielberg, 1971) deriva en un slasher sobrenatural con un monstruoso villano, el Creeper, que encontró su hueco de psychokiller de segunda junto a personajes como Candyman o Leprechaun. Los efectos artesanales de maquillaje y el ambiente a episodio de Historias de la cripta (Steven Dodd, 1989-1996) hicieron las delicias de todo aficionado al terror. Después vinieron las secuelas, donde Salva volvió a desinflarse artísticamente.

Otros slashers a recordar:

  • Jason X, de James Isaac. La décima entrega de Viernes 13 nos transporta al año 2445, con Jason Voorhees siendo reanimado en una nave espacial. Es tan mamarracha, tan cutre, tan mala… que es divertidísima.
  • Tuno negro, de Pedro Barbero y Vicente J. Martín. La más popular de las películas españolas influenciadas por el slasher adolescente americano, y quizá por eso la que más odio injustificado recibe. Vista sin prejuicios, está claro que una peli con un tuno asesino y Jorge Sanz no va a ganar el Goya, pero cumple con su cometido de entretener con creces.
  • School Killer, de Carlos Gil. Otro slasher español queriendo parecer americano, en esta ocasión con Paul Naschy. Infumable.

2002

Halloween: Resurrection, de Rick Rosenthal

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2002 es otro de esos años en los que el género se tomó un descanso, y no nos queda otra que romper (otra vez) nuestra regla de no destacar secuelas para hablar de Halloween: Resurrection, el único slasher mínimamente interesante de ese año. Secuela directa de Halloween H20 (Steve Miner, 1998), que había tenido un éxito considerable en taquilla gracias al regreso de Jamie Lee Curtis a la franquicia, Michael Myers vuelve a ser exprimido en una pésima entrega que recogió algunas de las peores críticas de la franquicia. Curtis aparece unos minutos para recoger su cheque y les deja el marrón a un joven reparto, encabezado por los afroamericanos Tyra Banks y Busta Rhymes, de dotes interpretativas más bien pobres. Pero detrás de la saga estaban Bob Weinstein y Dimension Films, y no iban a tirar la toalla con uno de sus personajes más preciados, como veremos más adelante…


2003

Alta tensión, de Alexandre Aja

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Después de un año de sequía vino un auténtico tsunami de propuestas meritorias. 2003 fue el año en el que, por fin, Freddy y Jason se enfrentaron en la pantalla grande. También tuvo lugar el debut en el largometraje de Rob Zombie, una figura importantísima para el presente del subgénero, y el primer remake de un clásico como La matanza de Texas. Sin embargo, hemos optado por destacar una de las representantes más significativas del movimiento llamado “Nuevo extremismo francés” o New French Extremity, Alta tensión. Alexandre Aja se daba a conocer al mundo con su segundo largometraje, el enfrentamiento entre Marie (Cécile De France) y un brutal asesino que va dejando un reguero de sangre en su persecución. Su polémico final (para algunos un giro genial, para otros un plagio descarado) no hace más que redondear un slasher de manual.

Otros slashers a recordar:

  • Freddy contra Jason, de Ronny Yu. Decepcionante encuentro entre los dos asesinos en serie más famosos (posiblemente) de la historia del cine, sobre todo porque sus víctimas, un grupo de jóvenes (con la cantante Kelly Rowland encabezando el reparto) que no pueden dormir ni permanecer despiertos, son desesperantes. Guion más digno de un fanfic que de una gran producción. Aun así, verlos juntos en el duelo final fue una auténtica gozada.
  • La casa de los 1000 cadáveres, de Rob Zombie. El líder del extinto grupo White Zombie ya apuntaba maneras como director de los videoclips de la banda, y su salto al largometraje confirmó su talento. Suciedad setentera al estilo Hooper en una película que bebe mucho de la primera matanza de Texas, la Familia de Charles Manson y la estética satanista.
  • La matanza de Texas, de Marcus Nispel. Después de las secuelas, las grandes franquicias del slasher dieron el siguiente paso: el remake. Leatherface fue el primero, y quizá el que salió mejor parado. Esta nueva visión del clásico de 1974 se adaptaba a los tiempos modernos de manera más que aceptable sin perder el espíritu original.
  • Km 666: Desvío al infierno, de Rob Schmidt. Remake inconfeso de Las colinas tienen ojos (Wes Craven, 1977), supera a ésta y al remake oficial de Alexandre Aja (la casualidad) de 2006, donde mutantes caníbales persiguen adolescentes por el bosque. Producida por el maestro de los efectos especiales Stan Winston, sabe entretener, asustar, intrigar y divertir. Inició una saga que lleva ya 6 entregas.
  • Más de mil cámaras velan por tu seguridad, de David Alonso. No sabemos si es un slasher, porque ni la propia película tiene muy claro qué diantres es. No tiene ningún sentido, lo que sí tiene es al Quimi (Antonio Hortelano) de Compañeros (Manuel Ríos San Martín, 1998-2002) como protagonista, así que se estrenó en salas. Y no devolvieron el dinero ni nada.

2004

Saw, de James Wan

Tras el aluvión de 2003, en 2004 llegó otra vez la calma en el slasher. Se podría considerar un año de transición tras el intento de “modernizar” a los mitos del género con Freddy contra Jason y el remake de La matanza de Texas. Las nuevas generaciones requerían material más salvaje, como bien demostraba la New French Extremity, y un nuevo subgénero supo llevar al sangriento splatter de los autocines de los 80 a las grandes salas comerciales de los 2000: el torture porn. Saw, dirigida por James Wan y guionizada por Leigh Whannell, fue una de sus precursoras. Llamado así por la similitud con las películas porno que “van a lo que van”, sin mucha historia de por medio, el torture porn se lo jugaba todo a un gore cada vez más extremo y gráfico, planteando una retahíla de muertes salvajemente originales cuya justificación era lo de menos. Una etiqueta que menosprecia, en cierto sentido, el gran trabajo narrativo detrás de Saw, ejemplificado en un giro final que en su día tuvo una repercusión a la altura del de El sexto sentido (M. Night Shyamalan, 1999). Saw es, a día de hoy, una de las sagas de terror más longevas (8 entregas y un spin off) y la más taquillera de la historia, además de crear un nuevo mito del horror moderno con el personaje del asesino Jigsaw. Pero, ¿es un slasher? Bueno, hay un psychokiller moralista que se oculta tras una pantalla en vez de una máscara (y que, entrega tras entrega, regresa como si fuera inmortal) y víctimas que van muriendo una a una con un modus operandi reconocible y sangriento. Yo diría que sí.

Otros slashers a recordar:

  • La semilla de Chucky, de Don Mancini. El guionista y co-creador de toda la saga El muñeco diabólico, Don Mancini, toma las riendas de su personaje por primera vez como director y entrega la que, posiblemente, sea la película más floja de la franquicia. Bromas sobre el estilo de vida de Hollywood y referencias al Glen o Glenda de Ed Wood (1953), se queda a medio camino entre la comedia y el horror, sin funcionar en ninguno de los dos géneros. Chucky toca fondo.
  • La masacre de Toolbox, de Tobe Hooper. Lejos quedaban los tiempos de sus mejores películas, y Hooper iba vagando por producciones de bajo presupuesto hasta que dio con este remake de El asesino de la caja de herramientas (Dennis Donnelly, 1979). Una película sin más interés que ser la primera que protagonizaba Angela Bettis tras la recomendable May, ¿quieres ser mi amigo? (Lucky McKee, 2002), y poder ver a Sheri Moon Zombie en su único papel (pequeñito) alejada del cine de su marido Rob Zombie.
  • Rojo sangre, de Christian Molina. Jacinto Molina, mejor conocido como Paul Naschy, protagoniza, guioniza y cede la silla de director a su hijo Christian para esta especie de remake inconfeso de Matar o no matar, éste es el problema (Douglas Hickox, 1973) en el que su personaje se dedica a asesinar a críticos, actores y directores de pacotilla que no aprecian su experimentado talento. Nos quedamos con la de Vincent Price.

2005

Wolf Creek, de Greg McLean

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Entre el auge del torture porn, los remakes y un par de incursiones españolas en el subgénero, Australia presentaba su candidatura al trono del slasher en 2005 con el debut de Greg McLean, Wolf Creek. Basada libremente en Ivan Milat, el “asesino de mochileros” que dejó 7 cadáveres en las inmediaciones del bosque australiano de Belanglo entre 1991 y 1993, no hay nada original en un argumento que bebe del terror rural diurno de La matanza de Texas y similares. Sin embargo, el trabajo de McLean es notable a la hora de presentar una historia mil veces vista de una manera tan realista, violenta y, a la postre, terrorífica. Todo con la inestimable ayuda de John Jarratt, que interpreta al australiano más habilidoso con un cuchillo en la mano desde Paul Hogan en Cocodrilo Dundee (Peter Faiman, 1986), el granjero “hospitalario” Mick Taylor. Jarratt también protagonizó la secuela, Wolf Creek 2 (2013), y una serie homónima de dos temporadas entre 2016 y 2017. Ambos trabajos fueron dirigidos también por McLean.

Otros slashers a recordar:

  • Hostel, de Eli Roth. El máximo exponente del torture porn. Producida por Quentin Tarantino (dato que se usó como gancho publicitario), la película escrita y dirigida por Roth mostraba cómo un grupo de millonarios regentaba un “club del asesinato” sin consecuencias penales en la Europa del Este, captando mochileros incomunicados para torturarles salvajemente y matarles de las maneras más atroces imaginables. Gore comercial en su punto más álgido. Curioso cameo de Takashi Miike. Su secuela de 2007 fue injustamente denostada, siendo incluso superior.
  • La casa de cera, de Jaume Collet-Serra. Remake actualizado de Los crímenes del museo de cera (André De Toth, 1953), el español Jaume Collet-Serra debuta convirtiendo el clásico protagonizado por Vincent Price en un slasher adolescente bobalicón plagado de caras conocidas del momento como Elisha Cuthbert, Jared Padalecki y Paris Hilton. Conociendo el panorama, se deja ver con gusto.
  • Cuento de Navidad, de Paco Plaza. Cinta encuadrada dentro del proyecto Películas para no dormir: 5 largometrajes rodados para televisión en homenaje a las Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador (1966-1982). En esta ocasión, Paco Plaza utiliza las leyendas urbanas y la nostalgia ochentera para filmar una de las mejores aportaciones patrias al slasher.
  • La Monja, de Luis de la Madrid. Dos líneas no son suficientes, así que aquí tenéis disponible nuestra crítica completa.

2006

Detrás de la máscara: El encumbramiento de Leslie Vernon, de Scott Glosserman

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Año bastante completo, como veremos un poco más abajo, pero dominado claramente por esta auténtica carta de amor y reconocimiento al género que es Detrás de la máscara: El encumbramiento de Leslie Vernon. Un falso documental sobre un adolescente que prepara su matanza imitando y homenajeando a los más grandes psychokillers de la historia, en un universo cinematográfico en el que coexisten Freddy Krueger, Jason Voorhees, Michael Myers y similares. Funciona como enciclopedia comprimida del slasher, repleta de guiños y cameos (Robert Englund y Kane Hodder, por ejemplo), y poco a poco va adquiriendo su merecido halo de culto tras pasar años desapercibida para el gran público. Hace casi un lustro que tenemos rumores sobre una secuela que nunca llega, pero que se nos antoja más que necesaria.

Otros slashers a recordar:

  • Las colinas tienen ojos, de Alexandre Aja. Remake de la película con mismo título dirigida por Wes Craven en 1977, supera con creces a su predecesora, puliendo su guion y añadiendo litros y litros de sangre y maquillajes prostéticos. La cima de la carrera de Aja.
  • Hatchet, de Adam Green. Slasher nostálgico con más ánimo de visitar el género que de revitalizarlo. Puedes leer aquí la crítica completa de la saga.
  • Cold Prey: Fanáticos del Snow, de Roar Uthaug. Detrás de un título desastrosamente traducido en España se encuentra el inicio de una trilogía noruega bastante solvente con un asesino, su hacha y su pasado oscuro rondando a unos esquiadores atrapados en un hotel de montaña. Merece la pena un vistazo.
  • La Central, de Francesc Giró. Desastre absoluto por todos los lados.

2007

Al interior, de Alexandre Bustillo y Julien Maury

El “Nuevo extremismo francés” ataque de nuevo, en esta ocasión con su muestra más salvaje hasta el momento y tomando como base a otro subgénero que se mezclaría con el slasher en las carteleras internacionales: el home invasion o “invasión doméstica” (este año también se estrenarían Ils (Ellos), de David Moreau y Xavier Palud, y Habitación sin salida, de Nimród Antal). El dúo formado por Alexandre Bustillo y Julien Maury nos presentan en À l’intérieur un macabro juego del gato y el ratón entre una violenta psicópata y una embarazada que tiene que resistir, sola en casa, los ataques de su agresora. Las tijeras y el baño lleno de sangre, inolvidables. En 2016 tuvo un remake español (aunque orientado al mercado internacional) titulado Inside, dirigido por Miguel Ángel Vivas.

Otros slashers a recordar:

  • Death Proof, de Quentin Tarantino. Aunque pueda parecer extraño, el segmento de Tarantino dentro del díptico Grindhouse no deja de ser un slasher en el que Mad Mike (Kurt Russell) rastrea y asesina a jovencitas persiguiéndolas con su arma más mortífera: un coche de acrobacias. Incluso cuenta con su final girl.
  • Halloween, de Rob Zombie. Zombie compartía su visión del mito de Michael Myers en una adaptación que no terminó de gustar a su creador original, John Carpenter, al humanizar en exceso a su protagonista, un icono que debería ser la personificación del mal rayando (o sobrepasando) lo sobrenatural. Visión purista aparte, gran slasher que ahondó todavía más por esta vía en su infravalorada secuela de 2009.
  • Carretera al infierno, de Dave Meyers. Sabe unir los aciertos del original y al mismo tiempo darle una vueltita para que resulte fresca y diferente. Sean Bean no desmerece al asesino interpretado por Rutger Hauer en 1986, en la película orquestada por Robert Harmon.

2008

The Horribly Slow Murderer with the Extremely Inefficient Weapon, de Richard Gale

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Some murders… take seconds. Others… takes minutes. Some murders.. take hours. Now, this murder… takes years…“. Sorprendentemente, el mejor slasher de 2008 es un cortometraje. Quizá uno de los más virales de la década pasada. The Horribly Slow Murderer with the Extremely Inefficient Weapon es… Bueno. Mejor Vedlo.

Otros slashers a recordar:

  • Los extraños, de Bryan Bertino. Home invasion de manual, siguiendo la estela de los mencionados el año pasado y sentando las bases para futuros éxitos de taquilla como la saga de La purga: La noche de las bestias (James DeMonaco, 2013). Sin embrargo, inferior a todas ellas.

2009

The Collector, de Marcus Dunstan

Jason Voorhes volvió, en forma de remake, y desde entonces seguimos esperándole. Marcus Nispel probór suerte en Viernes 13 tras acertar con su visión de Leatherface en La matanza de Texas (2003), pero fracasó estrepitosamente al intentar revitalizar la figura del asesino más famoso de Crystal Lake. Mitos aparte, The Collector supuso una nueva visión del género al proponer un escenario en el que la víctima (Josh Stewart) queda atrapada con su verdugo sin que éste lo sepa, cambiando las tornas del juego para intentar escapar sin ser detectado. Marcus Dunstan, guionista de gran parte de la saga Saw, debutaba en la dirección iniciando una trilogía junto a la también notable The Collection (2012) y The Collected, prevista para 2020.

Otros slashers a recordar:

  • Viernes 13, de Marcus Nispel. Como decíamos antes, remake fallido que puso a Jason en el congelador cinematográfico hasta nuestros días, esperando a que alguien, seguramente más pronto que tarde, lo vuelva a resucitar.
  • Jennifer’s Body, de Karyn Kusama. Joya tremendamente infravalorada en forma de slasher sobrenatural con una espeluznante y convincente Megan Fox en el papel de súcubo asesina. Funciona como película de terror y como parodia del cine de hormonas adolescentes que se estilaba a principios de los 2000. Repasad la filmografía de Kusama, sobre todo La invitación (2015). De nada.
  • The Loved Ones, de Sean Byrne. Otra película a redescubrir en el género de “nerds buscan venganza en el instituto”, y otro director maltratado por la industria. La segunda y última película hasta el momento de Byrne, The Devil’s Candy (2015), mezcla también elementos del slasher con una trama sobrenatural y es todavía mejor que esta.
  • Colinas sangrientas, de Dave Parker. Rebuscando entre el puñado de slashers nostálgicos que van directos al mercado doméstico cada año, Colinas sangrientas puede ser fácilmente el más completo de todos en esta década. No inventa nada, pero tiene todos los elementos para ser más que entretenido incluyendo a Babyface, su resultón asesino en serie.

< Haz clic aquí para leer la PARTE II

 

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