CRISTAL OSCURO: LA ERA DE LA RESISTENCIA

Impulso a la fantasía

 “Quienquiera que cultive la fantasía en el arte está un poco loco. Su problema estriba en hacer interesante su locura”. En palabras del mismísimo Truffaut, hacer mágico lo anodino, bello lo lúgubre o épico lo vulgar sólo está al alcance de un puñado de chiflados. Las epopeyas narradas por Tolkien en su Tierra Media no eran más que pura divagación lunática, exquisita y detallada de las mitologías europeas que iba recopilando como lingüista. Aliñadas, en cualquiera de los casos, con su propio haber e ilusionismo. Todas las fantasías se deben lealtad. Quizás porque el proceso creativo, sus códigos y creación de personajes, son sumamente similares. Sea como fuere, donde reside su perspicacia es en la forma de narrarlas. No es lo mismo acurrucarse en la cama bajo las fabulas de un padre o una madre que ante un mamotreto como El Silmarillion (1977, J.R.R Tolkien). Al menos, no cuando eres un tierno infante.

 Cualquiera que se haya iniciado en la fantasía necesita un pequeño empujoncito. No podemos caer de pronto en un mundo paralelo sin el cariño de las fabulas o cuentos. Es por ello que historias como las del universo de Cristal Oscuro son un camino sólido para iniciarse al mundo de la fantasía. Jim Henson tenía esa perspicacia que sólo algunos escritores de la talla de L. Frank Baum, autor de los 13 libros originales sobre la tierra de Oz, pueden perpetrar en sus historias: Unificar el mundo adulto e infantil con relatos universales, repletos de valores molares indisolubles para cualquier tramo de nuestra vida. Su trabajo televisivo como experto titiritero en Barrio Sésamo (1969 – Actualidad) y posteriormente en El Show de los Teleñecos (1976-1981), le valdrían de preámbulo para la que posiblemente sea su obra cinematográfica más personal y tétrica: Cristal Oscuro (1982).

 Thra es un mundo atestado por las sombras, como Narnia, la Tierra Media o Fantasía. Algo ha quebrado, algo se ha corrompido. El mal ha despertado de su letargo y un joven héroe debe ser paladín de lo correcto para restaurar de nuevo el equilibrio. Un preámbulo bastante anodino y reiterado pero que en la cinta dirigida por Henson y Frank Oz adquiere, en sus formas plásticas, matices exquisitos. Pocos piropos se pueden enumerar hacía este clásico de culto. Es por ello que hoy es digno centrarse en el legado de su historia que, tras casi 40 años de hibernación y sin Henson entre nosotros, resucita para devolvernos a las pestañas parpadeos cargados de nostalgia.

Cristal Oscuro: La era de la resistencia (2019) es una pieza asombrosa. La apuesta de Netflix por un mundo manufacturado de marionetas y animatronics, sumerge, sin mostrar sus costuras, al fan acérrimo de nuevo en el mundo de Thra. Una incursión quizás más épica, vanguardista y bella que la cinta original. Palabras mayores para esta precuela, dado que la cinta de Henson era resolutiva, sobre el origen de los Gelflins, protagonistas de dicha historia. Una especie de elfos algo naifs que residen en un mundo dominado por dos criaturas misteriosas, los Skeksis y los Místicos. Personajes que deben lealtad a un todopoderoso Cristal que une y protege el equilibrio entre todas las cosas.

 Seguramente, lo más atractivo de esta serie conclusiva de 10 capítulos sean nuevamente los Skeksis, villanos redondos donde los haya. Los héroes y sus aventuras no serían nada sin grandes antagonistas. Los Skeksis son vomitivos por su naturaleza impía. Buitres jorobados en apariencia, egoístas y traicioneros en carisma, asquerosos y nauseabundos en cualquiera de sus escenas. Personajes construidos con sumo cuidado, rodeados de putrefacción, cargados de inseguridades y miedos, los cuales determinarán el devenir de su universo. Celebres son sus actos de presencia. Barrocos y viscosos, vemos en sus excentricidades una clara alusión al orden estamental. Los Skeksis copan la cabeza de este universo, hacinados en un siniestro castillo, perpetrando su inmortalidad y riquezas. A estos les siguen los Místicos, que en su superioridad moral se alejan como ascetas de lo mundano, inmunes a sus trivialidades y pesquisas. En medio de la cadena tenemos a los Gelflins, algo así como la burguesía o clase media, que rinden pleitesía a los Skeksis, pues estos son poseedores del Cristal que todo lo une. Los Gelflins se dividen en reinos, novedad respecto a la cinta original. Este arquetipo territorial se acerca a fantasías contemporáneas y totalmente efectistas entre el público como Juego de Tronos (2011 – 2019, HBO). Los matices políticos que adquiere la serie, algo coyuntural a la obra de George R. Martin, no eran revelados en el filme original. Cuestión que aporta profundidad, tanto moral como textual, a la serie. Por último, tenemos a los Podlings. Una clase obrera, incluso esclavizada, que nada tiene que hacer en esta historia excepto asumir las diatribas de los afincados en el poder. Básicamente son los bufones de la historia. Su desamparo y propia jerga les impiden comunicarse con el espectador. Matiz que genera gags tiernos e irrisorios, pero que postran una metáfora muy a tener en cuenta.

Por suerte, la serie dirigida y creada por Jeffrey Addiss Will Matthews y Louis Leterrier, enfunda este nuevo cuento con matices feministas y da oportunidades a personajes que, por cuestiones de tiempo y narrativa, no tenían espacio en el metraje de Henson y Oz como los Podlings. Las mujeres toman partido en la mayoría de las decisiones políticas que se dan en este universo, son letradas y aguerridas, lo cual no se contrapone con su feminidad. De hecho, incluso cuentan con ventajas físicas que no tienen los personajes masculinos. No por ello se relega a un género por otro. Cada personaje o criatura de Cristal Oscuro: La Era de la Resistencia halla su espacio. Humor, horror, épica y aventura se entremezclan para sumergirnos en el día a día de esta preciosista tierra y demostrarnos la riqueza de sus personajes.

 Parece increíble que Netflix haya apostado por un producto tan arriesgado y difícil de ejecutar. El audiovisual fantástico vive mermado por cromas y postproducciones engorrosas. Donde trilogías como El Señor de los Anillos (2001-2003, Peter Jackson) hicieron buen uso de la manufactura en la creación de sus personajes, algo troncal para visualizar la fantasía, trabajos posteriores del mismo universo como la trilogía de El Hobbit (2012 -2014, Peter Jackson) fueron corrompidos por esta económica tecnología. Los logros de esta nueva incursión recaen en retomar el testigo del material original sin desprestigiarlo, adscribirlos a una forma episódica, aportar narrativa y también encontrar nuevas formas de trabajo para la animatrónica y marionetas. Definiendo, de este modo, espacios visuales técnicamente imposibles en 1982.

 No caben pegas para algo realizado con amor, algo que intenta abrazar a tantas generaciones. Gracias a la banda sonora ejecutada por Daniel Pemberton y Samuel Sim, nos embaucamos a un mundo evasivo que no despega al espectador por su detallismo exquisito. Un regalo atípico e inesperado para fans del clásico y para todos esos niños que no han encontrado todavía sus botas para caminar por la fantasía. Seguramente la obra fantástica más celebre desde la trilogía de Jackson acerca del anillo único. Henson estaría orgulloso. Gracias Netflix, a veces tu locura debe ser aplaudida.


Cristal Oscuro: La Era de la Resistencia (The Dark Crystal: Age of Resistence, Estados Unidos, 2019)

Dirección: Jeffrey Addiss, Will Matthews, Louis Leterrier / Guion: Jeffrey Addiss, Will Matthews, Javier Grillo-Marxuach, Richard Elliot, Simon Racioppa, J.M. Lee, Kari Drake, Margaret Dunlap, Vivian Le/ Producción: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido; Jim Henson Company / Netflix. Distribuida por Netflix/ Fotografía: Animación,Erik WilsonMontaje: Kate Baird, Jesse Parker, Andrew MacRitchie/ Diseño de Producción: Gavin Bocquet/ Música: Daniel Pemberton, Samuel Sim / Reparto: Animación

 

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