HOPE
El porqué de lo «mal hecho»
Hope Harbour es la localidad ficticia de la costa coreana donde transcurre Hope (2026), el cuarto largometraje de Na Hong-jin. La elección del nombre del pueblo, propio de un poblado del lejano Oeste, el significado de la palabra hope (“esperanza”) y la elección de su situación geográfica (convenientemente aclarada en los primeros planos de la película), cerca de la zona desmilitarizada de la frontera con Corea del Norte, una de las zonas geopolíticamente más conflictivas del mundo, son toda una declaración de intenciones: la desgracia llegará pronto a Hope.
En tan determinado escenario arranca la película, cuando unos cazadores avisan al jefe de la policía local, Bum-seok (Hwang Jung-min), de que han encontrado una res brutalmente despedazada a las afueras del pueblo. Parece que anda suelta por la zona una fiera de enormes dimensiones. ¿Un oso? ¿Un tigre? Mientras los cazadores se internan en el bosque para darle caza, Bum-seok regresa a toda prisa al pueblo para poner a salvo a sus habitantes. A partir de ahí, la película se desdobla en dos relatos que avanzan en paralelo, a ritmos distintos, hasta confluir en el último acto. Por un lado, en el bosque, los cazadores viven una aventura a medio camino entre la caza salvaje de Depredador (John McTiernan, 1987) y Aliens, el regreso (James Cameron, 1986), con las babas del alien cayendo sobre el rostro del protagonista y una nave cuyo diseño debe tanto a H. R. Giger que cuesta hablar de simple homenaje. Por otro lado, en las calles de Hope Harbour, Bum-seok y su compañera Sung-ae (Jung Ho-yeon) buscan a la criatura recorriendo el terreno del thriller policiaco, por el que Na Hong-jin ya había hecho transitar a los protagonistas de The Chaser (2008) y El extraño (2016) con la misma paradójica comicidad de asombrosa solvencia.

La historia de Hope la hemos visto mil veces: el cazador convertido en presa, la ambigüedad moral de los buenos no tan buenos y los malos no tan malos, los desconocidos propósitos de esta nueva invasión alienígena… Pero no estamos tan acostumbrados a ver cine policiaco y de acción filmado con la destreza con la que lo hace Na Hong-jin. La primera hora de película es toda una lección del manejo del tempo del cine. Cuando Bum-seok regresa al pueblo tras su reunión con los cazadores, Na Hong-jin nos hace recorrer con él las calles desiertas de Hope. Vemos los estragos que ha causado la bestia y, a lo lejos, con precisa utilización de la profundidad de campo, los intentos de darle caza entre explosiones, casas que vuelan por los aires y cuerpos que salen despedidos. Y mientras el policía, aterrorizado, se pregunta qué está ocurriendo, nosotros comenzamos a imaginar el tamaño y el aspecto de un monstruo capaz de acabar así con un pueblo entero.
Uno de los recursos del cine de terror consiste en desvelar el aspecto del monstruo cuando el metraje está ya avanzado. En Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), por ejemplo, vemos por primera vez a la criatura adulta en el minuto 68. Esa demora permite al espectador anticipar el miedo mientras imagina su aspecto. De ahí que la aparición del monstruo en pantalla sea uno de los momentos clave del género. Es entonces cuando descubrimos si la criatura puede darnos tanto miedo como esperábamos. En los grandes títulos de terror, como la citada Alien, esas expectativas se cumplen con creces. Pero son mucho más frecuentes los casos en los que la criatura que hemos imaginado da bastante más miedo que la que por fin asoma en la pantalla. En Hope, la distancia entre la bestia imaginada y la que al fin se materializa resulta casi cómica. El cartel ya anunciaba el origen extraterrestre de la criatura, pero lo sorprendente, cuando por fin la vemos, es comprobar hasta qué punto se parece a nosotros, tanto por su anatomía, que reproduce a gran escala la figura humana, como por su comportamiento, que incluye gestos tan humanos como el llanto de origen emocional. Además, su modelado digital, bien visible en cada gesto, en cada movimiento, termina de darle un aire de personaje de videojuego que dificulta el tomárselo en serio.
Cuesta creer que el decepcionante resultado de la criatura presentada se deba a un error de concepto, a la ineptitud de los diseñadores involucrados en el proyecto o a una carencia de recursos técnicos, sobre todo conociendo el buen oficio de Na Hong-jin y sabiendo además que para la producción de Hope contó con el presupuesto más alto de la historia del cine coreano. La elección de un monstruo de factura tan irreal solo puede responder al deseo del cineasta de que percibamos la intervención del cine en toda su plenitud. Sea como homenaje al séptimo arte o a modo de parodia, no estamos viendo la historia de una invasión alienígena: estamos viendo una película sobre una invasión alienígena. Los trucos están sobre la mesa. Estos alienígenas no existen ni pueden existir. Los cuerpos que el alienígena lanza por los aires se elevan metros y metros y, tras la caída y apenas unos segundos de aturdimiento, los personajes se levantan y reanudan la carrera como si nada hubiera pasado. La exageración es tal que resulta imposible percibir la escena como real. Na Hong-jin presenta a estos alienígenas “mal hechos” porque quiere que seamos conscientes, en cada gesto, de que nada de esto puede suceder, de que estamos viendo un artificio. Un puro espectáculo.
Y de espectáculo Hope tiene mucho. Las persecuciones en coche y la caza del alien por las calles del pueblo son trepidantes, filmadas a gran velocidad y con una fluidez extraordinaria. La manera en que la cámara sigue los derrapes del coche patrulla transmite una sensación de velocidad muy realista: cuando los policías frenan en seco para cambiar de sentido, la cámara sigue avanzando con el espectador y los dejamos atrás aumentando la sensación de velocidad. Con esa misma fluidez encadena Na Hong-jin los tiroteos, las explosiones y los asaltos a edificios vacíos (o no tan vacíos). Y, como broche, cuando los caballos se suman a la persecución definitiva por una carretera de montaña desierta, hasta tiene cabida, en mitad de una cacería de extraterrestres, el clásico salto del jinete a la diligencia (al fin y al cabo, el pueblo se llamaba Hope Harbour).
El cine de acción es el terreno del espectador proyectivo o, mejor dicho, de la versión proyectiva de cualquiera de nosotros como espectadores. Es uno de los hábitats predilectos de este tipo de espectador, o de esta manera de ver el cine, que se entrega ciegamente a la vivencia emocional sin pararse a reflexionar, como lo describen Mendiola y Hernández en la clasificación de la madurez crítica del espectador cinematográfico que proponen en su Manual de apreciación cinematográfica (2020). Este tipo de cine está hecho para que el espectador lo consuma, lo disfrute y lo olvide. La pirotecnia y la velocidad se imponen a las historias, a menudo tan simples que ofenden, y llevan al espectador a un estado de encefalograma plano que le permite entrar en el mundo de la película, abandonarse al disfrute sensorial y no darle más vueltas a lo visto una vez que aparecen los títulos de crédito. Hope es una muy brillante película de acción que cuenta una historia simple, muy simple (que, de hecho, empeora cuando, en un amago de darle profundidad, se incorpora el punto de vista del alienígena). La gran diferencia entre Hope y otros títulos de acción es que Na Hong-jin no quiere que entremos en la historia. No quiere que seamos espectadores proyectivos de su película. No quiere que simplemente nos dejemos llevar. Basta con que uno de esos cuerpos que la bestia ha lanzado por los aires se sacuda el polvo y eche a correr de nuevo para sacarnos de la película. Basta con ver el aspecto digital, los movimientos artificiales del alienígena para que dejemos de creer en él. Pero, sin embargo, seguimos pendientes de la persecución y seguimos disfrutándola, aunque solo sea por el gusto de ver cómo la filma Na Hong-jin. Y en ese gusto por la manera de filmar, en ese “fijarnos en el cómo”, ya hay algo (mucho) de espectador reflexivo. Y así, en Hope, encontramos la invitación encubierta de Na Hong-jin a hacernos madurar como espectadores.
Hope (Hopeu, Corea del Sur, 2026)
Dirección: Na Hong-jin / Guion: Na Hong-jin / Fotografía: Hong Kyung-pyo / Música: Michael Abels / Producción: Na Hong-jin, Saemi Kim / Reparto: Hwang Jung-min, Jo In-sung, Hoyeon Jung, Alicia Vikander, Michael Fassbender, Taylor Russell, Cameron Britton / Duración: 157 min
