Festivales

CRÓNICA ZABALTEGUI FESTIAL SAN SEBASTIAN 2026

Afilar la mirada

Zabaltegui. Revista Mutaciones

Zabaltegi-Tabakalera se presenta como la sección más abierta dentro de la 74ª edición del Festival de San Sebastián. Un espacio que da cabida al riesgo y a la experimentación formal en uno de los festivales más atravesados por la industria cinematográfica del panorama nacional. Autores de trayectoria ya reconocida, como es el caso de Radu Jude, Isaki Lacuesta, Lee Chang-Dong o Tsai Ming-Liang suelen tener una presencia dominante en esta sección paralela. Mezclando cortometrajes con largometrajes y en esta edición, una sesión performática, pareciera que el riesgo residiera en la duración o el dispositivo elegido y no tanto en abrir el circuito de festivales de clase A a nuevas miradas o circuitos. Así, la apuesta de Zabaltegi pareciera orientarse hacia la consagración de los autores, rescatar la cosecha de los otros grandes festivales, aquellos que no han encontrado un sitio en Perlak, para poder cargarse de cine autoral. Esta apertura parece pues, ser más conciliadora que disruptiva, con una serie de títulos que, si bien plantean cuestiones interesantes, no proponen una contralectura férrea a la línea curatorial a la que nos tiene acostumbrados el Zinemaldia.

La película inaugural de la sección, Pedro en el país (María Alché y Benjamín Naishtat, 2026), proponía precisamente un minimalismo de las formas. Filmando desde diferentes ángulos a Pedro Catella mientras relata los acontecimientos más importantes de su propia vida, la sobriedad plantea cuestiones sobre el relato y la presencia en relación a la memoria histórica y el testimonio político. Algo similar ocurre en las otras dos propuestas argentinas, muestras de un cine en peligro de extinción por la censura ultraderechista que precisamente no para de cuestionarse sobre los tiempos convulsos y la memoria histórica. En A veces me entra tristeza, otras veces rebelión (María Aparicio, 2026) el deambular se convierte en una forma de habitar el mundo, en el encuentro está el reconocimiento frente al otro. Dos personalidades intelectuales (una conocida actriz, interpretada por Eva Bianco, y un historiador [Roger Koza]) se cuestionan su papel frente al mundo y su responsabilidad frente a los otros. La presencia omnisciente de Juan Bialet Massé, la figura que investiga el personaje de Koza, introduce la conciencia de clase en los personajes, así como las condiciones de vida de la clase obrera. Un espíritu como el de Rubén Santantonín, que también atraviesa El fantasma (David Lamelas e Ignacio Masllorens, 2026), y que dejó objetos que ya no existen, que solo quedan en el recuerdo. Las tres películas operan siguiendo el rastro de la memoria histórica y la memoria evocada, en un diálogo con el presente, el pasado y la creación. 

Zabaltegui. Revista Mutaciones

Esta contención, esta elipsis y austeridad del lenguaje, contrastan con la ganadora del premio Zabaltegi-Tabakalera, Teenage Sex and Death at Camp Miasma (2026). En la obra de Jane Schoenbrun las formas revientan, estallan como chorros de sangre en diferentes direcciones. Una exploración meta del cine de terror y el slasher sobre los cuerpos queer y la identificación con el cuerpo ajeno. Sobre una puesta en escena en la que la teoría sobre el cine se abren las entrañas de la disociación en el sexo, la dismorfia o la monstruosidad asociadas a la representación queer para hablar del deseo o la imposibilidad del mismo. Si Julia Kristeva establecía la carne como la frontera entre lo monstruoso y la feminidad, Schoenbrun saca el interior del cuerpo hacia fuera y convierte los fluidos y la carne en la fuente bibliográfica. El cuerpo como lugar de tensión, como identidad y territorio. En este lugar común van a parar otras muchas películas de Zabaltegi-Tabakalera. Los cortometrajes Someday a child (Marie-Rose Osta, 2026) y Para los contrincantes (Federico Luis, 2026) exploran el cuerpo infantil, bien sea a través del boxeo, un deporte de fluidos y fisicidad o a través de poderes telequinéticos que generan conflictos en el entorno. La cámara angular funciona como una extensión de los niños que escalan por las montañas rocosas del Mediterráneo en Les roches rouges (Bruno Dumont, 2026), mientras que el cuerpo es un espacio político y de resistencia en With Love and Rage (Bojina Panayotova, 2026). La directora usa la voz en off para incluirse físicamente en el material de archivo de las protestas feministas de los años 80, salvando la distancia temporal a través de la voz, también presente en Plan Contraplan (Radu Jude, 2026), que reflexiona sobre qué vida hay detrás de cada imagen que se toma. Y en este viaje a través de lo físico y la presencia aparece quien probablemente más haya reflejado el peso del tiempo sobre el cuerpo en el cine contemporáneo, Tsai Ming-Liang. Con la nueva entrega de su serie El Caminante, La deriva (2026), el montaje externo cobra una presencia más deliberada que en sus entregas anteriores, esta vez retratando los espacios encontrados en la provincia de Gipuzkoa y la geografía de sus rostros. 

Zabaltegui. Revista Mutaciones

La voz como rastro de la presencia aparece también en dos de las propuestas españolas de esta edición del festival. Meritxell Colell sigue a una artista sonora que investiga las lenguas en peligro de extinción en los Andes peruanos en Lejos de los árboles (2026). Aquí, la memoria y el cuerpo se salen de lo antropomórfico: los árboles, los paisajes y la tierra son contenedores del lenguaje y de la interconectividad del lenguaje que estas establecen con sus ecosistemas. La palabra se usa como objeto y también como sonido, explorando todas sus posibles vertientes visuales y físicas. Por su parte, Oskar Alegría toma la palabra en euskera, la retuerce y la repite durante catorce noches, las mismas que los catorce apóstoles de Oteiza. En Hamalau Gau (2026), el viaje sonoro del pianista frente al instrumento se convierte en palabra aquí al servicio de la poética. Y la poesía puede no estar al servicio de nada, esa nada en la que quizá se pierde este aperturismo de Zabaltegi que no siempre consigue materializarse, demasiado aferrado a formas manidas, discursos heredados y de un lastre industrial que parece incapaz de desprenderse.

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