EL EXTRANJERO
Esclava del existencialismo, un abrazo a lo absurdo
«Mamá se ha muerto hoy. O puede que ayer, no lo sé. He recibido un telegrama del asilo: “Madre fallecida. Entierro mañana. Sentido pésame”. No quiere decir nada. A lo mejor fue ayer». Han pasado 84 años desde que Albert Camus comenzara así su primera novela. Ocho décadas en las que El extranjero no ha estado exenta de ser sujeto de estudio e investigaciones para el mundo de la literatura y la filosofía; siguiendo esta estela François Ozon presentó en el Festival de Venecia la adaptación de esta lectura, titulada El extranjero (L’Étranger).

La obra, considerada un elemento fundamental para entender el existencialismo y la corriente filosófica de su autor conocida como el absurdo, está protagonizada por un joven de Argel llamado Meursault (Benjamin Voisin). Este representa la apatía y la indolencia de una sociedad torturada todavía por las consecuencias de la Gran Guerra y el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, en un momento en que las tropas alemanas se extendían por toda Europa, alcanzando el territorio galo.
La primera decisión autoral de Ozon para transportarnos a esa desazón y desinterés en los que vive el joven de Argel es a través de una fotografía pulcra y apagada, adaptada a una escala exenta de color, donde las virtuosidades y las habilidades deben reflejarse mediante un blanco y negro sencillo, pero interesante. Es llamativo cómo la luz remitida directamente por el sol consigue hacer mella en el espectador, casi cegándolo por el gran contraste que genera con toda la representación de la obra. Haciéndonos experimentar la molestia sufrida por el protagonista.
Más allá de esto, la adaptación que hace Ozon del texto de Camus es muy fiel. Demasiado. Prácticamente traslada, en lo que el medio le permite, la novela del escritor nacido en Argelia a la gran pantalla. El mayor cambio que introduce es la estructura de la que le dota. El cineasta revela desde el comienzo dónde pasará sus últimos días Meursault, el acto que lo condenó a estar ahí y, de esta forma, el icónico comienzo del escrito con el que se iniciaba este texto queda relegado a un momento en el que la trama está algo más desarrollada.

Esta nueva configuración no es la primera vez que se ve. Luchino Visconti en El extranjero (Lo straniero, 1967), ya plasmaba la historia de esta manera. A diferencia de esta, el largometraje de Ozon queda encorsetado en las líneas que una vez escribió Camus, dando como resultado un texto fílmico carente de alma, que parece ahogarse en el absurdo de la vida del que tantas veces escribió el autor de la obra original; o el propio Visconti, queadaptó Noches blancas (Le notti bianche, 1957), obra clave de Dostoyevski y esta misma corriente.
En el momento actual, en el que esta situación política tan convulsa y el asentamiento de la ultraderecha está cada día más normalizado, el cineasta francés decide llevar a la gran pantalla este reflejo de la sociedad abandonada y desganada. En una época en la que a la gran mayoría de personas con relevancia parece darle pánico posicionarse dentro de algún “ismo” que no sea el del sionismo, rentismo o trumpismo, Ozon trae de vuelta esta historia nacida de uno de los momentos más bajos y deprimentes de la historia para reinterpretarla, aunque se haya convertido en un preso de la literalidad.
El extranjero (L’Étranger, Francia, 2025)
Dirección: François Ozon / Guion: François Ozon / Música: Fatima Al Qadiri / Fotografía: Manuel Dacosse / Productoras: Foz, Gaumont, France 2 Cinema, Macassar Productions, Scope Pictures y Canal+ / Interpretación: Benjamin Voisin, Rebecca Marder, Pierre Lottin, Danis Lavant, Swann Arlaud…
