LAS CHICAS DEL BALCÓN
La eyaculación de esa trituradora llamada cine
La primera secuencia de Las chicas del balcón (Noémie Merlant, 2024) comienza con una voz en off informando sobre las altas temperaturas que albergará el verano marsellés. Simultáneamente, la cámara comienza a moverse entre las fachadas de distintos bloques de pisos, de los que únicamente se presentan sus terrazas o, en ausencia, ventanas. En ellas, distintas mujeres toman el sol con las piernas descubiertas, bailan o un niño hace el pino. Poco a poco, mediante un travelling de acercamiento, la lente se introduce en uno de esos miradores. Allí, el rostro magullado de una mujer, Denise (Nadège Beausson-Diagne), espera para seguir siendo humillada por su marido. Sin embargo, tras someterse por última vez a sus patadas e improperios, pasa a la acción. Con una pala como arma y a los ojos de dios, le golpea por la espalda. El varón cae al suelo. Game over. Acto seguido, la cámara se desplaza hacia el cielo y comienza a dar vueltas sobre sí misma, ejecutando varios giros de 360 grados.

La atención muta de balcón; ahora, Nicole (Sanda Codreanu), trata de sacar adelante un relato. Denise no tarda en llegar y contarle, no sin risas y aliviada, lo que acaba de suceder. Merlant, antes directora de Mi iubita, mon amour (2021) y protagonista de, entre otras, Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma, 2019), ya lo ha dejado claro: su intención pasa por invertir esa realidad, convertir a las damnificadas del patriarcado y la violencia machista en mujeres vengativas que disfrutan así de su autodeterminación, al mismo tiempo que establece un tono que durante los próximos 104 minutos se debatirá entre el desenfreno, el histrionismo y, por supuesto, el terror.

Clara muestra de ello es la evolución de Elise (Noémie Merlant). Comenzando en un lugar que juega abiertamente con la figura de Marilyn Monroe, la torpeza femenina y la dependencia afectiva de la pareja -llega estrellando su coche y sumida en una discusión doméstica-, que pese a ser capaz de trascenderla desde un primer momento irá abandonando progresivamente a lo largo de la cinta (deja de contestar sus llamadas y el pelo rubio se revela como una fachada). Es en sus carreras, en sus gritos de excitación ante el empalamiento o la amputación de turno, en su reacción a su condición de víctima de violencia sexual en la que se convierte, pero ante la que no cede, y el poder de decisión sobre su cuerpo -estas dos últimas cuestiones las comparte con Ruby (Souheila Yacoub), quien reacciona a su propia violación con el asesinato y es webcammer erótica por cuenta propia- lo que erigirá el discurso de un filme que tan pronto juega a los falsos planos secuencia de Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (Alejandro G. Iñárritu, 2014) como que rinde homenaje al Billy Wilder de Con faldas y a lo loco (1959) -la huida en la lancha motora-. O que de pronto adquiere el sabor de lo meta para sentar cátedra sobre la construcción de personajes femeninos e invertir la rueda -Nicole llega a afirmar ante su “profesor” que “un personaje femenino enigmático no es una opción, es un castigo”, siendo ella quien imagina así a los hombres- y muestra el cuerpo masculino como el campo de juego para el deseo desatado -la forma en la que Nicole manipula a su antojo el cadáver de Magnani (Lucas Bravo)- como abraza el splatter y lo fantasmagórico o filma el instante en el que la violencia sexual pasa de amenaza a hecho.

Sea como sea, Las chicas del balcón es cine que eyacula, escupe, tritura y, sobre todo, sangra mientras, como esa cámara cayendo del cielo, salta al vacío. Es cine construido desde un descaro que olvida por completo el miedo al ridículo, porque de no hacerlo caería en la traición de desaprovechar la libertad que lucen sus protagonistas. Es cine tan consciente de sí mismo, en sus proclamas y sabedor de tocar donde duele, que su apuesta siempre instalada en el exceso ambiciona a una división sin matices, a la adhesión total o el rechazo pleno. Las chicas del balcón es cine preocupado por caer en todo pecado menos en el de la indiferencia, porque sabe que nuestro posicionamiento frente a sus imágenes nos delata como espectadores.
Las chicas del balcón (Les femmes au balcon, Francia)
Directora: Noémie Merlant / Guion: Noémie Merlant, Céline Sciamma, Pauline Munier / Reparto: Noémie Merlant, Souheila Yacoub, Sanda Codreanu, Lucas Bravo, Nadege Beausson-Diagne, Christophe Montenez / Música: Uèle Lamore / Directora de fotografía: Evgenia Alexandrova / Montaje: Julien Lacheray / Producción: Pierre Guyard, Ève Machuel, Philip Boëffard, Christophe Rossignon, Céline Sciamma / Distribuidora en España: Filmin
