FATHER MOTHER SISTER BROTHER
Acero azul, tela roja

El juego de las repeticiones es un juego bien conocido para Jim Jarmusch. Son muchas las veces en las que el director estadounidense ha venido a reflexionar sobre las diferencias a través de los ecos, para identificar así, o subrayar, lo que es único. Por eso, la experiencia del cineasta en las repeticiones permite cargar esta última película de la gran sabiduría con la que todo, incluso aquello que no encaja, está perfectamente encajado.
Todas las réplicas del largometraje tienen un centro común: la familia verdadera frente a la familia aparente. Mediante los ecos y sus disidencias, Jarmusch compone una melodía de repeticiones y variaciones que, por otra parte, es más legible que algunas de sus películas de repeticiones anteriores. Su estructura en tres relatos convierte el primero de ellos en el de «la presentación». Aunque al verla por primera vez claramente funciona como una historia única, en ella, Jarmusch incorpora todos los elementos-eje que posteriormente se repetirán en las siguientes historias. Así, la segunda se convierte en el espejo que establece qué elementos son los que se repiten y, a su vez, anticipa su aparición en la tercera y última historia, en la que se repetirá o subvertirá el significado construido en los anteriores. A diferencia de lo que ocurría en otras de sus películas como Flores rotas (2005) o en Los límites del control (2009), Jarmusch se muestra en su versión más clásica, pues no traiciona las expectativas que ha podido generar al espectador con sus repeticiones.
Aun así, sigue estando presente el espíritu agitador del cineasta. Las imágenes que inauguran el largometraje (si no se tienen en cuenta los hermosos caleidoscopios de los segmentos con los que se presentan los capítulos) son aquellas en las que el personaje interpretado por Tom Waits está disfrazando su casa, cubriendo su elegante sofá de cuero con una vieja manta, y presentándose en una desarreglada bata y sin peinar, escondiendo su verdadera identidad para ajustarse a la imagen de anciano padre que quiere dar ante sus hijos. Jarmusch presenta el tema principal, las relaciones familiares por las que brindan con té, a través de un personaje que oculta su identidad verdadera. Al marcharse sus hijos, satisfechos, tras haber cumplido el deber de estar unas horas con su padre, Waits recupera su verdadero yo (que se parece más a aquel que tenemos en mente los espectadores al oír su nombre): al bajar las escaleras, ya se ha deshecho de la anodina bata y viste un elegante traje de chaqueta (la dirección de vestuario de la película está en manos de Anthony Vaccarello, director creativo de Yves Saint Laurent). Parece otro. Sin embargo, sigue habiendo algo que lo vincula con su anterior versión y también, con sus hijos. El color rojo que antes vestían sus hijos, ahora Waits lo porta en un hermoso fular. Cuando desviste su estiloso coche para acudir a la cita que va a pagar con el dinero que le ha dado su hijo (Adam Driver), se lleva con él esa pequeña parte que comparte con sus hijos y de la que no se puede desprender.

El segundo episodio, además de afianzar los ejes en torno a los cuáles se va a reflexionar sobre el tema principal, también construye un nuevo significado simbólico para esos elementos que se repiten. En el capítulo titulado Mother, las tres protagonistas también coinciden en el vestuario (aunque para la madre a la que da vida Charlotte Rampling más que una feliz coincidencia esto es algo embarazoso). El capítulo del reencuentro anual para tomar el té de una madre con sus dos hijas es el más opaco de todos, pues es aquel en el que se produce un menor acceso a la vida interior de las protagonistas. Paradójicamente, esa ausencia prácticamente de una historia detrás de los personajes ocurre en la casa más espléndidamente decorada y amueblada. Con este mecanismo, Jarmusch crea una equivalencia simbólica en la que las casas representan a la familia, como aquel lugar del que se proviene y al que se vuelve (esporádicamente), mientras que los individuos, cada uno de los integrantes de esas familias, están representados por los vehículos, los coches, en los que llegan. Así, la perfección externa del hogar de Rampling (con las fotos familiares expuestas sobre la chimenea y la exquisita vajilla de té) es a la vez la representación exterior de una familia, aparentemente perfecta o aceptable vista desde fuera. A diferencia de lo que ocurría con Waits, donde su embuste de alguna manera permitía atisbar parte de su personalidad real, las hijas de esta familia no han conseguido construir una identidad propia. Esta es la razón por la que Lilith (Vicky Krieps) ni siquiera tiene coche y el utilitario azul de Timothea (Cate Blanchett) sufre una avería, casi psicosomática, que se arregla sola, antes de llegar a casa de su madre.
Tras haber construido fílmicamente la familia aparente, Jarmusch la deconstruye y la deja expuesta en sus cimientos mediante ese movimiento de cámara giratorio en el que se muestra la casa, ya vacía de muebles, de los padres fallecidos de Skye (Indya Moore) y Billy (Luka Sabbat). El final, Sister Brother, además de ser el único segmento en el que no hay ninguna relación jerárquica entre los parientes, es el que plantea en qué consiste verdaderamente la familia una vez se la ha despojado de los usos sociales, políticos y de parentesco con los que habitualmente se define: qué es la familia en el sentido emocional. Tumbados en el suelo del que era el salón de su casa familiar en París, a diferencia de lo que ocurría en las familias anteriores, no exponen las fotos, sino que las tocan, para rememorar con ellas. Del mismo modo, en este tramo, la veracidad de ese Rolex que aparece en todos los capítulos aquí es prácticamente irrelevante, como tampoco lo es el (falso) certificado de matrimonio de los padres de Skye y Billie. El valor y la legitimidad del matrimonio no residían en ese papel ni en ningún otro, sino en el amor verdadero que se profesaban, y que también los hijos se profesan entre sí y a sus padres. De manera delicada, Jarmusch dice: los objetos, las estructuras e incluso las relaciones de parentesco son las mismas tanto en las familias aparentes como en las verdaderas. La diferencia entre unas y otras está en algo profundo, intangible, que surge de lo genuino y no de la réplica de las conductas aprendidas.
En todo caso, el cineasta relativiza todos estos conceptos, aplicando a todas estas familias la perspectiva del tiempo. Bajo la mirada de sus protagonistas, los skates invaden tanto las carreteras rurales de algún rincón del noreste de EEUU como las calles de Dublín y de París, introduciéndose en la narración, sin que nada pueda evitarlo. Ni siquiera el concepto de la familia puede librarse de los cambios que se producen con el paso del tiempo, y todas, tanto las verdaderas como las aparentes, acabaran mutando en un nuevo concepto.
Father Mother Sister Brother (EEUU, 2025)
Director: Jim Jarmusch / Guion: Jim Jarmusch / Reparto: Tom Waits, Adam Driver, Mayim Bialik, Chalotte Rampling, Cate Blanchet, Vicky Krieps, Indya Moore, Luka Sabbat / Directores de fotografía: Yorick Le Saux, Frederick Elmes / Montaje: Affonso Gonçalves / Música de: Jim Jarmusch, Anikka / Producción: Charles Gilibert, Joshua Astrachan, Carter Logan, Atilla Salih Yücer.

Tema muy interesante pues profundizar en las relaciones familiares se hace difícil, ya que cada familia es un mundo en sí misma. La búsqueda de la identidad en la propia familia también es complicada.. Intentaré ver esta película. ¡Muy buen artículo!
Este interesante análisis invita a ver la película. Gracias.
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¡Muy interesante y muy buen artículo!