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ARIEL

A la deriva

Ariel, el espíritu del aire que habita la isla gobernada por Próspero, es servidora del mismo tras ser liberada del tronco del árbol donde permaneció 12 años encerrada por la hechicera Sycorax. Este episodio de La tempestad (William Shakespeare, 1611) inspiraba el cortometraje Sycorax (Lois Patiño y Matías Piñeiro, 2021), en el que Agustina Muñoz iba en busca de la voz de esta hechicera, casi invisible en la obra de Shakespeare. En su último largometraje, Lois Patiño desplaza el foco hacia Ariel, porosa, mágica, un ser que fluye entrando y saliendo de escena. Los personajes de la película se impregnan de esta magia, flotando por el escenario evocado sobre la isla de Faial. El cuadro se configura como un artefacto con una profundidad infinita, que se extiende más allá del horizonte del mar y las montañas. Patiño filma con teleobjetivos, aplanando el fondo confinante y acercándose a los habitantes de la isla desde lejos, con zooms, con la distancia de un autor que sabe que no filma a sus personajes, sino a los ajenos, los robados y reubicados en cadenas de supermercados, cuevas fluviales o gasolineras. Los actores toman cuerpos que ocupan todo el espacio fílmico, el escenario se abre en todas las dimensiones. Las imágenes se vuelven líquidas, se entremezclan con fundidos encadenados, el mar y el rostro humano son uno, el agua se torna de color violeta. Ariel es permeable, se funde consigo misma.

Ariel - Revista Mutaciones

 

Muñoz interpreta de nuevo a Agus, una actriz que llega a una isla portuguesa a interpretar a la ninfa de La tempestad. Antes de marchar, una advertencia: “El pasado es un prólogo”. La trama se convierte entonces en una travesía. Primero a través del mar, después a pie y finalmente, en coche. Un viaje por un mapa de fantasía escondido en las solapas de los libros, con diferentes reinos donde habitan los personajes. “Shakespeare, ¿por qué nos haces morir?” profiere Hamlet en mitad de su duelo con Claudio. La angustia no viene por un existencialismo libre, sino por encontrarse con un destino ya creado para ellos, sin posibilidad de escapatoria. Pueden amotinarse contra el creador, mirando directamente al espectador que les observa tras la pantalla en un gesto unamuniano destinado al fracaso. La muerte, con todo lo real que puede ser, aparece en la película como un gesto de ficción. Se establece una dicotomía entre actor/personaje, realidad/ficción. “Si murieras ahora, ¿estarías contenta con tu vida?”. Los habitantes de la isla aparecen desenfocados frente a la inmensidad del mar, la muerte, el proceso más misterioso de la vida se convierte en una acción ensayada, repetida hasta el hastío.

Ariel - Revista Mutaciones

Agus, que aún es persona y no personaje, sigue a Ariel/Irene (Irene Escolar) en su recorrido por la isla. La fuerza del alma está contenida en la mirada, allá donde posan sus ojos, donde se levanta el viento a su paso; se mueven por el escenario como si una corriente arrastrara sus cuerpos constantemente. Entre ellas trepa una hiedra invisible de complicidad, ambas son el mismo personaje, pero sus cuerpos permanecen separados. Agus crea su propio monólogo final en la propuesta metacinematográfica, un reto al texto del dramaturgo inglés, “No sé si esto es una película de Jonás Trueba, de Matías Piñeiro o de Lois Patiño”. Las palabras se recitan sobre el primer plano de Irene, mientras ambas miran al océano. El texto de Shakespeare se funde con el mar, sus palabras soldadas sobre papel y la pantalla, ambos textos se convierten en uno. El destino de lo inmediato es ser abolido.


Ariel (Lois Patiño, España, 2025)

Dirección: Lois Patiño / Guion: Lois Patiño / Producción: Filmika Galaika, Bando à Parte / Fotografía: Ion de Sosa / Montaje: Lois Patiño / Sonido: Xabier Erquizia/ Intérpretes: Agustina Muñoz, Irene Escolar, Hugo Torres

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