CRÓNICA FESTIVAL DE SITGES 2026 – CARA A
Enfocar la mirada

La tradicionalmente abarrotada selección de películas de esta 59ª edición del festival de Sitges ha servido como escaparate para una más que sólida selección de títulos presentes y pasados que nos transmiten lo mejor (y lo peor) del panorama actual del cine de género. Con secciones de más de treinta películas, el cómputo general ha sido, sorprendentemente, consistente.
En Sección Oficial, títulos como Aniquilación (Adam Wingard, 2026) o Buddy (Casper Kelly, 2026), y en Sitges Collections, Hope (Na Hong-jin, 2026), sirven como ejemplo de películas que se apoyan firmemente en una premisa y un tono/ambientación para marcar la propuesta de la misma. En esta última, Na Hong-jin se sirve de dos dilatadas secuencias de acción para enmarcar una mínima cinta apocalíptica que funciona precisamente por lo escueto que es en el resto de aspectos. Los personajes son, como en la de Wingard, caricaturas al servicio de las set pieces, y de la propia propuesta estética: un montaje frenético, musical, y una fotografía digital muy libre sirven como homenaje al cine de acción y ciencia ficción de John Carpenter o John McTiernan. Asimismo, el tono de parodia permea ambas películas sin estorbar en sus muy problemáticas e interesantes lecturas acerca del intervencionismo paramilitar, y la política de tenencia de armas de fuego tanto en Estados Unidos, como en Corea del Sur. Casper Kelly utiliza del mismo modo una peculiar visión de los programas educativos infantiles para construir una parodia a varios niveles tanto de los mismos, como de las narrativas creepypasta de internet.

Haciendo uso de unas muy llamativas y condenadas premisas, las cintas recopilatorias V/H/S/Mixtape (Ernest Dickenson, Flying Lotus, Tobias Forge, Renee Zhan, David Moreau y RZA, 2026) y Grotesqqque (Atsushi Nishigori, 2026) demuestran que, aunque no tengan la misma presencia que tuvieron en su momento, las películas en formato antología sirven como un perfecto escaparate para la experimentación en cortos que, de otro modo, tendrían poca cabida en un circuito de distribución estándar. A destacar los segmentos de RZA, y Tobias Forge en V/H/S, cortos que demuestran lo versátil que puede ser una antología a la hora de aunar estilos y formatos; uno siendo un found footage en clave de comedia y body horror que explota la temática musical que vertebra toda la película, y el otro siendo un videoclip que rompe con los segmentos narrativos que se han sucedido a lo largo de la película.
En Grotesqqque, los segmentos Aeliens y Nocturne: Nuit Grotesque (primero y último de los tres que conforman la película) destacan sobre Yoroshiku Girl, corto con temática de acción algo descentrado e inferior a las dos primeras menciones. Aeliens se mueve en un terreno de comedia física enajenada, ritmo vertiginoso, con una animación en constante mutación que casi llega a adoptar la forma de un gran video musical. El segmento con temática de terror Nocturne: Nuit grotesque sin embargo, propone un tono bastante más meditativo, desmarcándose de la tónica más lúdica de los dos primeros y narrando una de las premisas más interesantes de todos los proyectos del festival: un road trip gótico protagonizado por un grupo de vampiras que viajan a través de una tierra vacía, que supone el mayor aliciente para acercarse a este proyecto del estudio Cloverworks.

En un espectro opuesto, I Love Paris (Nicky Murphy, 2026) o Sanguine (Marion Le Corroller, 2026) son títulos que se podrían haber beneficiado de un formato mucho más compacto. La propuesta found footage de Nicky Murphy funcionaría mucho mejor con una duración considerablemente más escueta en la que pudiera sacar partido a un timing cómico que se ve diluido por su larga duración. Los problemas de Sanguine, cinta premiada a mejor película, devienen de una abundancia de referentes demasiado evidentes (los nuevos terrores corporales de Julia Ducornau o Coralie Fargeat, y Brandon Cronenberg) y una incapacidad de dar voz propia al relato. Los laberínticos pasillos de las urgencias en las que se sitúa la acción podrían haberse explotado mucho más en una historia que situara la totalidad de su narrativa dentro de los mismos, amplificando una ya interesante puesta en escena que, de nuevo, se ve enterrada bajo un torrente de ideas.
Por último, antes de cerrar esta cara de la crónica de Sitges, también querríamos destacar la labor de la sección Seven Chances, que recupera siete restauraciones. De aquí nos gustaría mencionar Office Killer (Cindy Sherman, 1998), protagonizada por Carol Kane, un trampantojo de novela de Bret Easton Ellis que es del mismo modo trágica y cómica. También la película Misterio (1979) de la mexicana Marcela Fernández Violante, ambientada en los estudios de rodaje de una telenovela. Se trata de un juego entre realidades en los que se adopta el estilo de grabación multicámara en numerosas secuencias, desdibujando la línea entre la ficción dentro del rodaje y la propia ficción que propone el guión de la cinta. Una sección desde luego a reivindicar y una de las labores más importantes de un festival en constante expansión.
