SORDA
Crianza enajenante
Resulta tan desolador el panorama de producción de cortometrajes, especialmente a nivel nacional que no pocos realizadores acaban haciendo una versión de estos mismos en formato largometraje para conseguir la recepción que aquellos merecían. No pocas óperas primas españolas de la última década son exponentes de esto mismo, resultando en la mayoría de casos versiones diluidas de sus reducidos y mas impactantes originales. Sin embargo, en el caso que nos ocupa se produce el fenómeno inverso, pues el presente largometraje supera en riqueza de matices al corto madre y amplía la complejidad de sus conflictos. Tras amasar numerosos premios en el pasado Festival de Málaga, entre ellos la Biznaga de Oro, llega rápidamente a nuestras salas Sorda (Eva Libertad, 2025), protagonizada por Miriam Garlo y Álvaro Cervantes. Una propuesta naturalista de aparente sencillez en sus rudimentos formales resuelta con una nada desdeñable carga de sensibilidad y madurez, que destaca articulando la perspectiva desde la que enuncia su tesis de denuncia allí donde tantos otros habrían pecado de didactismo, aleccionamiento o miserabilismo social. Un soplo de aire fresco en múltiples sentidos.

A nivel estrictamente formal, resulta todo un acierto que una película llamada Sorda sea una propuesta tan ruidosa. Una solución simple con la cual introducirnos en una tesitura sensorial que damos por sentado y que, gracias al conflicto diario de Ángela, ponemos en perspectiva la que es la más poderosa vía de conexión con el mundo que nos rodea, y la manera más intuitiva y fácil de establecer conexiones con las personas de nuestro día. En lugar de encerrarnos dentro de Ángela, Eva Libertad dedica gran parte del metraje a retratar el ecosistema vivo que la rodea a ella y a su pareja oyente, a esperas de la incorporación de la primogénita. Las cualidades espaciales del hogar de la pareja y su entorno natural dan matices y dimensión a la rutina realista de Ángela, sorprendiendo por un detallismo pausado mirando el día a día que induce a una complicidad tan inesperada como efectiva.
El discurso mas potente del filme es la concienciación sobre las constantes barreras de comunicación que sufren los sordos en un mundo de oyentes que no tiene formación ni hábito de pensar en ellos. Fuera de un entorno de confianza configurado por amigos sordos y pareja que habla por lenguaje de signos, la desconexión con la realidad y el vacío al que estos les somete es tan profundo como normalizado. La dependencia de Ángela para formar parte del mundo es tanta como la de la hija que está por llegar. Su situación es compartida por una pequeña comunidad de amigas que pueblan un puñado de escenas, que sumado a los diferentes colectivos y espacios cotidianos a los que volvemos recurrentemente dan a este proceso de gestación y crianza frescura y naturalidad, que impiden que la frontal y sencilla puesta en escena no palidezca en interés durante el desarrollo narrativo.

Una vez nacida la hija, el filme crece al añadir un conflicto adicional añadido a los que podíamos presumir, en paralelo con un proceso emocional de empatía y ternura que no cae nunca en el subrayado azucarado. El nacimiento de la hija es tanto una bendición para los expectantes progenitores como una maldición para una madre que queda en un segundo plano. Y cuando desarrolla esta problemática en ascendencia hasta el estallido de tensión, Sorda destaca y sorprende por todo aquello que no hace y que tantos otros harían. No hay lugares comunes, no hay subrayados ni aleccionamientos maniqueos. Todo es de un realismo conmovedor, de una verdad inapelable apoyada en dos intérpretes en estado de gracia. Un caso de celos y competición para el que la mirada normativa no nos tenía preparados.
Y como as en la manga, Libertad maneja el punto de vista subjetivo sonoro en el momento justo de mayor eficacia dramática, en lugar de atar la totalidad del largometraje a una maniobra efectista que lo hubiera maniatado a ser un filme de dispositivo. Pues mientras tanto cine español se devalúa al atar sus discursos a una única perspectiva impuesta a brochazos, aquí la vida se abre paso en su pluralidad y en su riqueza de perspectivas. Un filme sobre la sordera tendría su interés, pero uno sobre los anhelos y amarguras de una comunidad con sordos resulta mucho mas maduro y sensible.
La crítica ha demostrado un entusiasmo hacia la obra que nos ocupa en parte excesivo, pues nunca es capaz de sorprender en sus derivas narrativas y alguna de sus escenas de concienciación social resultan toscas, pero tan solo por ver interactuar a Garlo y a Cervantes, o ver a esta acariciar gallinas o perros acunada por el sonido del viento, merece la pena su visionado.
Sorda (2025, España)
Dirección y guion: Eva Libertad / Producción: Adolfo Blanco, Nuria Muñoz y Miriam Porté / Fotografía: Gina Ferrer / Edición: Marta Velasco / Música: Aránzazu Calleja / Reparto: Miriam Garlo, Álvaro Cervantes, Elena Irureta, Joaquín Notario

No te cortes; sé cortés con tu público y tráete un par de buenos cortos de La Galia ahora que moras en La Ciudad de las Luces oh Néstor!