MATERIALISTAS
Quiero pasar muchos años (pero no todos) contigo
“¿Por qué desearía verte llorar?
¿Por qué si vienes solo pienso en que te vas?
¿Por qué no recibí ninguna señal?
Es imposible conseguir vivir en paz”
Dolor en el pecho (Yawners)
Chica, Lucy (Dakota Johnson), es cínica, experta en citas y desea casarse con un hombre rico; conoce chico, Harry (Pedro Pascal), que es rico, soltero y su madre quiere que se case cuanto antes. Pero Lucy también se reencuentra con John (Chris Evans), su expareja, sin dinero, constante aspirante a actor y comparte piso. La elección parece clara. Pero para su última película, Celine Song recoge la estructura clásica de una comedia romántica –aunque sin comprometerse con muchos de sus códigos–, y pone en el centro la lectura capitalista del amor romántico. Si Vidas pasadas (2023) utilizaba el triángulo amoroso como discusión de las fronteras y la identidad migratoria, Materialistas supone su oportunidad de indagar en la relación entre capital y amor.

Para explicar esta dicotomía Song se inclina por convertir a sus personajes principales en prototipos que representan un activo económico –siempre mejorable–, y por ende, les sustrae cualquier humanidad. Incluso personajes secundarios serán contenedores de una violencia que funciona como una especie de maligna moraleja. Esto sucede porque ideas y conflictos son verbalizados por sus personajes de forma constante. Materialistas rechaza cualquier tipo de ambigüedad, pese a las múltiples contradicciones en torno al amor, dinero y matrimonio que introduce. La boda supone la gran tensión en la película como objetivo final –lo ha sido desde las novelas de Jane Austen a las comedias románticas–, y como parte final del trabajo de Lucy como matchmaker, es, a la vez, la guinda del pastel del amor y lo que se reconoce como acuerdo final de una transacción fría y calculada que beneficia a dos partes. Por esa razón, Lucy defenderá que su trabajo no tiene que ver tanto con el amor sino más con las citas y las relaciones. En Materialistas no hay sujetos enamorados, solo consumidores, puede que de cuerpos, pero sobre todo de una fantasía, que como Eva Illouz explicaba en El fin del amor se sostiene por el intercambio de objetos de consumo: flores, cenas, viajes y, finalmente, la gran boda.
“Tenemos cuarenta años y una vida feliz
feliz sin contratiempos,
una vida segura,
equilibrada.
Pero después del amor, de la rutina,
la propiedad privada y el verano,
la realidad regresa
inconformista.”
Planes de futuro (Rosa Berbel)

Harry y John también son símbolos cuya razón de existir es oponer significados: el capital vs el amor puro. Uno es la seguridad, el crecimiento constante, una fantasía aspiracional y el otro es la realidad, los problemas económicos, la repetición de errores del pasado y un trauma generacional, pero también es la aspiración a un amor que se entiende como mito. Materialistas enfrenta a los hombres a través de la imagen. Harry habita espacios diáfanos, John pequeños cubículos abarrotados. Harry es capturado en planos abiertos y generales, a John se le ve encerrado en planos cortos con objetos que le rodean. Lucy, en cambio, flota en la pantalla, entre estos dos mundos, clases y hombres, en planos en movimiento que la siguen por la calle, con una cámara dinámica que siempre la pone en el centro. Un plano la captura desde la puerta de un taxi, la ventanilla como distancia entre ella y espectador, como un objeto observado a la espera de que tome una decisión que le permita asentarse: como si habitar el espacio intermedio de la indecisión y la soltería no fuese una opción. Pese a este esfuerzo por trabajar desde la puesta en escena las diferencias, resulta carente de profundidad, privilegiando una linealidad provocada por el esfuerzo de hacer creer al espectador que no está todo decidido. La distancia constante entre los actores –presos de unas interpretaciones contenidas y sobrias–, y la ausencia de contacto y pasión construyen una imagen que se aleja de cualquier sentimentalismo. Por ello, sorprende que una película que discursivamente defiende el amor como algo irracional, en su imaginario sea incapaz de visualizar la experiencia abrumadora, irracional e íntima que conlleva.

Aunque la película parece comprometida con romper con esta idea de un presente siempre preocupado por las expectativas de las relaciones, lo cierto es que Materialistas se encarga de reproducirlas al marginar cualquier relación que no sea romántica. Las mujeres que se relacionan con Lucy son compañeras de trabajo o clientas, los hombres que conoce son futuros consumidores –en un retrato real, pero no por ello menos cínico de la masculinidad contemporánea–. La amistad, o la soltería, quedan fuera de juego. En su supuesta deconstrucción del amor, solo concibe este como romántico, y sitúa en el horizonte de la película el matrimonio y la familia nuclear como única opción. Materialistas no es más que el retrato de un sueño de mejora personal a través del compromiso romántico. Harry está comprometido con la belleza, con la apariencia de la pareja perfecta. John se compromete a renunciar al pasado y a solucionar sus problemas económicos. Celine Song rechaza la utopía, la verdadera “fantasía amorosa” que pasa por dar espacio a la comunidad, a la imperfección, la impureza, o la ternura para poder perpetuar una idea de amor en pareja, monógamo y heterosexual, como un acto de fe. Aún así, pese al esfuerzo que hace la película por mitificar el amor, hay que recordar que todavía queda esperanza: el divorcio no es pecado.
“The garden you plant and I plant
is tunneled through by voles,
the vowels
we speak aren’t vows […]”
You Are the Penultimate Love of My Life (Rebecca Hazelton)
Materialistas (Materialists, Celine Song, EE.UU, 2025)
Dirección: Celine Song / Guion: Celine Song / Producción: Pamela Koffler, David Hinojosa, Christine Vachon, Celine Song, Ben Kahn / Directora de fotografía: Shabier Kirchner / Montaje: Keith Fraase / Música: Daniel Pemberton / Reparto: Dakota Johnson, Chris Evans, Pedro Pascal, Zoe Winters
