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EL CAMINO ESTRECHO

La memoria del cuerpo

Siria, 1941. Segunda Guerra Mundial. Entre el estruendoso ruido de las bombas, las llamaradas del enfrentamiento y la inestabilidad del encuadre, un pelotón de combatientes australianos trata de abrirse paso. Dorrigo (Jacob Elordi) atiende a los caídos. El avance parece completado, pero una nueva ofensiva enemiga sorprende al pelotón. En un intento de recrear la confusión de los jóvenes y sumergir al espectador en su interior, Kurzel vuelve a optar por la cámara en mano como herramienta expresiva. El camino estrecho (2025) reproduce constantemente en cada uno de los flashbacks la estrategia citada. La experiencia emocional y psicológica de Dorrigo es el principal sustento de la propuesta estética y visual, cuestión amplificada por la fragmentación de su estructura narrativa -las imágenes compuestas en torno al pasado del médico de campaña no se asemejan a una reconstrucción fiel de lo sucedido en un lugar y tiempo concreto, sino que se corresponden a un ejercicio de memoria-. Este acercamiento, con una lente siempre centrada a la piel de los personajes, permite al cineasta australiano abrazar una dimensión física con la que recalcar el progresivo deterioro somático y mental no solo de los cautivos sino también de los oficiales japoneses que ordenan la construcción de la vía férrea en la que trabajan los reclutas.

El camino estrecho. Revista Mutaciones

En los pasajes bélicos el cineasta rara vez se aleja de la carne de sus criaturas. Solo lo hace con la inclusión de planos aéreos cenitales y generales con los que pretende remarcar la represión y el cautiverio al que están sometidos los soldados en la selva nipona, en plena naturaleza. Si en su Macbeth (2015) la teatralidad que emergía del gesto y el tacto entre los intérpretes y, sus continuos movimientos corporales, se convertía en la mejor forma de hacer latente la violencia interna -la intuida pero no explicitada- y el odio que habitaba en el fondo del relato de los relatos, ahora la fisicidad queda más cercana a una memoria del cuerpo. Porque las heridas que se alojan en él, no tanto las tangibles como las emocionales, condicionan el porvenir. La apuesta por la subjetividad también determina la fotografía de Sam Chiplin, que mediante recurrente neblina -la inspiración en las composiciones de Vittorio Storaro para Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) es obvia- recalca el espacio de conflicto como un no lugar, como escenario abstracto, aislado, para la aparición progresiva de la confusión y la locura.

El camino estrecho. Revista Mutaciones

Kurzel también reproduce estos tropos formales a la hora de filmar el romance. Cada instante compartido entre Dorrigo y Amy (Odessa Young), su amante, constituye un periodo suspendido donde el deseo irreprimible siempre va acompañado por una observación inquieta con el gesto en el centro -brazos que se acercan al territorio de lo prohibido, rajas que se cierran, cabezas que se apoyan sobre los hombros ajenos, miradas que se cruzan-. Nada lo expone mejor que la secuencia en la que uno y otro se ofrecen por primera vez. Montada como una persecución deudora de la conocida como regla Frankenheimer -saber en todo momento donde están cada uno de los personajes involucrados en la escena-, la unión se produce ante una cámara que levita de la misma manera que cuando registra el trabajo forzado. También sucede cuando Dorrigo se reencuentra con Ella (Olivia DeJonge), su prometida, que, durante la celebración de año nuevo, corre hacia su amado bajo unos fuegos artificiales que impregnan de bruma el encuadre. A pesar de unos pasajes en la playa de marcado idealismo por las puestas de sol, el viento que azota los rostros y la vegetación y el marcado sonido de las olas, el amor se enmarca en forma de otro campo de batalla, una nueva zona de sufrimiento en la que herir y ser herido.

El camino estrecho. Revista Mutaciones

Es la imposibilidad de compartir vida con el sujeto amado, romance imposible -Amy es la esposa del tío de Dorrigo, Keith (Simon Baker)-, y la perdición del individuo comentada líneas arriba se vuelven fundamentales para entender el cambio estético una vez finalizado el conflicto armado. El devenir del protagonista cuatro décadas después (Ciarán Hinds), en los años 80, con el ex combatiente convertido en cirujano de éxito, se encuentra marcado por el peso de lo pretérito. Atrapado en visiones de antaño, la solemnidad fantasmagórica impulsada por el estatismo y el plano fijo se impone a la corporeidad previamente dictada por el apetito carnal y el fragor de conocer cara a cara, al desnudo, el aliento del fuego y la metralla. Un estado de transición en el que la existencia humana no es más que un puente entre dos mundos: el de los vivos y el de los muertos.


El camino estrecho (The Narrow Road to the Deep North, Australia, 2025)

Director: Justin Kurzel / Guion: Shaun Grant, Justin Kurzel a partir de la novela de Richard Flanagan / Reparto: Jacob Elordi, Odessa Young, Ciarán Hinds, Olivia DeJonge, Simon Baker / Música: Jed Kurzel / Director de fotografía: Sam Chiplin / Montaje: Alexandre de Franceschi / Producción: Richard Flanagan, Rachel Gardner, Shaun Grant, Justin Kurzel, Jo Porter, Alexandra Taussig / Distribuidora en España: Movistar Plus+

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