BEATS

El ritmo de una generación

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Beats se incluye dentro de una ya larga tradición de películas coming of age cuya historia gira en torno a una única noche en la que el foco principal se sitúa en una gran fiesta que, según los propios personajes, recordarán el resto de sus vidas. Así como American Graffiti (George Lucas, 1973), Movida del 73 (Richard Linklater, 1993) o American Pie (Paul Weitz y Chris Weitz, 1999) nos mostraron a través del ritmo del más icónico rock and roll un retrato de los adolescentes de las décadas de los años 60, 70 y 90 respectivamente, la película de Brian Welsh realiza una operación similar pero centrada en la Escocia de 1994 en la que los ambientes rave y la música electrónica se convierten en el símbolo de una revolución latente entre los jóvenes y, más específicamente, entre dos chicos de 15 años.

Mientras observamos el crecimiento de esta revolución, se produce una muy distinta entre Johnno (Cristian Ortega) y Spanner (Lorn Macdonald), los dos protagonistas de la obra de Welsh. Un cambio comienza a palpitar en sus vidas a raíz de su inminente separación y al ritmo del movimiento que se está desarrollando -y de los beats que marcan la narración-, comprenden que su amistad, al igual que el panorama político y social que los rodea, ya nunca volverá a ser igual. Con la misma cadencia, la película sugiere en repetidas ocasiones otro cambio entre los jóvenes, guiado por una pulsión homosexual aunque ésta no llega a explorarse más allá (si bien se manifiesta con todavía más evidencia en su final). Pero Beats no se limita a narrar los cambios en las vidas de dos adolescentes y se interesa por un movimiento mucho mayor, esa rebelión contracultural que movió a una generación de británicos contra la ley de justicia penal y orden público que, repetidamente, mencionan en el film: la prohibición de toda reunión de más de 20 personas escuchando música total o predominantemente caracterizada por la emisión de una sucesión de latidos repetitivos (“wholly or predominantly characterised by the emission of a succession of repetitive beats”).

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Los escenarios suburbanos y clandestinos por los que se mueven los personajes y el  aspecto de éstos recuerdan, en gran medida, a la popular Trainspotting (Danny Boyle, 1996) y la cuidada fotografía en blanco y negro cargada con grano, contribuye a la inmersión de la Escocia de principios de los 90 que propone Welsh, muy similar a las fotografías analógicas de la época. La primera parte de la película delata su origen teatral (puesto que está adaptada de la aclamada obra del mismo nombre creada por Kieran Hurley, coguionista del film junto al propio Welsh), al predominar los diálogos y los espacios cerrados. Esto cambia radicalmente en el clímax de Beats, donde las dos revoluciones –individual por parte de los chicos y colectiva por parte de la multitud que acude al evento- convergen en la vorágine alucinógena de la rave a la que asisten los personajes. En ese momento, los sentidos toman el control y no solo los protagonistas mutan al drogarse, sino que el espacio y la propia imagen se transforman, dando paso a una rápida sucesión de imágenes hipnóticas (donde el blanco y negro pasa momentáneamente a color) y sonidos alterados, cuya mezcla evoca ese nuevo despertar físico y emocional del que emergen los personajes. La rave supone el final de una era entre los dos protagonistas y el comienzo de otra para el resto de británicos.

Beats es la imagen y el sonido de un movimiento de resistencia juvenil y de cambio social en el que el futuro poco importa porque es en el presente donde se escuchan los latidos de aquellos que sienten que pueden producir un cambio. Y aunque la amistad entre los dos jóvenes parece llegar a su término, Welsh introduce al final de su obra unos beats que sugieren, como decían en las coming of age mencionadas anteriormente, que efectivamente, y aunque no vuelvan a verse, lo que vivieron aquella noche no lo olvidarán jamás.


Beats (Reino Unido, 2019)

Dirección: Brian Welsh / Guion: Brian Welsh y Kieran Hurley  / Producción: Rosetta Productions / Fotografía: Benjamin Kracun / Música: Stephen Hindman y  Penelope Trappes / Montaje: Robin Hill  / Reparto: Cristian Ortega, Lorn Macdonald, Laura Fraser, Neil Leiper, Kevin Mains, Ross Mann.

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