MÁRGENES 2017: SECCIÓN OFICIAL

1 festival, 6 ciudades, 5 países, 11 películas y 10 cronistas

Nota: Todas las películas de la Sección Oficial están disponibles de forma online y gratuita a través de Márgenes hasta el 23 de diciembre.

I Vetri tremano (Alessandro Focareta)

I Vetri tremano“Exiliarse no es desaparecer (…) es alcanzar la altura del ser”, escribía Roberto Bolaño en un texto recogido en Entre paréntesis. Tomando como máxima la cita del autor chileno, Alessandro Focareta elabora un delicado ensayo fílmico sobre su calidad de extranjero en Cuba. De esa sangrante lejanía geográfica entre el cineasta y sus raíces, un océano mediando con el pueblo italiano donde aún viven sus padres, emerge pertinente la reflexión sobre el peso existencial de sus orígenes.

Todo en I vetri tremano, partiendo de una voz en off en primera persona con fuertes reminiscencias de Chris Marker, apela a una dialéctica temporal clave para transmitir la melancolía de esa distancia. Las viejas filmaciones en Super 8 del padre de Focareta en Italia, huella de un pasado inaccesible, se cruzan con las imágenes actuales que el director capta en Cuba con su cámara digital, registro de una incipiente memoria personal en el exilio. El vacío entre tiempos, espacios y formatos está alimentado por la repentina enfermedad materna y la consiguiente certeza de la pronta ausencia de ambos progenitores, cuya imagen le asedia.

De esta indagación brota también el generoso sentido observador del cineasta,  siempre libre y tendente a captar los pequeños fragmentos de vida que rodean la búsqueda íntima. Así, en el inequívoco gesto final de las raíces vegetales trasplantadas a un nuevo suelo para seguir creciendo, Focareta otorga un sentido metafórico a su periplo. Mientras la distancia que le separa de su origen es cada vez más amplia, el ejercicio del cine se revela como único puente posible con el pasado. Como sucedió con el legado de sus antecesores, sólo las imágenes guardarán testimonio de tal lazo.

Sergio de Benito

La siesta del tigre (Maximiliano Schonfeld)

“Un animal antes de morir busca siempre un lugar al lado del agua. Cuando llega a viejo o está herido o no tiene más solución, escoge una guarida o una cueva y ahí queda a morir. Así tras millones de años queda petrificado.” De esta forma habla Cochirila, hombre mayor, probablemente jubilado, a un grupo de viejos amigos que se internan en las profundidades de los arroyos de la provincia argentina de Entre Ríos. Su utópico objetivo no es otro que hallar los restos fósiles del tigre dientes de sable extinto durante el Pleistoceno. No son paleontólogos, son solo cinco lugareños de Crespo, desencantados con el mundo, que fantasean con hacerse millonarios una vez encontrados los huesos del felino fantasma. La búsqueda de estos científicos amateurs; sin embargo, no será más que un pretexto, un McGuffin, para disfrutar con los amigos y plantear cuestiones morales. Entre dichas conversaciones y mientras remontan río arriba, descubriremos que en los personajes, de entre 55 y 70 años, persiste intacto un espíritu jovial. Como si de una pandilla de adolescentes se tratase, los protagonistas juegan, chapotean y cantan durante toda la expedición. Aquí nace un interrogante ¿Dicho espíritu les ha empujado a realizar la delirante misión o la propia misión ha generado en ellos ese resurgir de un espíritu juvenil? En cualquier caso verlos perseguir su meta tan ingenuamente resulta, además de bello, digno de admiración.

La siesta del tigreMaximiliano Schonfeld (Crespo, 1982) dirige su tercer largometraje La siesta del tigre (2016) tras Germania (2012) y La helada Negra (2016) capturando la convivencia de los exploradores; sus modestas victorias y pequeños fracasos, en tono documental. De esta manera construye una película de aventuras, un western crepuscular contemporáneo, donde elementos como el paisaje, el agua o los insectos nos acompañan en una reflexión sobre el recuerdo y el paso del tiempo. De fondo subyace la idea de que la amistad y el sentido de libertad son una manera excelente de acompañar nuestras vidas. Ya saben, aquello de que lo importante no es el destino sino el camino. En sintonía con esta propuesta el director, una vez extraído lo que quería de los personajes, los deja remontando río arriba en busca de su tesoro mientras él termina el film.

Schonfeld pertenece a una nueva hornada de jóvenes cineastas, junto con Iván Fund y Eduardo Crespo entre otros, que está revitalizando el cine de esta pequeña región argentina. Todo un fenómeno sociológico denominado la movida cinematográfica crespense, en el que los vecinos del pueblo ayudan y participan de forma esencial para la realización de los films. Entre las característica de estos cineastas se encuentran la de realizar sus películas en Entre Ríos a partir de experiencias cercanas al director. Ellos mismos, con ayuda de conocidos, financian sus obras, normalmente con un elenco salido del propio entorno. La siesta del tigre cumple estrictamente estas premisas. En esta ocasión Schonfeld se diferencia, eso sí, de sus dos primeros trabajos que trataban de acercarse desde la ficción al documental. En su nuevo proyecto el viaje es el inverso, desde el documental nos dirigimos hacia la ficción. Como resultado y teniendo en cuenta que se trata de actores no profesionales, encontramos momentos de naturalidad en confrontación con momentos algo impostados.

En cuanto al aspecto técnico, durante todo el film, Schonfeld utiliza una cámara muy intuitiva sin propuesta estética planificada, donde con una sola lente el propio director hace además de primer y segundo operador. De esta manera, con la utilización de panorámicas coloca la cámara a una distancia prudente que ayuda a no manipular más de lo debido la dinámica grupal y el sentido de la aventura que todo el proyecto conlleva. Ese uso de la profundidad de campo y el plano general se mantiene hasta los últimos diez minutos donde el registro se acerca a la ficción para adentrarnos en la transformación del protagonista. Lo hace con una secuencia de montaje con imágenes superpuestas, tras la que Cochirila se convierte, simbólicamente, en uno de esos animales que cuando llega a viejo o está herido o no tiene más solución, escoge una guarida o una cueva para esperar a morir. Así, tal vez, tras millones de años quede petrificado convirtiéndose en un fósil.

El resultado es una película honesta y libre, una aventura real que se transforma en una fábula metafísica donde sobresale el sentido de la camaradería, la felicidad que brota de la sencillez y el amor por la naturaleza.

Miguel Gutiérrez

La tierra aún se mueve (Pablo Chavarría)

Quizás sea necesario acudir a la advertencia final de La tierra aún se mueve para comenzar a hablar de la nueva película de Pablo Chavarría, director mejicano que ya se alzó con el Premio a Mejor Película de la Sección Oficial del pasado Festival Márgenes con Las letras:

“Atención espectador, este film se presenta como un experimento en comunicación cinemática de eventos visibles sin la ayuda de intertítulos (una película sin intertítulos), sin la ayuda de un guion (una película sin guion), sin la ayuda del teatro (una película sin sets, actores, etc). Este trabajo experimental aspira a crear un verdadero lenguaje internacional absoluto de un cine basado en su total separación del lenguaje del teatro y la literatura”

La tierra aún se mueveCine experimental en su más estricta esencia, el cine de Chavarría siempre se ha caracterizado por una variedad formal difícil de describir. Con un lenguaje que busca constantemente diferentes formas de ver para transmitir sentidos más que información, el cine del mexicano retrata lugares pero no lo hace de manera realista y neutral, sino como si estos ya fuesen recuerdos ligados a un estado de ánimo y a una sensación. La imagen se descompone, se fragmenta, se diluye o se detiene, todo en un viaje visual que se mueve sin reglas, acercándose al surrealismo o a aquel lenguaje narrativo de los sueños que su autor ya persiguiera en Alexfilm (2015).

Se podría decir también que La tierra aún se mueve trata de capturar lo invisible a los ojos, lo que sucede en la oscuridad  de la noche, en donde habitan los animales salvajes o, en todo caso, los niños. Diferentes citas puntúan un relato en el que lo cierto es que la única opción, guste o no, es perderse y abandonar la búsqueda de sentido para poder, quizás, encontrarse con la experiencia.

Rafael S. Casademont

Las calles (María Aparicio)

Puerto Pirámides es una pequeña localidad costera de la Patagonia Argentina, en Península de Valdés (Patrimonio de la Humanidad). No suele aparecer en los libros de Historia y no  ha estado demasiado poblada -por lo menos hasta la llegada del turismo-, no tiene muchas calles y estas ni si quiera tenían nombre, pero Puerto Pirámides siempre tuvo su historia y sus gentes, que viven del mar.

Las callesEntre 2004 y 2010 la profesora de Historia de la única escuela local, Eugenia Eraso, organizó con sus alumnos el proyecto “Poniéndole nombre a las calles de mi pueblo”; entrevistaron a los habitantes de Puerto Pirámides para pensar en posibles nombres para las calles, divididos en tres categorías: “Pueblos originarios”, “Antiguos pobladores” y “Hombres y mujeres con un rol protagónico en Patagonia”, y los adjudicaron mediante una votación popular. Fue un ejercicio, en definitiva, de reconocimiento de una comunidad hasta ese momento invisible, y una lección de democracia directa. Una vez terminado el proyecto, su recreación en Las calles (2016) por la directora María Aparicio y con la colaboración de los protagonistas reales funciona como broche final de este proceso de visibilización y formación de una comunidad.

En Las calles el proyecto es representado como lo que fue: la labor de geografiar una comunidad a partir de sus gentes, sus relatos y los espacios que habitan, todo marcado por la presencia del mar. Por eso la película comienza y acaba con dos escenas sobre el trabajo en el mar y su estructura oscila entre momentos dedicados a los espacios, donde se huye de la estética de postal;  al día a día en la comunidad; y a las entrevistas. Pero lo más importante es el cuidado al fotografiar los rostros curtidos por el trabajo en el mar, el viento y la sal de los habitantes de Puerto Pirámides. Aunque apuesta por la ficción y cuenta con tres actores profesionales, incluida Eva Bianco como la profesora Eugenia Eraso, María Aparicio incluyó a los alumnos y los entrevistados reales (y otros nuevos) de manera que pudo recrear la experiencia entera para la cámara y filmar las entrevistas.

El resultado es una ficción realizada con materiales documentales pero que evita las ambigüedades de mezclar ambos géneros, como si la ficción pudiese recrear el pasado con las maneras del documental sin afrontarlas. Y uno lamenta que no se haya reflexionado sobre la dislocación entre el hecho recreado y la recreación o entre la Eugenio Eraso real y la de Eva Bianco.  En definitiva, que Las calles fuese algo más que el aAtento simulacro de una experiencia luminosa.

Alberto Hernando

Los mutantes (Gabriel Azorín)

Cuáles son las preguntas importantes que hay que plantearse para hacer cine. Los mutantes (2017), cuarto cortometraje de Gabriel Azorín, lejos de las mitificaciones del oficio, parece buscar en las motivaciones, estímulos, compromisos y preguntas maduras que exige crear un película como proyecto artístico y de expresión colectivo.

Este trabajo, que surge como encargo de la escuela ECAM por su veinte aniversario al que fuera uno de sus alumnos, queda divido en cuatro bloques bien diferenciados y nos lanza y, sobre todo, se lanza a sí mismo una pregunta nodal: ¿es posible enseñar a hacer cine? Sin dar respuestas evidentes, cada parte trata de desentrañar frente al espectador algo de esa verdad que esconde el proceso cinematográfico.

Los mutantesEl primer bloque toma la forma de un estadio nuboso, en el que las palabras de una conversación formal se superponen a un fondo blanco. Se trata del acceso a la escuela mediante la entrevista, pero de una manera metacinematográfica podemos pensar que lo que vemos es el dispositivo audiovisual en su definición más básica, luz y texto. Vayamos al segundo bloque, donde un grupo de jóvenes limpia una pared por encargo de dirección de arte. Un plano secuencia en el que todos, cual hermandad, se vuelcan en este trabajo ramplón y costoso donde surgen las risas y la distensión. De otro modo, podemos ver en ello, un estado de entendimiento, de colectivo y de compromiso frente a una luz que les alumbra a todos ellos como la entidad que en esos momentos está siendo el punto de mira. Luces, cuerpos y sombras comienzan a llenar el espacio en blanco, la pantalla.

En el siguiente bloque, las preguntas. Entra en juego el discurso, no de las imágenes sino de las intenciones y decisiones que están tras esas imágenes. Una sala donde las acciones en torno al guion, al rodaje y al montaje se someten a reflexión. Este estadio en cambio no se plantea como tramo final del proceso, sino como el siguiente eslabón tras habituarse con la dinámicas de creación.

Por último, los miedos, las frustraciones y enredos que supone el rodaje. Cuando los elementos pueden desarrollarse según guion o no y toda persona y esfuerzo cuenta. En definitiva, Los mutantes no refleja un contenido claro, sino un proceso de inicio, madurez y lucha. Puesto que esa pantalla no se rellena sola, solo uno, entendido como el colectivo de muchos, lo pueden hacer. Eso es crear escuela. Y eso se refleja en Los mutantes.

Bea Planas

Notas de campo (Catarina Bothelo)

Notas de campoA partir de un viaje hacia el Sur (desde un punto indeterminado de Portugal hasta el desierto del Sahara) filmado mediante una serie de largos travellings laterales que emulan fielmente la sensación de afrontar el trayecto en tren, Catarina Botelho propone un (aparentemente) profundo viaje emocional. Para ello, la artista visual entrevista a dos mujeres portuguesas y utiliza sus testimonios como motor de la película, como un reflexivo acompañamiento para unas imágenes que por ello adquieren fuerza simbólica a más de un nivel. La conversación de la directora con ambas surge como herramienta para abordar la influencia de las políticas de austeridad portuguesas, que aparecieron en el año 2011 y aún se mantienen vigentes, en la comunidad lusa. Pese al impacto de las declaraciones y a la urgencia del descontento de las entrevistadas, que dan voz a toda una generación de personas en estado de precariedad cuyo nivel de vida es inferior al de sus progenitores, la reflexión sugerida en el documental no logra superar la relevancia social de lo expuesto.

Detectar la raíz de los problemas que sufre Notas de campo no resulta tarea complicada, bastando con atender a la simpleza y falta de mordiente que presentan sus (pocas) ideas visuales o narrativas. El viaje que realizamos a través de las imágenes, que conecta la erosión del paisaje con el retroceso humano vivido en Portugal, es tan obvio y redundante como las palabras de las mujeres, que pierden fuste conforme nos acercamos a las zonas más desérticas, donde, metafóricamente, las políticas económicas han llevado a una parte importante de la población. Entre disquisiciones en torno a lo laboral (pues esta crisis parece no entender nada de profesiones) y una continua mirada atrás comprensiblemente pesimista, las voces en off hacen que nos preguntemos si la propuesta, al no erosionar, era un desierto desde el principio.

Iván Ginés

Omar y Gloria (Jimmy Cohen)

Omar y GloriaLa edición de 2016 del festival DocumentaMadrid brindó la posibilidad de ver la cinta Those who jump (Les Sauteurs, 2016), curioso experimento cinematográfico que aborda la crisis migratoria en la que vive inmersa Europa. Lo poderoso del proyecto consiste en que quien lo ideó no es quien finalmente lo rueda: Abou, inmigrante que aspira a llegar al Viejo Continente, recibe una pequeña videocámara y se le pide que relate, desde su punto de vista, en qué consiste la situación que vive. De esta manera, los directores del filme, Moritz Siebert y Estephan Wagner, comparten créditos con el joven inmigrante, pues su labor se limita a la sala de montaje, lo que a su vez abre un estimulante debate acerca de la definición de autoría.

Algo similar ocurre con Omar y Gloria (2017). El grueso del metraje está compuesto por una selección de la ingente cantidad de material videográfico que posee la anciana, que graba todo lo que le llama la atención -en cierta manera, recuerda al personaje de Exit through the gift shop, (2010)-, por lo que, aunque Jimmy Cohen aparece acreditado como director, la protagonista del relato, en cierta manera, lo co-dirige. Se trata de imágenes de escasa calidad, encuadradas de cualquier manera y sin el menor interés por los estándares cinematográficos, lo que en ningún caso las invalida para la propuesta de Cohen; de hecho, son la clave que define la esencia de la película.

Es esa cercanía, esa naturalidad, la que permite adentrarse en las complejidades y la turbiedad de esta relación. Al casi no haber filtro, se descubren intimidades, que van de lo cómico a lo perturbador, y en mucho caso son ambas cosas al mismo tiempo. El manejo de la información por parte del realizador, en su labor en la sala de montaje, permite que la relación se presente poco a poco, y el hecho de esconder un dato fundamental hasta el tercio final, que lo cambia absolutamente todo -como si de un guion de M. Night Shyamalan se tratase-, eleva la obra a otro nivel. Aunque en estos casos siempre cabe plantearse hasta qué punto los personajes son conscientes de las implicaciones de ser retratados de esta manera en un filme, con la consecuente duda sobre si el director se está aprovechando de ellos y los está explotando. Omar y Gloria es, en cualquier caso, un estimulante ejercicio sobre el significado de las imágenes.

Yago Paris

Ruinas tu reino (Pablo Escoto)

Ruinas tu reino

“El elemento llamado fluido, movible, caprichoso, en realidad no cambia: es la regularidad misma. Lo que continuamente cambia es el hombre. Su cuerpo, cuyas cuatro quintas partes son agua, mañana se evaporará. Esa efímera aparición, en presencia de los grandes poderes inmutables de la naturaleza, hace muy bien en vivir de ensueños”.

No fue hasta ver por segunda ocasión Ruinas tu reino cuando me fijé en un detalle revelador de las ambiciones de la propuesta, que nos sitúa mediante los mecanismos de la no-ficción en el Golfo de México. Y es que prácticamente no escuchamos ninguna conversación entre los tripulantes del modesto barco pesquero en el que Pablo Escoto se adentra, y que utiliza como nave espacial desde la que cursar no solo el ancho mar, sino trascender hasta el origen de las civilizaciones y de la imagen misma.

Ruinas tu reino sitúa al hombre a escala con el mar, con la pesca, con su trabajo y al mismo tiempo con el universo. El aspecto casero de algunas imágenes digitales sin mayor elaboración se combina con otros encuadres muy cuidados, material en apariencia de celuloide y una planificación documental cámara en mano que cuenta con el uso de citas y textos en pantalla como único manual de a bordo. Una forma de mirar, y también de escuchar los fenómenos atmosféricos y el sonido del mar, que en cada plano se reinterpreta y descodifica a sí misma.

La cita inicial, extracto de El mar de Jules Michelet, es un monólogo que funciona a modo de interludio. Un paréntesis que surge precisamente con el audio cobrando todo el protagonismo sobre la imagen en negro. La voz, entendemos que de un marinero, reverbera y nos invita a mirar las siguientes imágenes de otra forma. En su mezcla de formatos y aproximaciones, la película reflexiona no solo sobre las condiciones de la pesca y la forma de filmarla, sino sobre nuestro lugar como pasajeros momentáneos de nuestra travesía marítima bajo las estrellas, a la que achacar que la disposición de sus elementos recuerden demasiado a otros títulos de referencia y dejen al descubierto sus intenciones.

Antonio M. Arenas

Tierra sola (Tiziana Panizza)

Tierra solaSi hay un detalle que hace que la Isla de Pascua, a pesar de su pequeño tamaño, su difícil ubicación geográfica (aislada en medio del Pacífico) y sus poco más de cinco mil habitantes, haya conseguido hacerse un hueco en el imaginario popular y en el académico (no en vano, el geógrafo Jared Diamond dedica uno de los capítulos de su ensayo Colapso a teorizar las causas de su decadencia) es por la presencia de los moái, las estatuas de gran tamaño que imitan rostros humanos. Más allá de este detalle, no menor, de la geografía de la isla, las condiciones de vida y la historia de este singular emplazamiento son muy poco conocidas, y a desentrañar su misterio dedica  Tiziana Panizza su documental Tierra sola.

La película muestra la evolución en el trato a la población indígena de la isla, de la esclavitud inicial, a la semiesclavitud a manos de una compañía ovejera a la que fue arrendada la administración entre 1895 y 1952 y que delimitaba el espacio de pasto y aglomeraba a los locales a la condición de subalternos del ganado lanar, y su posterior dependencia de la Armada de Chile, en una evolución hacia el autogobierno en la que resultó clave la llegada de los primeros vuelos, que acabaron con el aislamiento y la condición de cárcel natural que la práctica colonial y las características del territorio imponían a los indígenas rapa nui. Para ello, Tiziana Panizza se vale de las 32 películas rodadas sobre la Isla de Pascua (de las que 25 son etnográficas) y en sus fragmentos, si bien seleccionados de forma un tanto aleatoria, encontramos lo más valioso de su propuesta: en lo que esas imágenes muestran y esconden podría estar la clave de la misma construcción ideológica que llevaba a aceptar como natural la aberración colonial, a través de unos cineastas que se erigen en testigos de un horror silenciado. Y decimos podría estar, porque la deficiente contextualización impide que lleguemos a tal extremo, por más que las imágenes sean muy significativas por sí solas.

Perdido el interés histórico, las imágenes contemporáneas con las que se intercala el material etnográfico se caracterizan por su grisura, y se centran en el que parece ser el elemento fundamental de la administración estatal chilena en la actualidad, la cárcel, cuyas escasas medidas de seguridad (innecesarias por las propias características del lugar) provocan una singular cercanía entre funcionarios y presos. Con estos altibajos, y sin que el valor de esta obra se diluya por completo, el resultado final de Tierra sola se queda unos metros atrás de lo que el interés inicial de su propuesta, y el material utilizado para darle forma, podrían haber dado de sí.

Mario Iglesias

25 cines/seg (Luis Macías)

25 cines / segYa vimos en DocumentaMadrid 25 cines/seg, de Luis Macías. Un relato de identidad múltiple en donde convive el retrato de una serie de cines abandonados y demolidos con las discusiones entre director y productora que acabaron truncando el proyecto de largometraje que previamente era. Así, mientras la imagen nos muestra como las palas de las excavadoras devoran de forma implacable los muros de múltiples cines y una serie de testimonios, desubicados e irregulares, nos hablan de los recuerdos que estos, ahora cadáveres de hormigón, significan, asistimos mediante el audio a la misma defunción del proyecto que intentaba retratarlos. 25 cines/seg es, por tanto, un relato de rebeldía, de supervivencia frente al carácter más industrial del cine, un arte destinado, por justicia poética, a retratar su arduo devenir histórico  desde una posición no menos comprometida.

Extracto de la crónica de DocumentaMadrid, Rafael S. Casademont

Expo lío’92 (María Cañas)

Expo Lio'92La “videoguerrillera” María Cañas vuelve a construir uno de sus peculiares collages audiovisuales tomando como punto de partida la sevillana Expo de 1992 y las relaciones entre España y Latinoamérica. Navegando por las cloacas de los archivos televisivos y por las modas más absurdas de YouTube, Cañas compone un found footage protesta contra todo y contra todos que ridiculiza ambas culturas. Desde el “descubrimiento” de América (con clips de películas tan dispares como Cristóbal Colón, de oficio… descubridor –Mariano Ozores, 1982- y Aguirre, la cólera de Dios – Werner Herzog, 1972) hasta fenómenos musicales aberrantes como Wendy Sulca y King África, pasando por “gameplays” de videojuegos con discusiones lingüísticas absurdas o youtubers denunciando a nazis negros. Un montaje aparentemente caótico (en el que, por supuesto, no faltan los políticos) que se mueve entre la parodia, el humor incómodo y la rabia ante ciertas injusticias. Una rabia que explota en una pieza final de disturbios violentos amparados bajo el Killing in the name de Rage Against The Machine. Una obra que a través del disparate colectivo evidencia de manera cínica el enfrentamiento entre dos pueblos que comparten algo más que el idioma: a los gilipollas. Porque, como diría Cañas con su discurso directo y sin complejos, gilipollas hay en todos los lados.

Extracto de la crónica de FILMADRID, Fran Chico

  • Mejor película: Expo Lío’92
  • Mención Especial: Tierra sola
  • Premio Numax exhibición: Tierra sola
  • Premio de la crítica (asociación Camira): La tierra aún se mueve
  • Mención Especial de la crítica (asociación Camira): Ruinas tu reino

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