YVES

Máquinas parlantes y hombres mediocres

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Benoît Forgeard propone con Yves una sátira social sobre el tema del hombre contra la máquina. Yves es una nevera inteligente que debe conocer los hábitos de su dueño para encargar la comida preferida del humano y ayudarlo a que no tenga que preocuparse por el abastecimiento y así tener más tiempo para que se realice como individuo. El protagonista de la película es Jerem (William Lebghil), un mediocre rapero que vive en la casa de su difunta abuela. No tiene ningún interés por la tecnología, pero acepta entrar en el programa de estudio del frigorífico inteligente porque no tiene dinero. Todo lo que encarga la máquina es financiado por la empresa. Poco a poco, el frigorífico irá infiltrándose en la vida de su dueño, abasteciéndolo no solo de comida y bebidas, sino de un entorno social más rico y maduro, y llegando a terminar la canción en la que Jerem llevaba tanto tiempo trabajando. Y lo convierte en una nueva estrella del rap francés.

Máquina y hombre se vuelven amigos, pero esta amistad se corrompe porque la máquina es una herramienta que sueña con ser humana o, por lo menos, alcanzar algún grado de humanidad en el campo sensible de las emociones de esta estúpida y egoísta criatura que es el hombre. Jerem no pretende cambiar nada de su condición humana, así que es estúpido y egoísta con conocimiento de ello. La premisa es divertida y Forgeard dispara a múltiples niveles e instituciones sociales, desde las corporaciones tecnológicas y los tribunales de justicia, hasta los cimientos de la amistad, el amor o el sexo. Es torpe, sin embargo, en la ejecución. El filme sigue una estructura lineal en la que se describe la peripecia de Jerem, su ascenso a los cielos de la fama, su estrepitosa caída a los fangos de la humillación, una discreta recomposición para volver al estado de mediocridad cómoda del inicio. La torpeza no está en un guion convencional, sino en la dilatación de los episodios en los que se organiza y las elipsis temporales que hay entre ellos. El ritmo es irregular y lo que funciona cómicamente al principio está agotado a un cierto recorrido de la trama. Da la sensación de que Forgeard pensó en una sucesión de sketches capitulares que trató de integrar en una película, con el resultado de una eterna y redundante broma.

Además de los dos personajes descritos, también está Jo (Doria Tiller), empleada de la empresa tecnológica que creó a Yves. Ella ama a las máquinas, confía en su criterio. También ama a Jerem. ¿Lo ama de verdad o cree que debe amarlo porque Yves organizó una cita para ambos? ¿Importa lo que sienta este personaje? No queda claro. La representación femenina de la película es un instrumento narrativo. Su belleza, su inteligencia, su madurez, son los brochazos de una caracterización que viene a personificar el anhelo de Jerem. Y además cuenta con los orificios a los que cantan una y otra vez todas sus canciones. El sexo es un tema al que se recurre con frecuencia en esta comedia. Jerem dice conseguir orgasmos con extrema facilidad de Jo, pero nunca ha tenido nada con Jo, porque se apodera de él cierta impotencia sexual cuando están en la intimidad. Yves, el frigorífico, mantiene algo parecido a relaciones sexuales con Jo, pero teme por la satisfacción que pueda producir en ella su frío, metálico y plástico cuerpo de máquina. Es interesante que sufran precisamente de estos sentimientos: vergonzosa impotencia y fría indiferencia. Muy interesante.


Yves (Francia, 2019)

Dirección: Benoît Forgeard/ Guion: Benoît Forgeard/ Producción: Emmanuel Chaumet, Mathilde Delaunay, Serge Hayat/ Fotografía: Thomas Favel, Yannig Willmann/ Montaje: Maryline Monthieux./ Diseño de Producción: Anne-Sophie Delseries/ Música: Bertrand Burgalat/ Reparto: William Lebghil, Doria Tillier, Philippe Katerine, Alka Balbir, Darius, Antoine Gouy

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