CRÍTICA VIRAL (I): WRESTLEMANIA 36 Y LOS TIK TOKS DE IGNATIUS FARRAY

Crítica libre de prejuicios

Revista Mutaciones nació hace ya casi 3 años con la intención, entre otras, de abrir la crítica cinematográfica a géneros, plataformas y formatos del audiovisual que no solían tener cabida en las revistas especializadas. A lo largo de este tiempo hemos compaginado el cine y las series “convencionales” con la serie z, pornografía, videoclips, cine interactivo y creepypastas. Sin embargo, el audiovisual cambia y se expande mucho más rápido. Si lo pensamos bien, en esta cuarentena por el coronavirus estamos consumiéndolo más que nunca y en formatos relativamente novedosos. La propia industria también está evolucionando en ese sentido. TikTok, Quibi, Stories de Instagram, Twitch… Un nuevo mundo de producciones audiovisuales, con millones de visitas y al alcance de un clic, que no están recibiendo el mismo análisis que la nueva serie de Netflix o la nueva película de PT Anderson. ¿Por qué? ¿Barrera generacional, prejuicios?

Un buen ejemplo de todas estas cuestiones quedaba patente en la sección del cómico Ignatius Farray en el nuevo late night de la plataforma Playz, Parking Karaoke. Siempre desde la visión humorística, el segmento no deja de ser el análisis de una persona de 46 años con formación en el género (Ignatius es licenciado en Comunicación Audiovisual y ha sido colaborador de Jordi Costa en su revista de crítica Orphanik) acerca de una serie de cortos con gran popularidad entre un público adolescente. Interpretaciones cómicas y personales pero basadas en recursos narrativos y formales objetivos. Llegar a lecturas de lo que estamos viendo y justificarlas con argumentos que están en la obra independientemente de que, con total seguridad, no tengan nada que ver con las intenciones del autor original. Lo que viene siendo una crítica especializada de manual, vaya. Una muestra de que se pueden (y se deben) incluir poco a poco estas prácticas en nuestra labor. Lo haremos. En esta columna, que hemos titulado “crítica viral” en honor a su objeto, intentaremos seguir estas mutaciones para examinarlas con ojos de crítico y ver qué nos dicen de nuestro mundo y cómo resuena en el cine y el resto del audiovisual.

 

Al hilo de que la industria cinematográfica y televisiva también está cambiando, vamos a cambiar de tercio. En la crítica cultural de blogs y prensa escrita se habla mucho de teatro, como no puede ser menos. De momento no es un palo que hayamos tocado de lleno en la revista, pero todo es ponerse. Sin embargo, es fácil observar que la crítica teatral cae en las mismas trabas y prejuicios que la audiovisual cuando se trata de etiquetar y descartar géneros, obviando un tipo de teatro seguido en todo el mundo, tanto en directo como televisado, con millones y millones de seguidores: la lucha libre. ¿No es acaso teatro un espectáculo en directo guionizado, coreografiado y escenografiado, para el que los actores han tenido que ensayar durante semanas? ¿O quizá es una serie de acción grabada con público, al igual que muchas sitcoms, que va desarrollando tramas y relaciones entre sus personajes cada semana? Como dice el cartel del famoso meme, hacedme cambiar de opinión.

La WWE, la organización de wrestling más famosa del planeta, ha tenido que adaptarse a la cuarentena mundial justo cuando llegaba su evento más importante del año: Wrestlemania. La Superbowl de la lucha libre. Su final de Champions. Su Season finale. Su Vengadores: Endgame. Es decir, su mayor fuente de ingresos televisivos. Y organizar peleas en un ring solitario, sin interacción con el público, ha sido todo un desafío que, en reglas generales, no ha dado muy buen resultado. Todo el juego de héroes y villanos, de discusiones encendidas por el público enfervorecido, se ha perdido y la sensación era de visualizar un entrenamiento desangelado. Así que la productora ha decidido experimentar con el cierre del primero de los dos días que duró el evento emitiendo una pelea filmada y editada a modo de corto. La Boneyard Match o “Pelea en el Cementerio” enfrentó al inmortal Undertaker (55 años ya) contra AJ Styles (Abreviación de Alan José Estilos; en serio) en el evento estrella de la primera jornada. Un combate en el que ganaba el que consiguiera noquear y enterrar vivo a su contrincante, ambientado en un escenario exterior (un cementerio) y concebido como un corto de terror.

El acontecimiento tuvo una acogida brutal, convirtiéndose en TT mundial y siendo lo más recordado de la 36ª edición de Wrestlemania semanas después. Sin embargo, si nos ponemos críticos, no dejo de pensar en cómo el video mezcla las peores cosas de ambos formatos. ¿Para qué presentar una pelea editada y montada a posteriori si se sigue viendo tan falsa como los combates del ring? Se podría decir que la gracia teatral del wrestling es la autoconciencia irónica de esa misma farsa, y es lo que ha explotado inteligentemente el vídeo. Pero no, el pressing catch no tiene de eso, siempre se ha tomado a sí mismo demasiado en serio incluso cuando nadie más lo hacía. Aun así, ¿por qué dejar a la vista los focos y los efectos especiales, simulando estar en un plató en directo, si después se van a meter efectos de posproducción? Eso sin contar con el desenfoque constante, las equivocaciones en los diálogos y la pobre planificación de tomas. Entre seguir con un espectáculo en directo, sin trampa ni cartón, o experimentar con un corto de acción y terror que imitara otras producciones de ficción de la WWE como El Rey Escorpión (Chuck Russell, 2002) o Los ojos del mal (Gregory Dark, 2006), se quedaron a medio camino con un producto que no fue ni una cosa ni otra. Esta vez les salvó ante el gran público el efecto de la novedad. A la próxima, veremos.

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