UNA PELÍCULA DE POLICÍAS

Capas de realidad y ficción

Una película de policías. Revista Mutaciones

En el plano inicial de Una película de policías se escuchan las sirenas sobre un fondo desenfocado con destellos azules y rojos. A continuación, una mujer policía cuya presencia solo se adivina al otro lado del cristal asiste un parto mientras espera una ambulancia que no llegará a tiempo y empieza a narrar cómo entró en el cuerpo. Voz en off y entrada de unos títulos de crédito coloristas, pese a las imágenes en blanco y negro, con música de Lalo Schifrin, músico argentino que compuso algunas de las bandas sonoras más icónicas de las series de televisión de los sesenta y los setenta, como el tema de Misión: Imposible o de películas como Harry el sucio. La pregunta surge de manera inevitable: ¿qué es lo que vamos a ver?

Se trata del tercer largometraje del director Alonso Ruizpalacios, un documental que mezcla ficción y no ficción para hablar de sobornos (algunos tan exiguos que más bien parecen unas monedas de propina) de miedo y de desmotivación, denunciar la desprotección y la falta de medios que sufre la policía en México y, por encima de todo, evidenciar la corrupción de todo el sistema policial. Pero, ¿es esto Una película de policías?

Dividida en capítulos, los tres primeros siguen un esquema parecido. En ellos se recogen los testimonios de una pareja de policías, Teresa y Montoya, que pronto empiezan a abandonar la voz en off para romper la cuarta pared y hablarle directamente a la cámara mientras, por ejemplo, conducen el coche patrulla con un detenido en el asiento de atrás, o cuentan a un par de compañeros del cuerpo alguna anécdota en la pausa del café. Superada la extrañeza inicial por el uso de un dispositivo un tanto inesperado para un documental sobre el día a día de la policía en Ciudad de México, la cinta empieza a discurrir con ficticia naturalidad. Aunque el tono, subrayado por la música de Schifrin, no parezca del todo adecuado a lo que cabría esperar de un documental de denuncia.

Una película de policías. Revista Mutaciones

Hasta llegar al final del tercer capítulo, en el que un apagón de luz en medio de una entrevista a Teresa y Montoya, en la que bromean sobre cómo se conocieron y se convirtieron en pareja, provoca la entrada de los técnicos del rodaje en el cuadro. A la manera de un clásico fundido a negro, el apagón supone un punto y aparte que conduce la película hacia un lugar completamente diferente, el que quizá sí cabía esperar. Se corrobora entonces que los protagonistas son actores interpretando a dos policías y se asiste al proceso de preparación de sus papeles, incluido el ingreso en una academia municipal de policía en la que se registran imágenes, reales, esta vez sí, del proceso de formación y los orígenes y las motivaciones de quienes ingresan en el cuerpo. A partir de este momento, se resignifica todo lo visto con anterioridad, se traspasa la primera capa y el discurso de Una película de policías se coloca en un registro más documental.

Así, la película sigue una estructura circular que parece empezar por el final, con las secuencias donde los actores interpretan sus papeles y se dramatiza la realidad que se investigó antes en el tiempo, pero se muestra en el último tramo, invirtiendo el orden natural del proceso. ¿Qué hemos visto? Cine documental de múltiples capas que, saltándose muchas convenciones del lenguaje cinematográfico clásico, encierra varios procesos documentales en su interior y cuya temática se expande mucho más allá de mostrar la realidad social de la policía mexicana para indagar en la construcción del objeto fílmico y en el propio proceso interpretativo de los actores, Mónica del Carmen y Raúl Briones, que se desdoblan casi en tres papeles para hacer de ellos mismos, de los policías reales y de unos actores que ensayan un personaje.

Una película de policías tiene en realidad mucho de reflexión sobre el papel que se interpreta en la vida, ya que, al fin y al cabo, ¿no interpreta un papel un policía cada vez que se viste el uniforme?

Una película de policías (México, 2021)

Dirección: Alonso Ruizpalacios / Guion: Alonso Ruizpalacios, David Gaytán / Producción: Daniela Alatorre, Elena Fortes / Fotografía: Emiliano Villanueva / Montaje: Yibrán Asuad / Sonido: Isabel Muñoz Cota / Reparto: Mónica del Carmen, Raúl Briones Carmona

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