UNA JOVEN PROMETEDORA

Tiempo de vendetta

Una joven prometedora (Emerald Fennell, 2020)

A lo largo de la última década, puede que te hayas cruzado con alguna de las películas o ficciones televisivas en las que la londinense Emerald Fennell hace acto de presencia. Encarna a personajes secundarios en obras como Albert Nobbs (Rodrigo García, 2011), ¡Llama a la comadrona! (BBC, 2013-2017), Anna Karenina (Joe Wright, 2012) o La chica danesa (Tom Hopper, 2015). En todos esos casos, delante de las cámaras; aunque también puede que hayas tenido una pequeña degustación de lo que alberga Fennell en su tintero si has visto la segunda temporada de Killing Eve (BBC America, 2018-presente), cuyo guión está firmado por la británica. Su amiga Phoebe Waller-Bridge, show runner de la serie (y de otra maravilla reciente como es Fleabag), le cedía su propio puesto como guionista en esta popular obra televisiva. De la alianza entre estas dos jóvenes y reivindicativas creadoras podemos sacar distintas conclusiones. La primera es que, si resulta familiar el nombre de Waller-Bridge, sabremos que se trata de una mujer sin pelos en la lengua que aboga por ficciones que resuenen en el cambiante panorama actual, y parece que la sensibilidad de Emerald Fennell no se aleja demasiado de la de su compañera. La segunda es que de ahí podemos presuponer qué enfoque encontraremos en Una joven prometedora, primer largometraje de la ahora realizadora (y también única guionista). En esta carta de presentación, Emerald Fennell propone una pieza de denuncia, ácida y estridente, paródica en cierto sentido, pero de algún retorcido modo no tan alejada de la realidad como podríamos desear.

Ejemplificado en un caso concreto de abusos sexuales y maltrato psicológico derivado, el debut de Fennell vehicula críticas de candente actualidad desde la más absoluta autoconciencia. El filme sigue las andadas de Cassie (más que solvente Carey Mulligan) tras el suicidio de su mejor amiga Nina, que fue abusada sexualmente durante sus años de universidad. Años después de esos hechos y del maltrato psicológico y sistemático sufrido a posteriori, cuando parece que ya nadie recuerda lo sucedido más allá de la madre de Nina y la propia Cassie, esta última lo convierte en su cruzada personal, embarcada en la temeraria misión de vengar las injurias cometidas contra Nina. Y ¿quién es el principal enemigo de Cassie?, os preguntaréis. Los hombres, en general (esos Boys a los que canta Charli XCX en el prólogo del film). Y, en particular, aquellos que de cara a la galería parecen “nice men” (hombres majos), pero que en cuanto tienen la oportunidad, abusan de su posición de poder intrínseca. #NotAllMen, rezaba ese eslogan victimista en respuesta a la ola feminista de los últimos tiempos. #NotAllMen es “la lucha” por una presunción de inocencia hacia el género masculino en un momento en el que algunos parecen entender que el sólo hecho de ser un hombre te hace responsable de absolutamente todos los crímenes de género. Obviamente, se trata de un movimiento absurdo y el hecho de que se sienta esa necesidad de verbalizar “la excepción” proviene de no entender el problema – que al final es uno que deriva de todo un sistema ya establecido, independientemente de los individuos. Bien, Emerald Fennell y Cassie (algo así como su representación amplificada en pantalla) parecen querer proclamar que #YesAllMen (y alguna que otra woman cómplice de este sistema fundamentalmente injusto), y todos los personajes de Una joven prometedora lo reafirman tarde o temprano.

Una joven prometedora (Emerald Fennell, 2020)

La lucha de Cassie puede tomarse en serio hasta cierto punto. Obviamente, la agresión a Nina, su linchamiento popular y la absolución de los responsables es algo muy real, y que lamentablemente está a la orden del día. Sólo hace falta un chapuzón en los medios para encontrarse noticias parecidas, en todo el mundo, en cualquier ciudad, barrio y entorno. Temas así de arduos podrían dar paso a un drama absoluto, pero Cassie no es una víctima más. Es una depredadora que tiene sed de venganza, y nada que perder. Fennell pasa del thriller a la comedia negra, coqueteando con códigos del terror, pero sin olvidar nunca su cometido final, que no es otro que el de incomodar. Más allá de una Carey Mulligan en estado de gracia (surfeando exitosamente en esta mezcla de tonos y géneros), encontramos en Una joven prometedora un buen abanico de caras conocidas, procedentes de registros muy variados. Desde Bo Burnham (director de la también reconocida Eighth Grade), el simpático interés romántico que encarna ese #NotAllMen mencionado; hasta las recuperadas Jennifer Coolidge y Molly Shannon, procedentes de un trasfondo mucho más anclado en la comedia norteamericana (entre otros, los filmes de American Pie o el programa Saturday Night Live); pasando por Alfred Molina (Spider-Man 2, An Education), Alison Brie (Mad Men, GLOW), Connie Britton (American Horror Story) o Laverne Cox (Orange Is the New Black). Nombres que a priori resultaría extraño ver relacionados, en la película de Emerald Fennell encuentran su sitio. Y, ya en personaje, encontrarán su sitio también dentro de la elaborada estratagema de Cassie.

En los últimos tiempos, han proliferado ficciones que tratan temáticas parecidas. Títulos como The Assistant (Kitty Green, 2019) o The Tale (Jennifer Fox, 2018), por mencionar algunos. Pero incluso en esta dinámica rape-and-revenge, como se ha denominado un cierto tipo de argumento en el que la película de Fennell se enmarca, su pieza destaca en estridencia. La reflexión que esta contiene se siente más bien como una performance vengativa, dramática y definitiva que como un estudio realista de las consecuencias del abuso, si bien estas acaban emergiendo a la superficie. Algo de ese desconcierto que Una joven prometedora puede provocar en su destemple lo encontramos en otra pieza absolutamente singular de esta última década, como es The Love Witch (Anna Biller, 2016). La mujer empoderada, también al borde de un cierto delirio, es el elemento central de ambas ficciones, pero en la película de Biller encontramos una unidad en los códigos que usa (de género, estéticos, en su tono) que Una joven prometedora no llega a conseguir en los 113 minutos de metraje. La obcecación de Cassie, su calculado plan casi a la manera de Death Note (libreta incluida), su inconformidad con que se olvide y se perdone, sin más. Todo ello va armando el filme, entre instantes de aparente enmiendo catártico, frustración e ira, a modo de ajuste de cuentas con dudoso objetivo.  Lo hace descaradamente, de forma desacomplejada, y sin miedo a ofender, pero también poniéndose seria cuando debe. En esa incongruencia intrínseca en Cassie, que acaba trasladándose a la forma de la película, también existe crítica, y un propósito: mostrar los estragos y la destrucción que la violencia (en muchas de sus formas) deja tras de sí.


Una joven prometedora (Promising Young Woman, Reino Unido, EEUU, 2020)

Dirección: Emerald Fennell / Guion: Emerald Fennell / / Productores: Tom Ackerley, Ben Browning, Emerald Fennel, Ashley Fox, Josey McNamara, Margot Robbie (para Filmnation Entertainment, Focus Features, LuckyChap Entertainment) / Fotografía: Benjamin Kracun / Diseño de producción: Michael Perry / Montaje: Frédéric Thoraval / Música: Anthony Willis / Reparto: Carey Mulligan, Bo Burnham, Alison Brie, Connie Britton, Jennifer Coolidge, Adam Brody, Laverne Cox, Clancy Brown, Angela Zhou, Christopher Mintz-Plasse, Alfred Molina, Molly Shannon.

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