UNA GRAN MUJER

La imposibilidad de la esperanza

El nacimiento de un hijo o la noticia de un embarazo suponen una puerta abierta al optimismo, un proyecto de futuro, la ilusión por la vida y la existencia. En el arte es recurrente utilizar uno de estos dos acontecimientos para expresar tal felicidad, revelar al espectador que existe posibilidad de esperanza, ya sea para los protagonistas o para el mundo en su totalidad. En Una gran mujer (Beanpole) la realidad se encuentra huérfana de cualquier perspectiva entusiasta, despojada de toda fe. El contexto se sitúa en Leningrado durante 1945, concretamente el primer otoño tras la conclusión de la fatídica contienda. Una realidad formada por soldados mutilados, reiterados suicidios de personas que se arrojan a las vías del tren, una cordura ausente en los individuos y frío, mucho frío en las calles y en las almas. Una realidad impregnada de sordidez y miseria, donde el altruismo es escaso y el gobierno proyecta el porvenir del país sin tener en cuenta a los excombatientes y sus familiares, víctimas dobles, primero por una guerra y después por miserables políticas que les dejan sin futuro.

BEANPOLE 1 - Revista Mutaciones

En esta pringosa realidad se hallan Iya y Masha, dos jóvenes que han regresado del frente para trabajar en un hospital para soldados en estado crítico. La primera tuvo que renunciar a su puesto de combate al sufrir un trastorno de estrés postraumático que la paraliza momentáneamente y cuyos episodios de inmovilidad serán claves en la trama. Por su parte, Masha ha vuelto tras el desenlace de la guerra con importantes heridas de metralla, habiendo perdido a su marido y, al igual que Iya, con evidentes síntomas de inestabilidad psíquica y emocional. Dos mujeres en un mundo devastado por las armas y la violencia que se reencuentran tras luchar juntas en la batalla y cuya única opción para subsistir que la administración les ofrece, empleadas de esa esquizofrénica clínica,  no ayuda en su recuperación, pues el constante trato con los enfermos no las aleja del horror y la barbarie. Por si fuera poco, deben afrontar un grave suceso que las dejará aun más desoladas y perdidas, lo que lleva a Masha a obsesionarse por tener un hijo, algo que no encaja con el entorno degradado en el que habitan, donde como se afirmaba al principio no hay lugar para los hijos, para la esperanza.

Con el pesimismo que anida las más amargas tragedias rusas, el prometedor director ruso Kantemir Balagov, alumno de Aleksandr Sokúrov, construye una desalentadora obra visualmente poderosa con la que consiguió el premio al mejor director y el premio FIPRESI en la sección Un certain regard del Festival de Cannes, un certamen que desaprovechó la oportunidad de acoger este filme en su Sección Oficial, donde debió programarse dada su calidad. Tras exponer el odio existente entre comunidades vecinas y la fractura familiar en Demasiado cerca (Tesnota) (2017), su formidable ópera prima, Balagov, de tan solo 28 años, vuelve a demostrar su talento en su segundo largometraje, con la que reincide en la violencia soterrada y atmósferas opresivas, filmando escenas de enorme crueldad. Inspirada en La guerra no tiene rostro de mujer, celebrada obra de la Premio Nobel de literatura Svetlana Alexiévich, la película aborda, además, otros asuntos como la eutanasia, la sororidad o hasta el lesbianismo en un territorio donde la moral ha estallado por los aires.

BEANPOLE 2 - Revista Mutaciones

Con hipnótica fotografía, planos cerrados, predilección por los interiores y una reconstrucción de época encomiable, Balagov elabora una puesta en escena escrupulosa y cuidadísima, creando una cautivadora experiencia desde su fotograma inicial hasta la perturbadora composición musical que acompaña a los créditos finales. El sobresaliente resultado se debe igualmente a las sólidas interpretaciones del reparto, en especial la de sus dos protagonistas, las debutantes Viktoria Miroshnichenko y Vasilisa Perelygina, quienes componen a través de sus distantes y enajenados gestos, sus miradas perdidas, sus parcos diálogos y ambiguas acciones dos actuaciones mayúsculas.

Una gran mujer (Beanpole) es un doloroso retrato acerca de las demoledoras consecuencias de la guerra (sin mostrar escena bélica alguna) situando el foco en las historias femeninas que raras veces se visibilizan, así como de la dificultad de habitar en un lugar inhabitable, que asfixia, que hiere, y de la locura como virus que invade a los individuos y a las comunidades cuando la esperanza ha quedado arrebatada.


Una gran mujer (Dylda, Rusia, 2019)

Dirección: Kantemir Balagov / Guion: Kantemir Balagov, Aleksandr Terekhov / Reparto: Viktoria Miroshnichenko, Vasilisa Perelygina, Konstantin Balakirev, Andrey Bykov, Olga Dragunova, Timofey Glazkov / Música: Evgueni Galperine / Fotografía: Kseniya Sereda.

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