TOP GUN: MAVERICK

Si piensas ahí arriba, mueres

Cuando los pilotos de Top Gun (Ídolos del aire) (Tony Scott, 1986) cruzaron el cielo norteamericano a ritmo de “Take My Breath Away”, las ventas de Ray-Ban subieron un 40% y el ultrasonriente Tom Cruise alocó a los y las adolescentes de medio mundo con su mirada de pícaro. Claro, no fue para menos. Aquel anuncio de la MTV, empapado de secuencias en vestuarios y atardeceres dorados, no tenía otro objetivo que vender, vender y vender, en palabras de Pauline Kael. Hoy, treinta y seis años después, la fórmula, los formatos y los referentes han cambiado pero no los objetivos del gran Hollywood. Por tanto, cuando finalmente llega la secuela, Top Gun: Maverick (Joseph Kosinski, 2020), una apuesta considerablemente menos esteta, cabe preguntarse para quién y qué se está comerciando. 

TOP GUN MAVERICK. REVISTA MUTACIONES 1

En un ángulo opuesto a la original pero muy acorde con la postmodernidad en decadencia, la película abandona el forjamiento de nuevos e imponentes héroes para estructurar su razón de ser en torno a la nostalgia. Aquella leyenda en chupa de cuero que volaba sobre una moto vuelve a la academia de pilotos de élite para instruir y quizás también tomar los mandos de un grupo de chulos uniformados. Incluyendo a una mujer en este viaje, el objetivo será bombardear una reserva de uranio, esquivar misiles y luchar contra el enemigo enmascarado a 5.000 pies de altura, una misión suicida. Asuntos peligrosos del pasado que se reencarnan bajo los consejos de Val Kilmer, un F-14 piruético y el vástago de “Goose” identificado por un mostachudo Miles Tiller. Y con todo, quien mejor representa la emoción nostálgica es el rostro de Cruise, filmado con muchas más arrugas, sí, pero calcado e imponente. Top Gun: Maverick es indudablemente una oda a los ochenteros, a aquellos que se sobreexcitaron y que perciben el valor de identificar el paso del tiempo propio sobre los rostros cinematográficos. 

Pero si se observa con deferencia, la angulación opuesta no se halla únicamente en su intención conmemorativa, sino también en su planteamiento formal. Top Gun era un compendio del auge publicitario, una acumulación de secuencias excusadas bajo argumentos baladíes para tensionar los anhelos homoeróticos de un público en plena liberación sexual. Si bien es cierto que aquí se replican alguna de estas estampas, en su prolongada duración no se encuentran imágenes autónomamente bellas entregadas al hedonismo visual. En su lugar, los huecos que dejan las infladas secuencias dramáticas se intercalan con verdaderos auges de adrenalina: los cazas de combate. 

TOP GUN MAVERICK. REVISTA MUTACIONES 2

Las nuevas tecnologías han revalorizado las secuencias de acción. Los planos desde y sobre los aviones, mucho más contextualizados, logran transmitir la ansiedad de una cuenta atrás a cientos de kilómetros por hora. Construidas las persecuciones con un montaje rockero y acompañadas de unos efectos sonoros vibrantes, se puede llegar a sentir que la butaca va a salir propulsada en cualquier momento. En definitiva, una realización pulcramente técnica que deviene en un realismo que, aunque quizás un aviador profesional lo desmienta, el común de los mortales percibimos como auténtico. 

A ritmo de Lady Gaga, que da voz con fuerza al tema principal, se cierra Top Gun: Maverick. Un signo más de la coherencia extracinematográfica que tiene esta secuela con su anterior, vender copias (o reproducciones en Spotify) de su banda sonora. Una coherencia que busca colocar entradas a quienes compraron las antiguas, que trata de hacer brillar de nuevo un estilo de cine espectacular que solo puede apreciarse en la gran pantalla, que ensalza a un actor en cada rincón del plano. Y a su vez, la incoherencia de olvidar que el fenómeno se creó a base de volar muy alto, de idolatrar abdominales escultóricos y trascender hacia ningún lado. Parafraseando a Maverick: si piensas, mueres.


Top Gun: Maverick (Estados Unidos, 2022)

Dirección: Joseph Kosinski / Guion: Ehren Kruger, Eric Singer, Christopher McQuarrie / Fotografía: Claudio Miranda / Montaje: Eddie Hamilton / Música: Harold Faltermeyer, Hans Zimmer, Lorne Balfe / Intérpretes: Tom CruiseMiles Teller, Jennifer Connelly, Jon Hamm, Glen Powell, Ed Harris, Val Kilmer, Lewis Pullman, Charles Parnell.

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