THE BEAST

El límite del bien (El límite del mal)

En las primeras secuencias de The Beast (Lee Jung-Ho, 2019) dos policías propinan una paliza a un hombre desnudo sobre el que parecen acometer una venganza. Un tiempo atrás, dicho hombre actuó bajo la influencia del mal y ahora son el supuesto bien ─el orden y la ley─ los que mediante motivaciones completamente ajenas a su labor policial limitan dicha barrera moral, agrediendo a un hombre completamente indefenso. Escondidos tras unos pasamontañas y pistolas en mano, hacen saber al hombre desconocido que ese será el último aviso: no debe acercarse nunca más a la señora Oh, una mujer de mala muerte, informadora y amante del detective Han-Su.

The Beast Revista Mutaciones

Alrededor de esta fina línea, la que separa un buen acto de uno horrible, versa la nueva obra del cineasta coreano Lee Jung-Ho. Uno de esos dos policías, el detective Han Su, se mira las manos completamente llenas de heridas tras la brutal paliza que ha propinado a dicho delincuente. Este plano, rodado mediante una perspectiva completamente subjetiva, nos sitúa por segunda vez, en apenas tres minutos de metraje, en la mente y mirada del personaje principal. La primera vez, de camino al oscuro bosque donde realizan estos actos ilegales, la mirada de Han-Su se posa intranquilamente sobre el rostro de un pequeño ciervo al que han atropellado accidentalmente con el coche. Una muerte que regresará a su mente en otra ocasión, justo tras ser testigo y cómplice del asesinato de un camello. A cambio del silencio, Han-Su recibirá una información crucial para cerrar el caso que está investigando sobre la muerte de una joven adolescente.

Este detalle sobre la subjetividad de la mirada, acabará teniendo bastante más importancia de la que en un primer momento se le podría dar. La constante reflexión en torno a los actos, a la cuestión de policía o criminal -esa frase pronunciada por Han-Su de “los policías fuimos asesinos en otra vida, es nuestra penitencia”– nos lleva a entender muchos más dichos planos subjetivos, siempre distorsionados, que observan la confusión mental tanto del protagonista como de otros personajes. Éstos, acechados por la constante brutalidad de lo que les rodea, parecen empezar a darse cuenta de la bestia que todos llevamos dentro. Esa que también tiene su reflejo en la marcada enemistad que sustenta la trama de The Beast. La que los detectives Han-su y Min-tae llevan hasta límites insospechados, mostrando el lado más oscuro del ser humano.

The Beast Revista Mutaciones

Es bastante gratificante contemplar cómo lo que es un remake del thriller francés Asuntos pendientes (Olivier Marchal, 2004), se muestra sobradamente más competente que su original, tanto por el elegante y seco acercamiento visual de la propuesta (más parecido a un criminal de David Fincher, con la frialdad de sus claroscuros fotográficos) como por los diversos y muy acertados cambios argumentales que lleva a cabo el coreano Lee Jung-Ho. Si en aquella el estilo estaba mucho más enfocado al efectismo, a través del constante subrayado musical y la cámara enfatizadora, el cineasta prefiere aquí contenerse y rodar las tramas con marcada atención. A través de una cámara fija y atenta, que ni siquiera en los momentos de más acción se siente desequilibrada (y cuando lo hace es con un sentido emocional, como en los planos subjetivos) The Beast prefiere potenciar la enemistad de los protagonistas a lucir un acabado tan imperfecto y precipitado como el de Marchal.

La cinta francesa parecía excesivamente obsesionada en imitar aquellos thrillers norteamericanos que copaban las carteleras de medio mundo, estilo Training Day (Día de entrenamiento) (Antoine Fuqua, 2001), donde la proliferación de flashbacks explicativos o ralentíes videocliperos (muy finales de los 90, principios del 2000) eran la principal marca de la casa y búsqueda estilística constante. Una ampulosa y vacía carcasa donde ese trasfondo sobre el mal apenas era perceptible, también por unas subtramas que, por poco trabajadas e inconexas, acababan desembocando en un abrupto y tremendista final. Por ello, mientras que el detonante de Asuntos pendientes era el robo de unas joyas, en The Beast todo se inicia tras el asesinato de una niña. Un caso mucho más oscuro que permite al cineasta elaborar el discurso con mayor acierto, así como con más contención: el excesivo uso de la música en la original, por ejemplo, aquí se siente atmosférico y bien medido.

De este modo, The Beast acaba resultando un thriller más que competente, sustentado por unas subtramas y unos personajes mejor desarrollados que en Asuntos pendientes, aunque no por ello exentos de cierta premisa reconocida dentro del género. Quizá ese sea su punto más negativo, el reconocimiento ampliamente marcado de unos cánones históricos. Aun así, el desenlace, tan climático como bien rodado en su descarada diferencia con el francés, termina apuntalando esa idea de “el mal está hecho”. Cuando Min-tae ha conseguido su objetivo ensuciándose las manos como también lo hizo Han-su con peor suerte. Cuando el plano subjetivo vuelve a su inicio, para cambiarlo: las manos manchadas de muerte de Min-tae (como las heridas de Han-su al inicio de la cinta) se lavan bajo el agua purificadora. “Creía que en homicidios habría algo más allá del bien y del mal”, le dice una inspectora justo antes de dicho acto. Pero es que, por desgracia, todos estos acaban desembocando, de algún modo, en esos conceptos. Un límite tan fino que difícilmente se logra sortear en el trayecto de una vida plagada de complicadas decisiones.


The Beast (Biseuteo, Corea del Sur, 2019)

Dirección: Lee Jung-Ho / Producción: Kim Woo-taek Paek Keong-suk Jang Kyung-ik Oh Sung-il Song Ji-eun / Guion: Lee Jung-Ho / Música: Mowg / Fotografía: Ju Sung-lim / Reparto: Lee Sung-min, Yoo Jae-Myeong, Seong-Bong Ahn, Daniel Choi, Ho-jung Kim, Ja-Yeon Ok

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