SUSPIRIA (2018)

Invocación del Giallo

Suspiria Guadagnino

Hay dos Suspiria dentro de la reinvención (o revisitación) que Luca Guadagnino ha realizado de la obra magna de Dario Argento y del giallo. También hay dos maneras de enfrentarse a ella. La primera sería confrontar el original y su réplica. Craso error, por motivos que serán desarrollados a continuación. La segunda y más interesante es ver como Guadagnino, al igual que el cónclave de brujas del filme, pretende invocar una obra, un tono y unas maneras, primero tímidamente, en base a un montaje crispado, rupturas del raccord sutiles e intrusivos zooms -todos ellos elementos básicos de los primeros compases del subgénero- para acabar terminando en una invocación fruto de un baile que en el original de Argento era mero aspecto decorativo y aquí, sustentado en la hipnótica, perversa y a su vez, bella composición de Thom Yorke, se convierte en pieza y elemento fundamental de toda la obra.

Pero como decíamos, subyacen dos películas en esta obra tan monumental como excesiva, tan brillante en algunos momentos como farragosa en otros tantos. La primera de ellas transcurre en la academia de baile, en una sororidad con tintes feministas que devuelven el mito de las brujas a sus orígenes y concepto primigenio: las brujas como pesadilla masculina, dueñas de su cuerpo, su mente y su sexualidad. Es ahí donde el horror geométrico del original, representado en un diseño de producción salido de una pesadilla de Mondrian se transfigura en geometrías de cuerpos contorsionados gracias a la hipnótica coreografía titulada Volk, epicentro del filme que da pie a sus mejores secuencias: la representación final en la academia, el primer ensayo de la misma -de una barroca y cruda violencia carnal magnificada por un cortante montaje paralelo- y la set-piece final donde se abren las puertas del infierno y Guadagnino, a través de sus personajes, consigue invocar el espíritu de Dario Argento y el giallo y la película logra transmutarse en el objeto emulado y homenajeado y la pantalla se inunda de bello y perverso rojo carmesí.

Suspiria

Un profondo rosso que hasta ese momento había sido enterrado y ocultado por una paleta de ocres y tonos cobrizos que sirven para representar el Berlín de 1977, año en el que se estrenó la Suspiria original. En manos de Argento, la localización geográfica de la obra -al igual que la academia de baile- eran meros pretextos caprichosos para su sinfonía de texturas, colores y sensaciones. En cambio, Guadagnino se sirve de ellos para contextualizar y desarrollar un discurso acerca de las heridas de la guerra, la culpa y la masculinidad mal entendida. El problema, que el director de Call Me By Your Name (2017) embarulla un subtexto que funciona sin necesidad de subrayarlo de manera tan evidente -el epílogo con el que se cierra la obra, anticlimático, tras la orgía de sensaciones macabra, y excesivamente explicativo- desequilibrando la propuesta.

Una lástima, porque la cinta tiene grandes aciertos formales. Guadagnino es capaz de aunar el arte dadaísta de fondo con una paleta de grises y ocres en primer plano -que trae al recuerdo el juego de jerarquías en el plano del giallo original- y transportar al espectador a las dos Alemanias posteriores a la Segunda Guerra Mundial, invocando por el camino a un R.W. Fassbinder hiperestilizado. Acierto también es la ya mencionada irrupción de las formas del giallo en su acto final, preconizada por unas pesadillas de afilados cortes surrealistas. Pero todos estos magníficos aciertos tienen que enfrentarse a un metraje desmesurado y a una nolanización de la propuesta que flaco favor le hace a una cinta que en su misterio y callejones sin salida tiene sus mejores bazas, dando como resultado una película valiente, un remake inteligente pero que resultaría más compacto si se le suprimieran algunos ingredientes de la receta. Pero también es posible que sin todos ellos, quizá la Suspiria de Guadagnino no fuera la película que es, una cinta de contrastes, excesiva y polarizada, tanto interna como externamente.


Suspiria (Italia, EEUU, 2018)

Dirección: Luca Guadagnino Guion: David Kajganich Producción: Brad Fischer/ Música: Thom Yorke / Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom / Montaje: Walter Fasano / Diseño de producción: Inbal Weinberg / Reparto: Dakota Johnson, Tilda Swinton, Doris Hick, Malgorzata Bela, Chloe Grace Moretz, Angela Winkler, Vanda Capriolo, Alek Wek, Jessica Batut

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