STAR WARS: EL ASCENSO DE SKYWALKER

Cómo hacer una trilogía de dos partes

Terminada la saga con esta última entrega, existe la posibilidad de que cada espectador se decida a pasar inspección a todo el serial de películas con el foco puesto en el conjunto, casi como un ente abstracto, más que título por título. Matiz que puede tanto beneficiar a unos como desfavorecer a otros, ya que el análisis e interpretación individual podría pasarse ligeramente por encima primando las sensaciones que transmiten a grosso modo. Y es que esta tercera trilogía ha sido una búsqueda de sensaciones: la de si la nostalgia estará en pos de los primeros y más leales fans; la del lógico y exigido aspecto novedoso siendo o no conocedor (debido a ese aberrante juego entre spoilers y merchandising pre-estreno) de lo que se encontrará uno en cada título; y luego están los que demandan la ejecución de sus caprichos por encima de la coherencia argumental y narrativa. Lo peor es que en muchos de los casos éstos últimos son los que se imponen y con Star Wars: El ascenso de Skywalker (Star Wars: The Rise of Skywalker, JJ. Abrams) esa ha sido la sensación. El fan service ha sido el objetivo para el funcionamiento del discurso narrativo y de la herramienta formal. Se ven algunas decisiones que van cargadas de prisa y de un montaje tan abigarrado que siente uno que a veces la explosión o vuelo de turno ya la ha vivido, quizás incluso en la misma cinta. Incluso un elemento narrativo del que se ha abusado tanto como el deus ex machina, aquí es utilizado hasta la extenuación.

Star Wars Revista Mutaciones

Los filmes de la nueva trilogía parecen intencionadamente encadenados al pretérito. La impresión suscita a no querer despegar, a negarse a alterar el curso de la nostalgia y la melancólica posición de privilegio que transmiten los de la primera saga. Es entendible si precisamente se quiere mostrar imágenes análogas a los iconos de una generación (el plano final con las lunas de Tatooine, funciona), pero la sobreabundancia de estas exacerbadas veneraciones sobrecargan y pueden crear hastío. Y estos homenajes no se quedan solamente en el apartado visual, sino que también se toma la decisión de aplicar el plagio selectivo también en lo narrativo. En Star wars: El despertar de la fuerza (Star wars: The Force Awakens, JJ. Abrams, 2015) este recurso tomaba ventaja con respecto a otras cintas, por ser el primer estreno y, puede que el más deudor de éstos festines representativos hasta cierto punto en este filme justificables y solicitado por demanda popular.

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Durante casi todo el metraje de El ascenso de Skywalker se respira una sensación permanente de prisa con cada escena y JJ. Abrams proyecta esta percepción desde los primeros compases donde un acelerado prólogo coloca al espectador ya en pie de guerra a manos de la ira de Kylo Ren. El nivel técnico de las escenas de acción es brillante, los efectos inmejorables, pero la necesidad de unas pausas (de las ya establecidas) que permitan la contextualización narrativa un poco más eficiente se antojan, por momentos, urgentes. Ryan Johnson supo canalizar este necesitado calibrado narrativo y lo demuestra en su muy estimable Star Wars: Los últimos Jedi (Star Wars: The Last Jedi, 2017) con breves pero inteligentes paréntesis, o el mismo Abrams en El despertar de la fuerza aun siendo la tópica calma que precede a la tempestad.  Con guion de Chris Terrio y del propio director, parece que se omite o incluso desprecia (otra vez el prólogo) la cinta de Johnson y su conexión argumental resultando finalmente El ascenso de Skywalker casi como secuela directa del primer título más que del segundo. Aunque la segunda parte vuela libre en cuanto a licencias narrativas, sí que parecen más unidos el primer y tercer título.

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Quizá el objetivo de empatizar con el público coetáneo al carácter temporal de los estrenos y las diferentes condiciones que rodean a cada trilogía. Por eso es posible que los gustos de unos se asemejen más a la trilogía original y repudien esta última, o se encuentren en un periodo neutro de la trilogía central (las precuelas) y sientan animadversión y admiración a partes iguales por las últimas entregas, buscando qué se asemeja a los títulos ochenteros, pertenecientes ya a la inmortal cultura popular cinéfila, o qué se emparenta a los recientes filmes bajo el apadrinamiento de JJ. Abrams. La satisfacción del gusto de la platea es muy complejo, más todavía si abarca generaciones enteras.


Star Wars: Los últimos Jedi (Star Wars: The Last Jedi, EEUU, 2017)

Dirección: JJ. Abrams / Guion: JJ. Abrams y Chris Terrio. Basado en personajes creados por George Lucas. Historia de Colin Trevorrow / Producción: Kathleen Kennedy, JJ. Abrams, Michelle Rejwan / Diseño de producción: Rick Heinrichs/ Música: John Williams / Montaje: Maryann Brandon, Stefan Grube / Fotografía: Dan Mindel /: Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Kelly Marie Tran, Joonas Suotamo, Domhnall Gleeson, Ian McDiarmid, Carrie Fisher, Anthony Daniels, Keri Russell, Billie Lourd, Lupita Nyong’o, Billy Dee Williams, Naomi Ackie, Richard E. Grant, Dominic Monaghan, Freddie Prinze Jr., Greg Grunberg, Jimmy Vee, Denis Lawson, Richard Bremmer, Amir El-Masry, Dave Chapman, Harrison Ford, Mark Hamill, Nasser Memarzia, Simon Paisley Day, Brian Herring, Philicia Saunders, Lin-Manuel Miranda, Jodie Comer, Billy Howle, Warwick Davis, Cailey Fleming, Ann Firbank, John Williams

Un comentario en «STAR WARS: EL ASCENSO DE SKYWALKER»

  • el 15/03/2020 a las 10:38
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    Es una pena la forma de como acabaron con la historia original y a los personajes principales solo por qué ya están viejos, además de ese afán de empoderar al personaje femenino y revestirlo con un poder desproporcionado sin el sustento adecuado que justifique la historia
    hace que los demás personajes pierdan su valor los vuelve inútiles incluyendo a los antagonistas que inspiraron respeto y hasta miedo hoy solo es hilarante la forma tan ridícula y sencilla en que son abatidos por la heroína sin sustentar la trama y le quita la magia se vuelve una historia distorsionada, falsa con muchas componendas ilógicas,
    ocurrencias que se vuelven tontas por el afán de super poner historias de remiendo , una película que solo por la ambientación original no se termina por pensar que es otra historia que nada tiene que ver con la originalidad escrita por George Lucas y pero al final eso decepcionó a los fans que fueron con gran expectativa a ver la primer película y a pesar de resultar una saga que apenas entretiene solamente se respira la tristeza de añorar una excelente película como las verdaderas de Lucas, por lo menos el asomo de ellas tratando de volver en la de Rogue One y en la serie del Mangaloriano
    Por esta razón la recaudación fue en picada según se fue dando el turno en la primera la gente estaba ansiosa y fiel a ver una historia original de Stars Wars cosa que fue un fracaso conforme siguieron las demás películas de la saga una forma muy decepcionante de ver cómo destruir toda una serie de culto,
    una sensación de desencanto de la misma forma en que se criticó en otro tema parecido el resultado de imponer un personaje de parche sobre una historia original como sucedió en Resident Evil cuando desaparecieron a los verdaderos protagonistas inventando la historia de Alice que es inverosímil por darle tanto poder a ese personaje, y de manera que lejos de identificarse con el solo causa rechazo e incredulidad por inculcar ideas hiper sensacionalistas de poder y seguridad en las mujeres solo por que representan el 80 por ciento del mercado de consumo y de desición de compra en este momento parece una película que es todo menos Resident Evil, de la misma forma una segunda saga que nunca fue Stars Wars. Y parece que nunca lo será mientras Disney no deje a su verdadero creador George Lucas dirigir y producir libremente cosa que es tal vez imposible, adiós a Stars Wars hoy en día solo es una trilogía de malas películas.

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