SPRING BLOSSOM (SEIZE PRINTEMPS)

La búsqueda de la pausa introspectiva en Spring Blossom

Spring Blossom (Suzanne Lindon, 2020)

Esta edición del D’A Film Festival de Barcelona ha ofrecido una programación de poco pavoneo o aspaviento pero de mucho criterio en sus ideas y decisiones cinematográficas. Un repertorio de películas pequeñas, sencillas o contenidas, pero llenas de interés, estilo, elegancia y sabiduría en sus entramados formales y textuales. Un nuevo punto de encuentro con las últimas obras de algunos nombres consagrados y, como no puede ser de otra manera en un festival tan múltiple, el descubrimiento de nuevas voces cinematográficas. En el presente artículo, servidor pretende desgranar los elementos más interesantes de lo que sin duda ha sido una refrescante revelación. Un filme apasionante no tanto por lo que es, sino por lo que promete y por lo que permite intuir. Especialmente si tenemos en mente la insultante juventud de su realizadora. Suzane Lindon escribe, dirige y protagoniza Spring Blossom (Seize printemps),  y en ella se exhibe en tres frentes: la captación de la pausa, el encuadre del cuerpo y marcar la naturaleza del relato a través del posicionamiento de la mirada.

Spring Blossom es un filme pequeño, quizás incluso demasiado. Los ingredientes de este guiso son tan escasos que muchos espectadores lo podrían incluso considerar insustancial. Pero la clave, como siempre, está en los detalles. Es una cuestión de dejes, de maneras. De no decir las cosas nada altas, pero sumamente claras. De limitarse a un solo personaje, y de lograr perfilar su mundo interior tan sólo viendo sus movimientos, gestos, sensaciones y silencios. Es un filme sereno y pausado, de pausa y, sin pisar nunca el acelerador de sentimientos. Del amor pasional de una joven sin hacer aspavientos para retratar su dilema. Elegancia, sensualidad y el tentador abismo de lo prohibido (o, para ser más precisos, de lo no aceptado).

Seize Printemps (Suzanne Lindon, 2020)

Si consideramos que esta protagonista es la misma directora, dirigirse a sí misma en su primer largometraje y desde la inexperiencia esperable de sus 20 años y lograr unos resultados tan finos es merecedor del respeto de la cinefilia.

El mejor cine aprovecha al máximo el potencial del cuerpo humano como herramienta expresiva. Y en este caso la propia directora cuenta con su propio cuerpo para transmitir de manera indeleble la frescura, energía, alegría y fuerza de su personaje. El filme encuadra sin alardes ni exhibicionismo técnico, pero sienta cátedra en lo que a encuadrar a la joven en el núcleo del relato se refiere. Una cámara fluida que sigue a los personajes y se acerca a Lindon respetando siempre su espacio propio. La planificación del filme transmite de manera permanente la sensación de que estamos llevando a cabo una mirada esquiva, cuasi oculta, sobre el personaje de Lindon que es capaz de leer esas dudas internas que procura no dejar ver a sus amigas y conocidos. Spring Blossom la muestra sola aún incluso cuando está acompañada, y en esas instancias estáticas de soledad nos representan con fuerza arrebatadora el desasosiego de su mirada y sus suspiros. Es una muchacha en un momento crucial de cambio de paradigma, ni demasiado joven ni demasiado mayor. Con cabeza y personalidad de mujer pero contexto de niña. Una individua obligada a aburrirse de aquellos con los que debe estar y a no poder unirse con aquellos con los que desea estar.

Spring Blossom (Suzanne Lindon, 2020)

Una película en la que el amor apasionado va por dentro, y se transmite a su vez a través de la articulación delicada de la música para dar cuerpo a ese mundo privado que la protagonista y su maduro amante desean habitar y compartir. Es en los momentos de escucha de música clásica cuando la pareja conecta de manera más íntima. Coreografía de almas retratada en la literalidad a través de unos sencillos pases de baile sentados que son un puro deleite de observar. Cascos puestos y ojos cerrados como paso necesario para abandonar el mundo terrenal y encontrarse en un lugar secreto que existe gracias a la música. Siempre se podrá argumentar que es un recurso fácil la utilización de la música clásica para elevar al infinito el lirismo de unas imágenes llanas por sí solas, pero pocas maneras mejores se me ocurren para transmitir sensibilidad y recogimiento extremo que a través de los acordes de Vivaldi.

Acordes, movimiento natural, miradas y melancolía como pilares de Spring Blossom (Seize printemps), una película tan sencilla como deliciosa, una carta de presentación de un talento precoz a seguir en el futuro y una prueba más de que en el cine, muchas veces, menos es más.


Spring Blossom (Seize printemps, Francia, 2020)

Dirección: Suzanne Lindon / Guion: Suzanne Lindon / Producción: Caroline Bonmarchand (para Avenue B Productions) / Fotografía: Jérémie Attard / Montaje: Pascale Chavance / Diseño de producción: Caroline Long Nguyên / Reparto: Suzanne Lindon, Arnaud Valois, Florence Viala, Frédéric Pierrot, Rebecca Marder, Dominique Besnehard, Philippe Uchan, Françoise Widhoff, Arthur Giusi, Raymond Aquaviva

Un comentario en «SPRING BLOSSOM (SEIZE PRINTEMPS)»

  • el 21/05/2021 a las 17:31
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    Néstor es generoso con las óperas primas y Suzanne Lindon puede convertirse a sus 20 añitos en su ojito derecho. Ella se lo guisa y ella se lo come.

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