SITGES 2018: LO MÁS RARO

El cine de género es un terreno abonado para la anormalidad, para lo extraño. Aunque muchas propuestas se dediquen simplemente a recoger el patrón marcado por otros, cada año llegan a las pantallas algunas películas que son capaces de romper el molde, ofreciendo una experiencia insólita. No se trata siempre de películas redondas, y en muchos casos puede que ni siquiera vayan a crear escuela, pero desde esta entrada queremos recoger aquellos títulos del Festival de Sitges 2018 que han conseguido algo ni mucho menos fácil: ser diferentes.


TEN YEARS THAILAND, de Aditya Assarat, Wisit Sasanatieng, Chulayarnnon Siriphol y Apichatpong Weerasethakul

“Si quieres una visión del futuro, imagina una bota estampándose en un rostro humano – por siempre”. Dicha cita de George Orwell podría haber prologado la película coral 10 years Thailand. En su lugar, se opta por la también orwelliana “Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado”. Mientras que la primera frase podría haber sido dirigida unidireccionalmente hacia un futuro cercano como el que define el título de la película, la segunda amplía su alcance a cualquier punto temporal. Y es por tanto bastante más acertada porque la película tailandesa marca las pautas con las que una dictadura se establece en una sociedad y como el pasado de esta influye en su establecimiento en el presente y ante el temor de los acontecimientos futuros.

Compuesta por cuatro cortometrajes dirigidos por Apichatpong Weerasethakul, Aditya Assarat, Wisit Sasanatieng y Chulayarnnon Siriphol, la cinta imagina una Tailandia futura en la que la dictadura militar iniciada en 2014 se asienta. El primer corto habla, en blanco y negro, de la censura, desde su sutil control del arte y la cultura hasta su efecto reaccionario simbolizado en los militares que acompañan al censor. El segundo plantea una Tailandia apocalíptica y fantástica en la que unos hombres-gato (la sociedad tailandesa ya domesticada) han acabado prácticamente con todos los humanos. El tercero, el más orwelliano de todos, recrea la instrucción militar que una sátrapa (de aspecto kitsch) impone a toda la sociedad y a la que maneja con control remoto. La estética pop invade toda la puesta en escena dando lugar a coreografías oníricas en las que su simetría simboliza el carácter marcial al que esas personas están siendo sometidas. El último corto muestra finalmente, mediante largos planos fijos, a esa sociedad que ya se mantiene impasible ante su dominación. Casi un docudrama alrededor de una estatua de Sarit Thanarat. El totalitarismo ha triunfado.

En ningún momento de la película se menciona qué director ha dirigido cada corto pero el conocimiento que se tiene de cada uno, en especial de Apichatpong Weerasethakul, hace fácil su reconocimiento. La película copia el experimento que ya se hiciese con 10 years Japan y 10 years Taiwan para hablarnos de futuro y pasado, y de presente, sobre todo de presente.

Carlos Rodríguez Martínez de Carneros

DIAMANTINO, de Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt

Recuerdo que llevaba tres proyecciones seguidas a mis espaldas aquella mañana y estuve a punto de renunciar a la proyección de Diamantino. Menos mal que no lo hice. Daniel Schmidt y Gabriel Abrantes retratan la vida de Diamantino, un exitoso futbolista brasileño cuyo secreto en el campo es imaginarse a sí mismo corriendo rodeado de adorables cachorros del tamaño de un mamut que danzan a su alrededor en su proceso por desmarcarse de todos sus contrincantes y meter gol.

El problema llega cuando Diamantino deja de ver a estos perros y falla un tiro decisivo para su selección. En este momento experimentará una caída en picado que tratará de frenar por medio de buenas acciones tras tener una revelación en su yate al ver a un grupo de refugiados en una patera. La película es una parodia constante en la que hay espacio para otros géneros como la ciencia ficción o la comedia romántica, aunque a su vez todo el metraje se siente como un falso biopic. Y es que los hechos narrados por muy absurdos o patéticos que puedan parecer resultarán de algún modo familiares al espectador.

Igor Fernández

AN EVENING WITH BEVERLY LUFF LINN, de Jim Hosking

Si el año pasado Jim Hosking asqueó (por escatológica) Sitges con The Greasy Strangler (2017), este año su retorno no ha decepcionado en absoluto. En An evening with Beverly Luff Linn, se pierden un montón de chistes de caca, pis y penes flácidos, pero continúa el humor subnormal. Sobreactuaciones a gritos, poshumor chanante, reparto de renombre (Aubrey Plaza, Jemaine Clement, Craig Robinson y Emile Hirsch) y un guion absurdo totalmente hilarante.

Intentar resumir la historia es un trabajo difícil, pero más o menos el resultado sería este: el dueño de una cafetería despide a su mujer y le roba dinero a su hermano hindú y vegetariano. Éste contrata a un sicario para recuperar su dinero, pero en vez de eso la mujer y el sicario se escapan a un hotel cercano con el dinero para disfrutar del mágico y enigmático espectáculo de Beverly Luff Linn, que tiene un pasado con la mujer. En todo caso, la trama es lo de menos. Cualquier excusa es buena para que los actores se muestren cada vez más idiotas, más patéticos. Porque, recordemos, Hosking es un auténtico Bullshit Artist.

Fran Chico

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